Hace poco más de un año, inmersos en una pandemia con consecuencias terribles que muchos no parecen querer ver, tanto en los social como en lo humano y económico, la RFEF de Luis Rubiales se sacaba de la chistera una subdivisión de la Segunda B y la Tercera que se implantaba la temporada pasada para gloria de los que podían sacar pecho ante sus vecinos presumiendo de ‘Pro’ y para desgracia de los que debido a malas planificaciones o a esa falta de suerte se caían a un abismo del que tendrán que esperar para salir. Esperar significa, además, hacer nuevas inversiones en una etapa donde los ingresos volverán a caer notablemente. Por eso sería buen momento también para echar un vistazo de las cuentas de los clubes. De donde sale el dinero, como sale y a donde va a parar en vez de tantas moratorias para entrar que no reflejan más que el miedo de la RFEF a reconocer su propio fracaso.
Aquella Pro iba a ser un escalón entre el fútbol profesional (Primera y Segunda División) y el amateur (la Segunda B con los ochenta equipos de antaño).
Nunca estuve de acuerdo con esas denominaciones pues he conocido en Segunda B equipos más profesionales que muchos de segundo y presupuestos tan altos o peor. El Córdoba del año pasado no andaba precisamente descalzo, y así muchos equipos en las últimas temporadas.
Cuando hay jugadores que cobran 3.000, 4000, 4.500, 5.000, 6.000 (sigan subiendo) llamar no profesional a una categoría como la Segunda B era bastante petulante. Sin embargo.
Que conste que escribo esto antes de que se produzca la reunión hoy de la RFEF con los clubes de Primera RFEF para informarles de que… Todo lo prometido fue para meter y después de haber metido nada de lo prometido, o algo así.
Es decir, que aquella ‘Superliga’ de Segunda B no es posible en los términos en los que se transmitió que se iba a hacer y que, además de que será la propia RFEF la que tendrá que apechugar con un montante económico que no tenía previsto, las ofertas televisivas no llegan para nada al castillo de naipes que se había construido Rubiales y que habían alentado desde muchos clubes que ya se veían con retransmisiones similares a las grandes Ligas o a la Fórmula Uno. Que si seis o siete cámaras, que si locutores de primer nivel, que si repeticiones, que si tal y cual.
Al final, Footers es la única plataforma que ha apechugado con unas competiciones que, siendo sincero, sólo importan en nuestras casas. Que arrastran a un número determinado de aficionados, también, pero que no llegan al nivel que a veces nos pensamos. Nos importan, pero porque juega nuestro equipo, porque tenemos rivalidad con el equipo al lado, porque nos ilusionamos con los nuevos fichajes y eso hace que vivamos un pequeño mundo propio, el de nuestro grupo de competición, que es bastante ajeno al de la mayoría de los aficionados al fútbol. Y esto es un hecho demostrable. Lo dicen las audiencias, las afluencias al campo, el estado de los terrenos de juego y la falta de profesionalización estructural en muchos equipos. Todo eso sin contar las triquiñuelas que desde las personas que controlan esos clubes se producen, unas que todos conocemos y otras que no, pero que seguro existen porque, al final, quién controla el presupuesto de estos clubes, quién controla la entrada y la salida de capital, quién controla a qué se dedica ese capital. Son cuestiones que no nos corresponde contestar, aunque tal vez un día, con más tiempo, podamos abrir algún melón de esos que parece que no pero en el fondo empieza a estar maduro.
Claro que Footers no tiene la capacidad de las plataformas que tienen los derechos de las grandes competiciones (y no publicito porque no me da la gana), pero es que, por mucho que algunos se hagan dibujos mentales, esto es la Segunda B, la de toda la vida, con ocho o diez equipos potentes económicamente (aunque algunos son potentes a base de endeudarse), con otros equipos que se dejan los cuernos para elaborar plantillas muy competitivas y ajustar los presupuesto, y con muchos equipos con mucha debilidad para los que estar ahí es un premio y que bastante tienen muchas veces con cuadrar sus cuentas para poder seguir vivos.
Si a mí hace diez años me dicen que hay una plataforma como Footers que se va a partir las narices por televisar Segunda B… y Tercera, me froto una y otra vez los ojos y, aun así, no soy capaz de creérmelo. Que tienen muchos fallos, seguro que sí, como yo en mi trabajo o como usted. Pero que es una solución para los amantes del fútbol, seguro que también. Entiendo que haya gente que se queje porque quiere algo mejor, pero no entenderé nunca las críticas descarnadas hacia quien me consta que hace un esfuerzo enorme por dar valor valor a un producto que todavía no ha demostrado que lo tiene.
Por todo ello, pienso que hoy la RFEF (salvo sorpresa mayúscula de última hora) tratará de mitigar el fracaso de su ya Primera RFEF. Sí, esa que empezó llamándose Pro, pero que ya nadie se acuerda de aquella denominación. La Primera RFEF y punto. Y lo hará teniendo que apechugar con dinero aquello en lo que sabe que no ha sido capaz de gestionar como debiera por haber querido empezar a correr sin andar y, lo que es peor, sin calibrar las consecuencias que esto ha tenido para muchos clubes, para muchos que ‘ascendieron’ a Primera RFEF, para otros que tendrán que lidiar con la dureza de la Segunda RFEF y para los últimos que se aferran a salir del pozo de la Tercera RFEF.
