El Salamanca UDS ganó, “que era lo importante”

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Servidor siempre ha defendido que el fútbol, menos aquellas competiciones que son eliminatorias, es una carrera de fondo. Hoy te caes y te metes en arenas movedizas, pero siete días después tienes otro examen. Puede salir un día soleado, el viento sopla de espaldas y viajas a la velocidad de un crucero. Por eso decía el otro día que ni había que ser tremendista ni había que ser desmedidamente optimista. Hay que ir partido a partido y, a lo largo de la temporada habrá unos donde las cosas salen mejor y otros donde salen peor.

Lo único que me parece innegociable es el esfuerzo, el trabajo diario. En definitiva, el respeto a un escudo, a una camiseta y a una afición que, llueva, truene o haga un calor agotador, está ahí, comiéndose las uñas, llevando la procesión por dentro, pero siempre con una pequeña esperanza y, sobre todo, con un apoyo fuera de duda.

Si lo llevamos al terreno del Salamanca UDS, el patio se empezaba a revolver durante la semana, pero es que este club es así. Siempre lo fue, con sus virtudes y sus defectos. No vale cualquiera para vestir su camiseta. Por eso, a veces las cosas se vuelven en contra de tal manera que nadie encuentra explicación. Pero es que no hay otra que no sea esa, la propia idiosincrasia del club y, por qué no decirlo, de su propia afición, cariñosa y fiel a la vez que crítica e, incluso, despiadada en algunas ocasiones. Pero es una cosa normal, porque el aficionado va todos los días y todos los días quiere lo mejor para su equipo. Que gane y, si puede ser jugando bien, mejor que jugando mal, pero que gane que, como decía María Hernández el pasado domingo en rueda de prensa “era lo importante sumar”. Sí. En fútbol lo fundamental es saberse levantar después de una caía y el Salamanca, tras el ‘noqueo’ en casa de la Virgen del Camino, reparó su herida en la ceja, se puso algodón en la nariz, se metió el protector bucal entre los dientes y, aunque se llevó algún ‘directo’ en la mandíbula, supo ganar a los puntos al Bembibre. Tampoco es que el Bembibre sea un equipo para tirar cohetes, pero hay que ganarlo y se le ganó.

Acertaba María Hernández en esa afirmación, pero en un club como el Salamanca lo importante no era sólo sumar ante el Bembibre. Como siempre digo, el Salamanca tiene que sumar/ganar siempre, incluso en los amistosos. Hasta en los partidos de entrenamiento entre compañeros, en los partidillos en espacios reducidos. Ahí también tiene que ganar el Salamanca UDS, porque el club, pero sobre todo el escudo, está por encima de cualquiera. Hago esa pequeña diferencia porque sobre el club se pueden hablar muchas cosas. El club puede estar hoy en manos de un propietario y, mañana, a lo mejor, ser vendido a otro, pero ese escudo es eterno, desde hace décadas. Y ese escudo, como diría el otro, se defiende, no se mancha, porque el escudo no es de nadie, es de toda una ciudad, defienda ahora un proyecto o defienda otro, lo haya comprado un señor o sea propiedad de otro. Ese escudo es, en el imaginario colectivo de todos los salmantinos, una seña de identidad, un rasgo identificativo incapaz de separarlo de otros como las propias Catedrales, la Plaza Mayor, la Casa de las Conchas, o el Puente Romano. El escudo es Salamanca y lo ha sido desde hace años.

Por eso, claro que el domingo lo importante era sumar. Pero también lo era sumar en casa de La Virgen del Camino y, lo importante, y vamos a ello, es sumar el próximo domingo en Tordesillas, ante un rival directo. Sí señores, un rival directo. Y por si alguien no lo sabe es un rival que lleva un cuchillo entre los dientes, que saldrá con once ‘once perros de presa’ desde el pitido inicial, que buscará hacer de Las Salinas un fortín, y que juega su ‘final de Champions’ particular. Y el Salamanca tiene que saber gestionar y jugar. En Plasencia, el equipo de María tuvo una eficacia fuera de toda duda, pero en Santa Marta y en La Virgen del Camino no acabó de tener ese ‘colmillo afilado’ necesario cuando juegas como visitante y cuando lo haces en esta categoría. Y si, a pesar de lo que he explicado, todavía hay alguno que no lo entiende, mal camino lleva porque la temporada es larga y la afición es cariñosa, pero no tonta. Con poco devuelve mucho, pero no la subestimemos. Los once que salten al campo y los que estén en el banquillo tienen que saber dónde están y dónde juegan. Y eso, como el trabajo o el esfuerzo, es innegociable. Y cuando no se pueda combinar, habrá que buscar un fútbol más efectista, pero aquí no hay medias tintas. Hay que salir a por todas…

Hay que ir a lo importante.