Volvemos a una rutina indeseada. Aunque, en ocasiones, anhelamos la seguridad que nos da tener controlado nuestro día a día, lo cierto es que la mayoría de los ciudadanos estamos esperando que pase el año para disfrutar de unos días de relax. Pero, a la vez, nuestra monotonía se convierte en esa burbuja de protección que nos llena de paz y tranquilidad.
Cada persona asimila las cosas de una manera diferente y camina por senderos desconocidos. Sin embargo, la mayoría trazamos un plano similar al de nuestro vecino, por poner un ejemplo. Y no es por envidia ni por falta de metas, sino por algo tan simple y común como buscar la felicidad. Algunas veces, no todo el mundo la encuentra, porque no piensa igual que el resto. Aun así, la busca de la misma manera que los demás.
Quizá no odiamos realmente la rutina, sino que ansiamos vivir más a menudo lo que dejamos atrás cuando volvemos a ella. Las vacaciones nos relajan, miramos a nuestro alrededor y recordamos, que la vuelta nos obliga a enfrentarnos a nuestras obligaciones y en cierto modo eso nos agobia. A veces erramos en algo y es en centrarnos exclusivamente en hacer turismo y desconectar. Pero si usáramos unos minutos del día para observar que es lo que nos da felicidad esos días, probablemente seríamos más felices durante todo este intervalo.
Nuestro descanso termina, sé que es difícil volver a correr detrás del reloj, pero olvidamos que la vida no se detiene cuando nosotros tenemos prisa. Omitiendo vivir momentos inolvidables los 365 días del año. Opino que deberíamos aprender a llevar mejor la vuelta de vacaciones y recordar una conversación, una sonrisa, un paisaje, un abrazo o simplemente la libertad que sentimos cuando no mirábamos las horas.
«Porque la costumbre puede darnos seguridad como he escrito anteriormente, pero también puede hacernos olvidar que vivir no es solamente cumplir con lo que debemos hacer. La felicidad no está en escapar de nuestra rutina, sino en encontrar, dentro de ella, razones sencillas para querer vivir esta etapa de la vida»