La autocrítica y el fútbol

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Es cierto que de fútbol ando más bien justito, pero también lo es que dedico muchas horas a analizar el fenómeno que supone y eso es tanto ver encuentros como seguir todo lo que puedo la información deportiva y las redes sociales. Creo que os he confesado en alguna ocasión, que éstas últimas me sirven sólo como termómetro, aunque a veces suele ser un termómetro viciado con comportamientos que se repiten y conductas (o pensamientos) que se repiten por el simple hecho de apuntarse a la opinión dominante. También sirven para crear corrientes de opinión, por lo que hay mucha gente que se aprovecha de ellas, pero, sobre todo, de la ignorancia de los internautas.

Quiero dejar claro que donde pongo fútbol se podría poner cualquier otro deporte o, incluso, se podría aplicar a distintas situaciones de la vida, no sólo al deporte, pero en este caso el balompié suele ser en el que se dan con mayor medida estos casos a los que me voy a referir, es decir, donde se solicita a menudo la autocrítica de alguno de los personajes que intervienen, en especial a los entrenadores y, en especial, cuando las cosas van mal y los resultados no acompañan a los equipos que dirigen.

Es en ese momento, cuando muchos aficionados, los que en pretemporada o, sin ir más lejos, hace apenas un mes se abrazaban a esa persona, se tiran a la yugular del personaje en cuestión exigiéndole “autocrítica”. Pero, en realidad, ¿qué es autocrítica? O, mejor dicho ¿qué entienden ellos por autocrítica?, porque me da que ellos entienden por esa palabra algo distinto a lo que realmente significa.

Según la propia RAE, la autocrítica es un “juicio crítico sobre obras o comportamientos propios”. En romano paladín sería analizar las obras o comportamiento propios, tratando de darles una explicación. Porque hasta la fecha, la crítica tiene dos vertientes, la constructiva y la negativa. Sin embargo, nadie exige autocrítica cuando las cosas salen bien. Es cierto que los personajes protagonistas ya suelen tener la habilidad de echarse alguna flor en esos casos o dejar entrever que tienen una gran parte del mérito, pero en cambio la exigencia es voraz para que haya esa autocrítica cuando las cosas no son como a los aficionados les gustaría. Es entonces cuando llueven las críticas destructivas y se pide a los protagonistas, principalmente a los entrenadores, que den una explicación en la que sólo aparezcan sus culpas.

Hace ya muchos años, en los primeros años en Segunda B del CD Guijuelo, su preparador físico, Óscar, me daba una lección que me ratificaba días después Paco Seirul-lo. A los que no sepan quién es este último ilustre salmantino, les invito a que pierdan un poco de su tiempo para buscar referencias sobre él. En una crónica tuve la osadía de juzgar el estado físico de la plantilla chacinera, algo muy habitual en los periodistas. También es una reflexión muy habitual la de decir que el equipo “no está físicamente bien”, “se le ve cansado”, “…”. Óscar me demostró (y lo demostró con la posterior marcha del equipo que empezó a ir hacia arriba) que lo que yo había expresado en el diario donde trabajaba que mi afirmación no era más que una impresión mía que no tenía nada que ver con la realidad. Me explicó con datos que el equipo rival dominaba la posesión y eso hacía que los jugadores del Guijuelo corrieran detrás del balón, lo que conllevaba para el espectador una sensación de cansancio que no tenía relación con la forma física. Me dejó claro que sus jugadores estaban en un gran momento físico y, a partir de ese partido, pude comprobarlo.

Seguramente en otras ocasiones sí suceda, obviamente. Óscar no buscaba ninguna excusa, sólo enseñarme la realidad y, a partir de entonces, me cuido muy mucho de entrar en parcelas, como la de la preparación física, que no domino (miento. Como buen español hablo de todo, aunque a veces no tenga ni idea, pero esta cuestión la dejaremos para otro momento).

Después de esta anécdota y volviendo al tema del artículo, recuperamos también las palabras de Antonio Calderón, entrenador del Salamanca UDS, en la entrevista que le hicimos la semana pasada, en la que dejaba claro que el técnico es el mismo cuando su equipo gana que cuando su equipo pierde. Y, si algo he aprendido en mis años de experiencia es que, al final, por mucho que hablemos de factores externos, lo que manda, en esta ocasión en el fútbol, es el césped. Aquello de que no se puede hacer “de un burro un caballo de carreras”. Puedes tener el mejor jinete del mundo, pero siempre será más fácil llegar antes con un caballo de carreras que con un burro. ¿Hay excepciones? Muchas, por supuesto. Si un equipo es sólido y está unido competirá ante un equipo que puede tener muchas figuras, pero también muchas fisuras, pero a la larga, el Real Madrid, el Manchester City, el París Saint Germain, el FC Barcelona o la Juventus, por poner algunos ejemplos, ganarán un alto porcentaje de sus partidos. Incluso ante equipos unidos y sólidos por mucho esfuerzo que éstos derrochen. Y eso ha sido y será así siempre. Obviamente, a más calidad, más recursos técnicos y a más recursos técnicos más posibilidades de ganar. Es como una regla matemática que, aunque no se cumple siempre, sí lo hace la mayoría de las veces.

Los entrenadores salen a rueda de prensa y analizan lo sucedido. Por supuesto que, la mayoría de las veces tratan de cubrirse las espaldas, pero también lo es que suelen ajustarse a lo que todos hemos visto. Aun así, cuando las cosas van mal, no lo aceptamos. Exigimos esa “autocrítica” que en la mayoría de ocasiones no corresponde a lo que debería ser la acción de hacer autocrítica, sino que esperamos encontrar un culpable en ese protagonista, que se “flagele” públicamente, que señale a sus jugadores, que dé una respuesta a lo que en ocasiones no la tiene pues lo que unas veces es trampolín para la victoria, en otras te lleva a la derrota.