Pues sí. Llegaron las navidades y para mí llegaron las ansiadas vacaciones que tenía previstas desde hace tiempo. Un par de semanas, aprovechando tantos festivos entre medias, que me van a parecer algo extraordinario puesto que no disfrutaba de tanto tiempo libre desde hace mucho.
Queríamos bajarnos a Cádiz unos cuantos días para visitar a la familia y también para desconectar (no del todo como ya sabéis) y hacer cosas para las que normalmente no tengo tiempo y menos en este año que por unas cosas y otras deseo que se acabe cuanto antes. El caso es que retrasamos un par de días el viaje porque no quería quedarme sin correr de nuevo la San Silvestre salmantina y vivir su ambiente. Hace 5 años que no la corría y tenía muchas ganas y más cuando también se habían animado un par de sobrinos en la que iba a ser su primera carrera. Por supuesto que todo esto estaba organizado tiempo atrás puesto que las inscripciones se cerraron hace semanas.
Así que el 24 y 25 a tener un poco de cuidado con la comida y la bebida y llegar lo mejor posible al día de la carrera. Lo que ocurre es que por mucho que uno tenga cuidado los excesos se hacen y bueno, es lo que hay y estas fechas son para disfrutar, no porque me gusten, sino porque nos juntamos con familiares y amigos que no vemos durante el resto del año.
Pero vamos a lo importante. El 26 desayuno temprano y un paseo matutino para activar las piernas. A las 11 habíamos quedado algunos para ir juntos y así no tener muchos problemas con el aparcamiento, que costó un poco, pero nada que se saliera de lo esperado. Llegando ya se iba viendo una riada de corredores que subían hacía el Paseo de San Antonio y muchos de ellos disfrazados.
Mis sobrinos estaban asombrados porque no se esperaban eso y es lo que suele pasar cuando uno acude a una carrera importante por mucho que te lo hayan contado. Como ya teníamos los dorsales no teníamos otra cosa que disfrutar e irnos metiendo en ambiente, aunque con lo animados que íbamos nos hacía falta poco. Como en todas las ediciones que he ido me encargué de hacer saber a todos los conocidos que quedaríamos en la esquina del Colegio para hacernos una foto de grupo. Y allí estaban todos los que habían querido estar para la foto de grupo, unos abrazos, muchos ánimos, la foto y nos fuimos acercando a la zona de salida. Sobre la salida sí quiero decir una cosa, por mucho que intentan organizarla y además estaba bien claro en la información al final da un poco igual y salvo el color de los dorsales no se respeta nada más. Es lo que hay y hasta en cierta manera lo entiendo porque es tanta gente para salir en una zona tan acotada que no da para mucho más.
Nervios, pistoletazo de salida y nosotros no empezamos a correr hasta que habían pasado más de 6 minutos, así que os podéis imaginar la cantidad de corredores que estábamos allí como sardinas en lata. Me había propuesto acompañar a mis sobrinos, pero al poco me di cuenta que no íbamos a ir a gusto ninguno, ellos porque se podían sentir presionados si yo subía el ritmo y yo teniendo que ir frenando el ritmo, así que a los 300 metros o así lo hablamos y me fui para adelante a coger a Félix y Juan Diego para los que también era su primera Sansi.
Y los tres hicimos juntos casi todo el recorrido, aunque hubo una parte en la que Juan Diego se nos fue y solo logramos alcanzarle en la mismísima línea de meta. Una temperatura ideal, volver a cruzar corriendo por la Plaza Mayor, el Puente Romano, la Universidad, la Clerecía y la Casa de las Conchas, el Palacio Monterrey y en realidad cada punto de la ciudad porque había muchísimo público animando, el año que más y con diferencia porque en algunos puntos de tanto público se estrechaba el espacio y recordaba a esas etapas de la vuelta ciclista en la que solo queda un pequeño espacio para pasar. Niños poniendo las manos para chocar, ánimos y música en distintos puntos del recorrido, hasta los corredores nos veníamos arriba y dábamos palmas o cantábamos.
Disfruté de la carrera como pocas veces lo he hecho e iba mejor de lo esperado pero sabía que me esperaba un momento en el que lo pasaría mal y así fue, no por lo físico, sino porque a falta de kilómetro y medio pasábamos por donde había vivido mi madre. Me dio el bajón, me vinieron muchísimos recuerdos de golpe y hasta inconscientemente la busqué en la acera como cuando en otras Sansis y otras medias lo hacía para parar y darle un beso.
Había que reponerse y así lo hice para encarar la larga recta final y vivir la emoción de pasar la meta y abrazarnos con los compañeros con los que has hecho la carrera y saludar a todos los conocidos que ya estaban por el patio del colegio. Allí nos fuimos reuniendo y comentando que tal nos había ido y sobre todo en lo que estábamos de acuerdo era en que la animación de esta edición había sido espectacular por todo el recorrido.
Vuelta para Alba de Tormes, ducha rápida y a comer y despedirnos de la familia salmantina porque ahora toca estar con la de Cádiz y por cierto, alguna que otra actividad extra tengo prevista por aquí, ya os contaré.