Los comienzos nuevos de Unionistas y el álbum de cromos del verano

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Unionistas Linares

Los mejores veranos de mi vida son los que pasaba en el pueblo, con mis padres y mi abuelo, coleccionando cromos y comprando el Don Balón cada semana. Era un tiempo en el que cualquier distracción estaba consentida. Los días pasaban rápido. Crecía y maduraba, en dos meses, lo de todo el año al estar inmerso en una continua toma de decisiones que me han acabado convirtiendo en el adulto que soy.

Elegir qué colección hacer: la ediciones Este o la de Panini, es una de las elecciones que más han forjado mi carácter, reconozco que siempre hice la de los primeros, y el de toda mi generación. Si te decantabas por la de ediciones Este demostrabas que eres de los que no les gusta esperar, de los que viven al día, que se divierten en el caos y para quienes la picardía es un recurso básico para salir adelante cada día.

Por otro lado, estaban los que coleccionaban Panini, hoy seguro que ocupan puestos de mando en las empresas, con los cromos finos, en los que cada uno tiene un lugar inamovible, todo bien ordenado, limpio y previsible. Chavales que no se manchaban las manos, con el pelo en su sitio, acompañados de un adulto que se comportaba como la troika con Grecia a la hora de supervisar cada intercambio, y que trataban el álbum con el cuidado de quien manipula el libro de actas de la comunidad de vecinos.

Cada verano, aprendía y perfeccionaba diversas habilidades muy útiles. Fijar el precio a cada jugador repetido en función de las leyes de la oferta y la demanda, sopesar pros y contras al elegir qué futbolista pegar en las casillas en las que aparecían dos jugadores: si Tabuenka o Galdames, Lumbreras o Akiza, mientras ideaba una solución para colocar ambos. Sabes que la diferencia está en los detalles a la hora de colocar cada cromo en su recuadro con la precisión de quien construyen barcos dentro de botellas. Llevar inventario actualizado de cada uno de los cromos que faltaban, mis primeros pasos con eso que ahora las escuelas de negocio llaman trazabilidad. Estar pendiente de cualquier novedad en el mercado de fichajes y lanzar teorías acerca de si Pirri, traspasado al Atlético de Madrid aparecería como coloca o en el área de fichajes…

Hoy de vuelta a Las Pistas me ha vuelto la nostalgia de aquellos días, cuando montado en mi bicicleta, me acercaba a los entrenamientos desde mi pueblo para que los jugadores de la Unión Deportiva Salamanca me firmaran los cromos. Recuerdo que el regreso como algo especial, pedaleando con una sonrisa de oreja a oreja, pues sentía que mi mochila más valiosa que la de Dora la exploradora, albergaba un tesoro que debía custodiar y que, al abrir de nuevo el álbum, con la tinta de los autógrafos aún reciente, hacerlo con la pausa, el cuidado y el mimo de quien tiene ante sí un incunable.

Esta mañana de domingo, en Las Pistas, no he visto a ningún niño con su álbum bajo el brazo. Ya no les veo comprando sobres en los kioscos y sí en el supermercado. No les veo comprando sobres individuales y sí hacerlo al por mayor con las cajas que contienen cincuenta sobres. Ya no hay peregrinaciones por los kioscos del barrio como las que hacíamos en Garrido empezando por el Jaramillo, siguiendo donde Rafita para acabar en El Goloso de María movidos por las especulaciones de quién había recibido la remesa más actualizada. Parece que hoy se colecciona para completar la colección en un solo día, sin esperas que cultiven la virtud de la paciencia.

Creo que la afición de Unionistas es de los que hicieron las colecciones de cromos de ediciones Este, como las hice yo, porque cada año saben que tienen que esperar, armarse de paciencia y tomar conciencia de que los objetivos tardan en conseguirse. Saben que cada nueva temporada trae consigo, como cada colección, comenzar de cero. Por eso no cae en el desánimo ni se deja arrastrar por el pesimismo. La afición de este equipo sabe que un equipo no es una mera colección de cromos sino que es una red de relaciones que se tejen para, todos unidos en las buenas y en las malas, completar un propósito.

Volvió septiembre, el colegio, los coleccionables, el fútbol, la jornada de trabajo partida, El Hormiguero, los Ferrero Rocher… Entre tanta vuelta no quería ser menos. Aquí me tenéis,  consumido el verano, tan predecible y repetitivo como lo fue el cromo de Nacho del Compostela.

Una temporada más, aquí seguimos, con los nuevos comienzos.

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