El día que Salamanca se ‘interpuso’ en la carrera olímpica de Michael Johnson

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Michael Johnson

Muchos no le habrán conocido siquiera. Por eso esperamos que este artículo sirva para despertar la curiosidad de los más jóvenes y para refrescar la memoria de los que ya somos ‘talluditos’ y vivimos los Juegos Olímpicos de Barcelona 92 como lo que fueron, una revolución a todos los niveles en España.

En esa temporada llegaba una de las grandes figuras del atletismo, todavía casi en ebullición, pero los Juegos de Barcelona estaban llamados a ser su trampolín definitivo. Sin embargo, el oro que se acabó colgando en los 4×400 no sirvieron para dar la mínima ilusión a un atleta llamado a ser la gran figura e, incluso, poner en jaque el longevo récord del mundo de 200 que poseía desde hace más de una década el gran Pietro Menea y que acabaría batiendo más tarde con un registro de 19,32.

Por hacer un breve resumen de su carrera, Johnson, apodado como el ‘Expreso de Wako’ tanto por su potencia como por su forma de correr (rodillas muy altas, espalda muy recta), en sólo la década de los 90 se colgó cuatro oros olímpicos (4×400 en Barcelona, 200 y 400 en Atlanta y 400 en Sydney) y siete oros Mundiales (200 en Tokio 91, oro en 200, 400 y 4×400 en Gotemburgo), 400 en Ateneas 97, 400 en Sevilla 99 y 4×400 en Stuttgart 1993). Si a ello le sumamos varios récords del Mundo, nos encontramos, de largo, ante uno de los mejores atletas de la historia, verdadera figura en Atlanta 96.

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Por su parte, Salamanca, ciudad atlética por antonomasia en España había tenido una competición puntera. El Gran Premio Diputación. En 1988 Javier Sotomayor batía el récord del Mundo en altura (2,43) poniendo a Salamanca en el mapa mundial. Curiosamente, tras ese hito, la competición sufría un parón y tras tres años desiertos se recuperaba en 1992. Era el año de la FUG y las autoridades deportivas quisieron que no fuera un Gran Premio más. De hecho lo dotaron de un presupuesto inalcanzable. Se habla, incluso, de 100 millones de pesetas de los de la época.

Pero la gran estrella, el norteamericano Michael Johnson sufría en Salamanca una intoxicación alimentaria. Así lo denunciaba él mismo. De hecho, en algunos lugares se llegó a especular con que hubiera sido algo voluntario. Fuera lo que fuese, el atleta caía en las semifinales de los 200 y se quedaba sin una medalla de oro para la que era el máximo candidato.

Todavía tendría fuerzas de sumarse –casi obligado- al relevo 4×400 y colgarse la medalla de oro, aunque él siempre reconoció que no sirvió para calmar su desazón por no haberse llevado la medalla que había ido a buscar y que era la que quería colgarse.

Sea como fuere, la historia ahí quedó, aunque la carrera de Johnson tendría todavía un largo recorrido que le permitiría atesorar un palmarés espectacular y ser considerado uno de los mejores atletas de la historia y, probablemente, el mejor cuatrocentista.

Autor

Periodista y comunicador. Licenciado por la Universidad Pontificia de Salamanca.