Y como estos días son para descansar y desconectar que mejor manera de hacerlo que liándome a hacer un entrenamiento competitivo de triatlón el domingo prontito por la mañana. En mi descargo he de decir que en el cuadrante de actividades del club yo había propuesto una rutita de bici de carretera para ese día, pero nadie se animó y como el mismo día estaba programado un entreno de triatlón y si no puedes con ellos, únete, eso hice, unirme al entreno aun a sabiendas de que no lo tenía previsto ni entrenado, la bici de carretera hace meses que solo la cojo para hacer rodillo y nadar en el mar lo hago más bien poco. Pero bueno, al fin y al cabo practico los tres deportes todas las semanas y no me iba a suponer más que un buen `achuchón´ y tener cuidado con las piernas en la primera parte de carrera porque las transiciones y sobre todo de bici a carrera sí que hay que entrenarlas para habituar al cuerpo a los cambios.
Así que, después de sopesar todo, me apunté al entrenamiento y el domingo temprano a la playa de Camposoto en San Fernando, que era el sitio donde iba a tener lugar. La primera sorpresa fue que el entreno se hacía con una zona de transición bien montada, con su barra para las bicicletas, sus cestas para las cosas y con conos delimitando la zona de transición. Vamos, que era un entrenamiento, pero como bien decía la coletilla `competitivo´ y allí no se iba a reservar nadie nada.
Colocar todo, revisar si no me faltaba nada porque me apañé con lo que tenía en Cádiz y unas breves explicaciones del recorrido que íbamos a hacer para calentar un kilómetro, o eso es lo que nos dijeron y de ahí luego vino un pequeño lío al final en la parte de carrera, y a ponernos el neopreno para comenzar. Por cierto, ya ahí pensé que si para calentar llevaban el mismo ritmo que yo cuando salgo a correr, que iba a ser después.
Andando por la playa 500 metros para después alejarnos 100 de la orilla nadando, regresar y salir a la orilla en frente de donde estaban colocadas las bicicletas, unos 700 metros. El agua mucho mejor que cuando baje en carnavales, aclimatado rápidamente y con el neopreno se podía nadar sin notar fría el agua para nada. Yo les dije que como nado menos en el mar, no llevábamos boya (quedaba feo en un entrenamiento competitivo) ni las había en la playa, no me iba a alejar demasiado y así hice, o eso pensaba yo. Porque fue ponernos a nadar y empañarse las gafas todo uno, no veía por donde iba y cada dos por tres levantando la cabeza a ver si localizaba la orilla o los compañeros. No me digáis como fui nadando, pero tengo la impresión que haciendo zigzag ya que tan pronto estaba cerca de ellos como al lado de la orilla. En un momento que me paré para mojar las gafas por dentro y ver por donde iba, me dio tiempo para pensar que hay que ser tonto para no haber echado antivaho a las gafas teniéndolo en la caja de las mismas. ¡Qué desastre! De todas formas a partir de ese momento ya más tranquilo y sabiendo que me había quedado el último, o eso pensaba, me dirigí a la orilla para salir y coger la bici.
Ni corrí por la arena, para qué, total ya me iba a pegar la paliza en un momento con la bici, y al llegar todavía quedaba un compañero haciendo la transición. Los que estaban al cuidado de la zona de transición me metían prisa para el cambio y en ese último momento decidí probar a no ponerme los calcetines y ver qué tal se hacía la bici sin ellos. Durante toda la parte de bici tuve al que iba por delante a la vista, unas veces más y otras menos, pero reconozco que no me quise pegar el achuchón porque lo que temía era la carrera y no quería llegar desfondado a esa parte del triatlón. Además, había zonas del circuito, al que dimos dos vueltas y media, en las que soplaba el viento con ganas y no era poco seguir manteniendo un ritmo más o menos constante. En la primera vuelta me percaté de que por detrás quedaba un participante más en el `entreno´ y os puedo asegurar que no me había dado cuenta de que estaba su bici en la zona de transición cuando salí.
Dejar la bici y a correr fue todo uno, las transiciones más rápidas que he hecho porque decidí que iba a seguir sin los calcetines aprovechando que solo íbamos a correr 4 kilómetros, puesto que el primero de calentamiento lo dábamos por compensado y así además probaba a correr sin ellos, cosa que no había hecho nunca. Y yo hice cuentas, si hemos hecho uno de calentamiento, aunque a mí se me había hecho muy largo, es que tenemos que dar cuatro vueltas al circuito de carrera. Comencé con la sensación de los gemelos a punto de saltar y la pesadez en los cuádriceps típica de un triatlón, pero reconozco que mucho mejor de lo que esperaba. Eso sí, a mi algo no me cuadraba y es que a pesar de no ir mal, las vueltas se me estaban haciendo muy muy largas y sin embargo por el reloj estaba llevando un buen ritmo. Cuando vi que al que iba delante le paraban al terminar la segunda vuelta salí del error, el calentamiento en realidad había sido de dos kilómetros y nos confundieron a más de uno.
A recuperar, mejor de lo que pensaba también, comentar que tal nos había ido, entrega de premio al ganador (menudo nivel tenía) y a desmontar todo para volver a casa y seguir `descansando´ estos días.