En estos días de Semana Santa reflexionamos sobre el sufrimiento, el de Cristo y el nuestro. En estas líneas yo quisiera hacer una pequeña reflexión sobre nuestros sufrimientos o cruces.
Todos nosotros sabemos decir cosas bonitas sobre el sufrimiento y, en muchas ocasiones ignoramos lo que es sufrir de verdad. Sin embargo, creo yo, que, en general, todos tratamos llevar un poco de luz y una gota de consuelo a todos los que sufren, temblando eso sí, y con mucho respeto, como si fuera de rodillas y pidiendo perdón a todos los que sufren de verdad, porque es fácil herir, con la palabra o por el silencio, los sentimientos de quienes tienen las heridas en carne viva o, peor aún, cerradas en falso.
Con nuestras manos tratamos de ayudar y dar respuesta a tantas preguntas que, al menos en los momentos aciagos, casi todos los seres humanos nos hacemos y para las que no encontramos salidas convincentes. Toda respuesta ante el dolor es superflua y nos deja insatisfechos.
Tenemos distintas formas de relacionarnos con el sufrimiento. Somos conscientes que no todo sufrimiento puede eliminarse, pero sí puede ser comprendido, acompañado y, en cierta medida, integrado. Aceptar no significa rendirse, ni tampoco justificar el dolor. Significa dejar de luchar contra lo inevitable para empezar a escucharlo. Superar no implica olvidar, sino aprender a vivir de una manera más amplia, donde aquello que dolió ya no define por completo nuestra existencia.
Tanto los que sufren como los que no, pueden poner a su disposición sus manos para mitigar el dolor de los demás. Nadie nace sabiendo sufrir ni hay en nuestra escuela temprana ninguna asignatura que nos enseñe a enfrentar el dolor, ni sabio que pueda explicarnos su por qué.
A simple vista, no hay respuestas para el que sufre, no hay argumento que nos convenza ni un sentido aparente y, esto es, precisamente, lo que le machaca al ser humano, pues bien decía Víktor Frankl que el hombre no se destruye por sufrir; el hombre se destruye por sufrir sin ningún sentido.
Pongamos nuestros ojos en el Crucificado para que podemos descubrir el sentido del sufrimiento y poder acertarlo.