A punto de adentrarnos en el mes de agosto, o lo que es lo mismo, el mes en el que arrancan las competiciones, quedan muchos flecos por cortar de lo que la Real Federación Española de Fútbol vendió como la panacea universal para una categoría, la Segunda B, que a su juicio se había instalado en la repetición y en la desigualdad, además de obligar a los clubes a dar un paso enorme para alcanzar lo que ellos consideran el fútbol profesional.
Lo de fútbol profesional es un extenso debate desde hace años. Es increíble que equipos con los presupuestos que han manejado en Segunda B, y a los que la propia competición les obligaba a unos mínimos de fichas profesionales con salarios determinados, no se considerara profesional. Bueno, ni se consideraba ni se considera. Lo cierto es que la Segunda B, en los últimos años ha contado con auténticos trasatlánticos que hacían inversiones muy superiores de equipo de Segunda División. Aun así, la RFEF se empeñaba en no considerarlos profesionales. Ahora me vienen a la cabeza el Córdoba del año pasado o el Deportivo de la Coruña, y lo dice un servidor, que acudió a Riazor en el primer partido de Liga. Un estadio semifinalista de Champions, con capacidad para decenas de miles de espectadores, un santuario del fútbol español, con una afición casi más de Europa que de Primera. Pues la RFEF en ese afán de controlar su competición y sus equipos (lo cierto es que la LFP hace lo mismo a otro nivel), no considera a esos equipos profesionales. No voy a decir nada del Salamanca UDS, pero pienso exactamente lo mismo. Si no son profesionales equipos donde los jugadores viven de esto (y algunos con sueldos que ni se imaginan), con entrenadores profesionales, con estadio de Primera y con presupuestos brutales, no sé qué será profesional.
Pero es esperpento no acaba ahí. Es continuo. Es un ir y venir de decisiones inconcretas que afectan muy seriamente a la continuidad de muchos clubes. A un mes vista del arranque de la competición, no se sabe nada de los derechos televisivos. Cuando la RFEF atisbó el año pasado el nuevo sistema de competición, dejó entrever que iba a haber un aumento económico para los clubes en concepto de televisión negociándolos conjuntamente. A día de hoy nada de nada. Es más, la cantidad que piden parece, incluso, abusiva. Sin embargo, tiene en vilo a la mayoría de los clubes que, en cambio, ya están manos a la obra confeccionando sus plantillas a veces contando con un dinero que no saben si van a recibir. Si lo reciben, bienvenido será, servirá para sobrevivir. Si no lo hacen se traducirá en endeudamiento. Y eso en la situación que vivimos en 2021 puede tener consecuencias muy graves para muchos clubes.
El pasado martes disfrutábamos ‘en streaming’ del sorteo del calendario de Primera RFEF. Esta competición está llamada a ser la niña bonita del organismo. Un enlace entre el fútbol profesional y el amateur o, lo que es lo mismo, una Liga semi amateur, con muchos condicionantes económicos de Segunda, pero compitiendo en Segunda B. El sorteo de una categoría que llama a las puertas del profesionalismo no pudo ser más cutre y prefiero no entrar más en el análisis. Les invito a que si tienen la oportunidad lo vean pero, de profesional… lo justito. Más bien cutre y salchichero que se dice en mi pueblo.
Eso sí, las exigencias de espectadores, de las condiciones del terreno de juego, del alumbrado y demás pormenores fueron lo primero en trasladar a los clubes, que tienen que recomponer sus puzles para ajustarse a las exigencias de una RFEF que, de momento no está a la altura de lo que ‘vendió’ ni a la altura de lo que merecen los clubes de Primera y Segunda RFEF que se afanan en crear unas estructuras y unas plantillas profesionales sin serlo.