Coincidencias

- en Firmas

Estrella

Estrella se ha levantado con el pie torcido y con frío. Ella no es “persona” cuando siente frío. Ella es más del calorcito, del sol, del verano. Odia el invierno y Gael lo sabe.

Con una taza humeante de café que ni en el mismísimo infierno la tomarían tan caliente, mira por la ventana del salón el día tan desapacible que hace. Farfulla palabras ininteligibles mientras, mentalmente, está haciendo la lista de la ropa que tiene que meter en la maleta.

Al final, ha claudicado y acude al pueblo a pasar las fiestas. Su madre está muy contenta. Ella, no tanto. El espíritu del Grinch se ha adueñado de su cuerpo y sabe que, ese año, no las va a disfrutar tanto.

Nota algo en el ambiente, pero no sabe muy bien qué es. Escucha a Gael hablar en sueños y dar vueltas en la cama.

Da un sorbo largo al café y se tapa la boca con el cuello de la chaqueta de lana gorda que lleva puesto.

Alma

Alma corre de un lado para otro de su casa. Se le han pegado las sábanas y llega tarde al obrador. Hoy tiene muchas entregas y poco tiempo antes de que llegue el momento de cerrar la pastelería y regresar a casa a descansar.

Todo está en silencio. Sólo escucha sus pisadas apresuradas por su casa mientras busca la otra zapatilla que no sabe dónde la ha puesto. A veces piensa que está acompañada por duendes que preparan mil y una travesuras en su casa.

Por fin encuentra la zapatilla que se encontraba al lado de las zapatillas de estar por casa que había dejado al lado de la cama.

Mira el revoltijo de sábanas y niega con la cabeza. En esta ocasión tendrá que salir sin poder hacer la cama en condiciones.

Se pone el gorro, se abrocha la cazadora, se cuelga la mochila a los hombros y comprueba que las llaves del obrador y de casa las tiene en el bolso de la cazadora. Suspira y abre la puerta antes de soltar el segundo suspiro seguido. Cierra los ojos, piensa en su niña y vuela por las escaleras para llegar cuanto antes al obrador.

Marianela

Marianela está en la cocina preparando el desayuno mientras piensa en la lista de la compra. Escucha a Carmen caminar, despacio, por el pasillo.

Deja encima de la mesa de la cocina la fruta y las tostadas, mientras busca el té inglés que tiene que poner en la tetera.

Carmen entra en la cocina con una sonrisa. En su frente tiene un pequeño chichón que le salió nada más llegar a casa, a pesar de ponerse hielo. Abre el armario donde guarda las pastillas y saca la que le toca por la mañana más un paracetamol.

Marianela enumera lo que ha pensado cocinar para la cena de Nochebuena y la comida de Navidad. Carmen le dice que faltan un par de cosas y que tienen que ir a comprarlas esta mañana. A Marianela no le hace mucha gracia dejar a Carmen sola, pero no le queda otro remedio.

Ambas saben que será una noche tranquila. El día lo pasarán en la cocina, leyendo, viendo la televisión y jugando a alguno de los juegos que les gustan a ambas.

De pronto, escuchan el sonido de una puerta al cerrarse y una carrera presurosa. Intuyen que la vecina de al lado llega tarde a trabajar.

Carmen mira por la ventana el cielo que está blanquecino. Percibe que algo va a pasar. Le dice a Marianela que se abrigue bien y que tenga cuidado con las heladas.

Estrella

Estrella ha terminado de preparar la maleta con desgana. Gael juega en el salón ajeno a las pocas ganas que tiene su madre de conducir hasta el pueblo. Va ralentizando las cosas, como esperando que por arte de magia ocurra algo que les impida salir.

Ha quedado con su madre que salen después de comer, tranquilamente, y que llegarán a la merienda. La abuela anuncia a Gael que le espera con chocolate con churros. Todo un festín para el niño.

Estrella se sienta en el sillón que tiene al lado de la ventana del salón y mira hacia la calle. Se levanta para comprobar que lo que presiente, en realidad, es lo que se imagina. Llama a su hijo para que mire por la ventana.

Unos tímidos copos de nieve están cayendo en el suelo seco o posándose en las ramas de los árboles que se encuentran desnudos después de que las hojas decidieran desprenderse.

Gael da palmas pensando que cuando lleguen al pueblo les espera un paisaje blanco. Sale corriendo a su habitación para recoger otros guantes que le permitan jugar con la nieve. Su imaginación va muy deprisa y ya se ve haciendo un enorme muñeco de nieve con su abuelo.

Carmen

Carmen mira por la ventana del salón como los copos de nieve se posan suavemente en el suelo. Su vista se desplaza hacia el reloj que tiene en una de las paredes del salón y lo mira nerviosa. Piensa que hace bastante tiempo que Marianela salió de casa y que ya debería estar allí.

El libro que estaba leyendo descansa en su regazo, cubierto con una manta. Mientras sigue mirando la lentitud de los copos de nieve en su descenso, piensa que se tiene que levantar para que sus piernas no se anquilosen. El libro la ha atrapado y lleva ya mucho rato sentada.

Despacio y sin prisa, se levanta del sillón comprobando que el efecto del paracetamol ya se ha disipado, pues la cadera en movimiento le empieza a molestar. Justo cuando logra ponerse totalmente derecha, suena la puerta.

Marianela

Marianela abre la puerta de la casa mientras sacude sus pies en el felpudo. Deja las bolsas que contienen la compra en el suelo para poder quitarse el gorro y los guantes. Resopla y se frota la nariz que la siente helada. No se acostumbra a este frío.

Vuelve a coger las bolsas de la compra y se dirige a la cocina sin quitarse el abrigo. El frío se le ha metido bien dentro y no logra quitárselo. Empieza a dar saltos en la cocina tratando de entrar en calor.

Decide que lo mejor es quitarse el calzado y cambiarse los calcetines que nota mojados.

  • Está nevando – le dice a Carmen que aparece en la cocina.
  • Ya he visto por la ventana del salón.

Mientras Marianela va a ponerse otro calzado, Carmen saca las cosas de la bolsa y las mete en el frigorífico.

Marianela aprovecha para escribir un mensaje a su madre y a su padre para decirles, contenta, que está viendo la nieve por primera vez.

Alma

Alma no ha parado en toda la mañana entregando tartas, magdalenas, galletas de jengibre… No se ha percatado de lo que sucede en la calle porque ni le ha dado tiempo a mirar a través del cristal de la puerta.

En el obrador se está calentita y se sorprende cuando ve entrar a la gente con gorros, guantes y bufanda y soplando para tratar de calentar sus manos. Todo el mundo tiene la nariz roja cuando cruza la puerta de su pastelería. Todas las personas le dicen que hace demasiado frío fuera.

Ha entregado el último encargo y se dispone a limpiar el obrador antes de marcharse para casa. Pero, antes, hace caso al rugido de sus tripas, dándose cuenta que no ha desayunado y que son las tres de la tarde. Saca los mini sándwiches que tiene en el frigorífico desde ayer y decide sentarse en una esquina de la sala.

 

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