Se ha dado cancha a aquellos que niegan lo que es una realidad, por mucho que traten de ocultarlo tras sus mentiras, su ruido y su estridencia.
Han ocupado un espacio que pertenece a todas las personas, donde se reúnen para tomar medidas y decisiones que afectan al pueblo, para soltar su bilis, su mierda y su odio. Y se lo han permitido. Porque no te creas que lo hacen pensando en ti. Lo hacen pensando en su propio y único beneficio.
Quienes les han concedido esta oportunidad, han agachado las orejas y, escudándose en plazos y otros argumentos baladís, han autorizado una ocupación del espacio público, del espacio de todas, para que cuenten sus mentiras ante un público entregado que les ríe y que les jalea.
Así no.
Nos ponemos piedras en nuestro camino. Somos incongruentes e incoherentes con lo que decimos y lo que hacemos. Les damos alas y nos comen el terreno.
No hemos aprendido del pasado. El alzhéimer histórico también nos ha llegado. Sería más correcto decir que les ha llegado, porque yo sé perfectamente cuál es mi bando.
Según estos personajes, la violencia de género es una ideología maldita que pone el foco en los hombres y los criminaliza. La ley contra la violencia de género discrimina a los hombres. Hay numerosas leyes (más de 300 me han llegado a decir) que discriminan, que desfavorecen a los hombres.
¡300! ¿Qué locura es ésta?
¿Cuáles son los datos? Todo argumento, toda teoría debe ir acompañada de datos. Pero datos que sean reales, no inventados, no falseados para apoyar lo que se dice.
Lo que sucede es que, buscar datos, requiere tiempo, precisa de trabajo. Y estas personas no saben qué es eso. Prefieren construir una mentira porque saben que habrá personas que se la creerán a pies juntillas.
Las mujeres tienen más derechos que los hombres.
No, mi rey. No, mi reina. La cuestión está en que todas las personas tenemos reconocidos unos derechos (en la Declaración Universal de Derechos Humanos, en nuestra Constitución), absolutamente todas las personas, pero existen países (y personas) que se encargan de vulnerarlos, de violarlos cuando quienes los quieren ejercer son una parte concreta y determinada de la población. Y, casualidades de la vida, siempre nos toca a nosotras, las mujeres. Ya se trate de Derechos Humanos o de Derechos Fundamentales.
No se criminaliza a los hombres, sólo se juzga a aquellos que cometen un delito. Sólo se cuestiona a aquellos que tratan a las mujeres como ganado, como objetos, como seres inferiores y que se creen con el derecho de hacer y de deshacer a su antojo.
La Ley contra la violencia de género no discrimina a los hombres. Por esa regla de tres, tampoco deberían existir leyes donde el objeto sea la infancia, la discapacidad, etc., pues pone el foco en determinados grupos, dejando de lado a otras personas, discriminándolas.
¿Por qué en las oposiciones hay que dejar un número de plazas reservadas a las personas con discapacidad? Es injusto, discrimina al resto de la población.
Ésta es su teoría.
Se olvidan de cuál es la realidad que tratan de esconder, de los números que nos hablan de las mujeres asesinadas por hombres (25 hasta la fecha en 2025), de las/os menores asesinados por sus padres (3 este año), de las mujeres violadas (14 denuncias al día*), de las mujeres ninguneadas y acosadas en el trabajo, en sus casas, en el deporte, en la universidad, en los espacios públicos, … Se olvidan de aquellas mujeres de la historia que consiguieron mucho para ellas mismas y para la sociedad en general, pero que fueron apartadas porque el lugar de una mujer es la casa y sus logros fueron otorgados a los hombres. Se olvidan de los avances y de los beneficios que se podrían producir si hombres y mujeres remáramos a una, sin poner zancadillas y sin mirar por encima del hombro a la otra.
Se olvidan de todo esto porque, seguramente, a las mujeres de su entorno no las ven como a unas iguales, sino que las ven como seres que deben ser manipuladas, moldeadas, protegidas (a su manera), dejándolas sin opciones de prosperar, de crecer en todos los sentidos. No ven más allá de sus narices puntiagudas, pues su perspectiva es muy corta.
Pero más duele que, quienes dicen estar en el bando correcto, en el lado progresista, en el feminista, les den cancha envolviendo su decisión en argumentos vacíos y contrarios, quizás, a la que dicen que es su ideología.
A pesar de todo esto, a pesar del camino cuesta arriba que se nos presenta desde hace tiempo, siempre habrá una voz unida a otra voz, y a otra, y a otra, para seguir incomodando y tratando de cambiar esta sociedad para que sea más justa para toda, absolutamente toda, su población.
Recomendación literaria: “Tu argumentario feminista en datos” de Júlia Salander.
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