La respuesta a esta pregunta depende, sin duda, de cada uno de nosotros. Es un tema ampliamente abordado por la ciencia. Sin embargo, ¿alguna vez cogisteis un micrófono y habéis salido a preguntar a la gente en la calle qué piensan al respecto? No lo sé, pero creo que no. Porque la ciencia se basa en estudios, números y experimentos. En cambio, este es un tema muy profundo, y me atrevería a decir que, en este caso, los sentimientos son lo más importante. Por eso es casi esencial, comprender por qué algunas personas se aferran al pasado, otras viven el presente como si fuera su último día y otras esperan con ansias que llegue el futuro para que su vida mejore, pero para conseguirlo se requieren más que datos: y muchísima empatía.
Personalmente, opino que aferrarse al pasado es un error. Muy pocas veces vivimos dos momentos exactamente iguales, y si nos empeñamos en revivir lo que ya fue —sea por la ausencia de alguien o por la nostalgia de una experiencia—, difícilmente podremos avanzar. Pero con esto no quiero decir que debamos borrar por completo esa parte de nuestra vida. Afortunadamente, existen los recuerdos: pequeños tesoros que a veces no valoramos, pero que todos tememos perder. Tienen un valor y una belleza incalculables. Si nos detuviéramos a pensar y meditáramos sobre ello, entenderíamos que incluso pueden calmar el dolor. Un claro ejemplo de ello es cuando fallece un ser querido: con el tiempo, aprendemos a recordarlo con una sonrisa en los labios. Así que no os ancléis al pasado, pero tampoco olvidéis la esencia que vuestras vivencias dejaron impregnada en vuestro interior.
Si lo pensamos fríamente, lo único que realmente existe es el presente. Ni siquiera el futuro. Siempre he creído que hay que vivir el día a día, porque no sabemos si el futuro llegará… o, mejor dicho, si nosotros llegaremos a él. Hoy estoy aquí, escribiendo este artículo, compartiendo pensamientos que seguramente muchos de vosotros también tenéis. Y no me malinterpretéis: no digo que no debamos pensar en mejorar nuestra existencia, pero tal vez deberíamos hacerlo a corto plazo. Porque, desafortunadamente, la vida no está garantizada para nadie, y muchas veces dejamos pasar experiencias únicas creyendo que siempre habrá tiempo para vivirlas, olvidando que el tiempo no se detiene… pero nosotros sí que envejecemos con él.
Y ahora os pregunto: ¿creéis en el futuro? Una parte de mí sí que cree en él, pero la otra no lo tiene tan claro. La verdad, nunca me lo había planteado hasta que, hace unos días, hablando con un amigo de toda la vida, me dijo: “Yo creo que el futuro no existe”. Y, sinceramente, opino que tiene razón. Podemos planear, soñar, abrazar nuestros anhelos… pero, ¿y si el futuro nunca llega? ¿Seríamos capaces de encontrarle sentido a esta ruleta que es la vida? Tal vez no, porque estaríamos buscando algo que no existe o que, simplemente, puede que nunca llegue. Por eso, no permitáis que nada ni nadie, apague la luz de vuestro presente.
«Vivas en el pasado, en el presente o en el futuro… simplemente, VIVE.
¿Y tú, en qué tiempo habitas? Tal vez, te pierdes entre los recuerdos, o corres tras un mañana que aún no existe, e intentas vivir cada instante como si fuera el último. No pretendo darte una respuesta científica, pero te invito a mirar hacia adentro».