EL FARO DE ALEJANDRÍA: Desde Nasrin Sotoudeh a Francia en llamas. ¡Despierta OCCIDENTE!

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manifestaciones francias

Habitualmente desde “El Faro de Alejandría” escribo pretendiendo animar a las personas, dar mensajes positivos, hablar de nuestra actitud en la vida, desde cómo alcanzar el éxito hasta la mejor manera de conciliar nuestro ánimo con la derrota, para permitirnos levantarnos. Pero esta filosofía que aplico a la vida, que transmito a través de cientos de artículos sobre la inteligencia emocional, el Life Coaching, el pensamiento positivo y muchos otros aspectos que conforman nuestra relación con el mundo (con los otros, los que están más cerca y los que apenas conocemos), no me exime de estar ciego hoy con lo que estamos viendo en nuestro vecino galo.

Pero, lo que pretendo es hacer un llamado de atención al liderazgo occidental, a los líderes políticos que en Europa están atónicos (como todos nosotros) viendo como una potencia mundial como es Francia, está al borde de convertirse en un estado fallido, en el que impera la barbarie y en la que hay zonas en las que ya no quiere entrar la policía.

Veamos qué es lo que ocurre con el choque de culturas. Porque aquello que escuchamos de “Alianza de Civilizaciones” del ex presidente Rodríguez Zapatero, más bien parece una quimera del oro irrealizable a ojos de lo que vemos que ocurre en suelo europeo.

Y cuando me refiero a choque de culturas, por eso he puesto en primera posición en el título de hoy el de Nasrin Sotoudeh (1963), que es una activista injustamente encarcelada por defender los derechos humanos en general, y muy especialmente el de las mujeres en Irán, habiendo criticado abiertamente el proceso judicial, el trato a las mujeres y la pena de muerte en Irán.

Es como siempre ocurre, una de esas personalidades que lamentablemente no abundan en el planeta, pero que, como Gandhi y muchos otros auténticos libertadores de los derechos humanos, desde su pacifismo hicieron más por la vida de los pueblos que muchos gobiernos en sus respectivas épocas que les tocó actuar.

Nasrin Sotoudeh (1963) ha representado a la ganadora del Premio Nobel Shirin Ebadi, así como a activistas por los derechos de las mujeres, víctimas de abuso doméstico, menores condenados a muerte, periodistas y activistas por los derechos de los kurdos.

Las preguntas que se leen en las redes y en diversas webs, es ¿dónde está hoy Nasrin Sotoudeh? No está muy claro dónde se encuentra en este momento, lo que sí, en base a lo que he estado investigando, es que el pasado mes de febrero, estaba fuera de la cárcel por una licencia médica de prisión, pero ella seguía abogando por un trato más humano hacia los presos políticos, a pesar de las difíciles circunstancias por las que atravesaba y que la comprometían aún más con un régimen que no perdona un solo error (según un criterio totalmente autocrático), lo que casi siempre considera un atentado contra la seguridad del estado. Por eso, creemos que a 1 de febrero de 2023 estaba en casa. No tengo datos que confirmen esta libertad ahora a 9 de julio.

Según Amnistía Internacional, “Nasrin Sotoudeh ha sido condenada por defender los derechos de las mujeres en Irán y por luchar pacíficamente por los derechos humanos. Eso es lo que ha hecho Nasrin toda su vida. Como abogada defendía a las mujeres que se negaban a acatar las degradantes leyes sobre el uso del velo o hijab”.

También dice Amnistía Internacional que “en Irán, a las mujeres y a las niñas no se les permite salir de sus hogares a menos que se cubran el cabello con un pañuelo y los brazos y las piernas con ropa suelta. Nasrin quería cambiar esto y fue detenida por ello”.

Hay decenas de miles de solicitudes de clemencia y perdón, de cartas que reclaman por la vida de esta activista iraní, esposa y madre de dos hijos, que ha antepuesto su vida por los derechos humanos de las mujeres de este país.

Volvamos a París

Les guste admitir o no a los políticos de izquierdas (los que me conocen saben que nos soy político, que tampoco soy de izquierdas ni de derechas, sino simplemente un analista de la realidad). Que durante dos décadas mis opiniones llenan artículos sobre cuestiones de liderazgo político y empresarial, que hablamos sobre dirección de personas y trabajo en equipo, que nos interesa las relaciones interpersonales en las organizaciones, y en cuanto mejora ello el ambiente de trabajo, buscando siempre que estén libres de tensiones, de estrés y que sean esos sitios en los que las personas encuentren su segundo hogar, ya que 2/3 de su vida nos la pasamos en nuestros trabajos. Esto es lo que me ha conducido siempre, lo que he volcado en mis clases, conferencias, seminarios y escritos. Desde ya que esto no me hace estar ciego frente a la barbarie que está ocurriendo en nuestro socio vecino, espacio que con justicia se ganó en la historia a fama de la tierra de la libertad, igualdad y fraternidad.

Pero esto que ocurre hoy en Francia, es una reacción hacia Occidente, nuestra forma de vida y nuestra cultura. Porque no hay otra explicación, cuando a personas muy jóvenes (están circulando vídeos al respecto) ante la pregunta de si tienen DNI francés y que, por supuesto han nacido en Francia, la respuesta es que sí son franceses. Cabe aclarar que descienden de, marroquíes, argelinos, o de árabes, o de regiones subsaharianas. Pero cuando se les hace la pregunta sobre si se sienten franceses, su respuesta es contundente: ¡Que no! O sea, son terceras y a veces cuartas generación de franceses, por tanto, nadie duda de su identidad, más que ellos mismos que no se sienten como tales. Un auténtico contrasentido, ya que la lógica de la evolución social debería ser la que prima, habiendo sus abuelos luchado por dar a hijos y nietos un futuro mejor, pero después, en los hechos, los guetos que son áreas separada para la vivienda de un determinado grupo étnico, cultural o religioso, terminaron convirtiéndose en regiones de las que se llaman “barrios no go”, en las que prevalecen reglas islámicas obligatorias. ¿Es esto una broma o una realidad? Tristemente…es real como la vida misma.

He dicho en el título de hoy que “Desde Nasrin Sotoudeh a Francia en llamas. ¡Despierta OCCIDENTE!” porque creo que la situación está llegando a un punto de no retorno. Cuando una persona emigra a otro país con todo su derecho hacia la búsqueda de mejores condiciones de vida, o en casos extremos, como con la Guerra Civil en Siria o la actual Guerra de Ucrania, los refugiados (los desplazamientos por millones) buscan conservar la vida y adaptarse a al país que los reciba, porque lo que quieren es salvar a sus hijos de las consecuencias de la guerra. Por tanto, hay que acoplarse lo mejor que se pueda, aprendiendo el idioma, buscando un trabajo y sacando adelante sus familias.

La mejora de las condiciones de vida ha sido uno de los más importantes impulsores del crecimiento y desarrollo de los países. Así se construyó lo que hoy denominamos Iberoamérica, que, desde México a Argentina en la región más austral del continente americano, se habla español, y que los cientos de miles de españoles, italianos, alemanes, ingleses, holandeses, armenios, turcos, rusos, etc. engrandecieron los censos de estas naciones, se adaptaron a sus culturas, formas de vida y construyeron naciones, de la cuales varias de ellas forman parte del Club del G-20, entre las que por supuesto se encuentra España. Debo recordarles a mis lectores/as, que cuando nos referimos a “El Grupo de los 20” (G20) está integrado por 19 países (Alemania, Arabia Saudí, Argentina, Australia, Brasil, Canadá, China, Estados Unidos, Francia, India, Indonesia, Italia, Japón, Reino Unido, República de Corea, México, Rusia, Sudáfrica, Turquía) y la Unión Europea, de los cuales, 5 son americanos (Argentina, Brasil, Canadá, Estados Unidos y México).

La pregunta es: ¿de los millones de inmigrantes europeos que atravesaron el charco y se instalaron en aquellas tierras en dos momentos claves de la historia, primera gran emigración europea de finales del siglo XIX y la segunda, correspondiendo a la emigración europea del siglo XX, la de entreguerras, o sea, entre 1919 y 1945, alguna vez han visto o escuchado información al respecto de que grupos de italianos, o españoles, o sirios libaneses, asaltasen y quemasen el mobiliario de Montevideo, o de Buenos Aires, o de Santiago de Chile? ¿Verdad que no?

Otra cuestión: ¿Por qué ese miedo del presidente francés Emmanuel Macron, en sacar el ejército a la calle? Está visto que las fuerzas policiales francesas no han sido suficientes.

Y esta es una espada de Damocles que tenemos en España, que cuando hay un atentado hay ciertos reparos en dar la identidad para no estigmatizar, como si tapando la verdad fuera el mecanismo seguro de que no va a volver a ocurrir. Hemos estado asistiendo a atentados en suelo español y también francés, muy recientes, en los que armados de catanas o cuchillos los respectivos agresores arremetían contra todo lo que estaba a su paso, incluyendo niños en un parque francés.

No parece que los líderes políticos europeos se hayan dedicado demasiado a cuidar a los nacionales del Viejo Continente. También, por supuesto, a los millones de inmigrantes de cualquier nacionalidad que, por estar perfectamente asimilados e integrados, conformaron también el incuestionable crecimiento y desarrollo de lo que hoy es la Unión Europea.

Si solo se quiere ver como el problema que actualmente tenemos en Europa es la Guerra de Ucrania, o la inflación, o la elevada deuda de muchos de sus socios miembros de la UE, situación que se ha agravado desde la pandemia, no estamos abarcando toda la realidad de la fotografía que realmente hay que ver. La inmigración es y seguirá siendo un problema. Pero la que ya había generado con todo derecho ciudadanos europeos (franceses, ingleses, belgas, etc.) de segundas, terceras y cuartas generaciones, que hoy día, las muy jóvenes generaciones no se sienten como franceses, o ingleses, etc., es que hay algo que no se tuvo en cuenta en la política y filosofía de integración. Es evidente que el DNI solo no es suficiente para ese factor identitario.

¿Cómo piensan resolverlo? ¿Con más buenismo, o por fin habrá líderes políticos que apliquen la legislación e incluso la endurezcan lo que sea necesario, para que prevalezca la autoridad, el orden y la justicia?

Este es un debate que tendrá que tenerse en la UE no dentro de diez años, sino mañana mismo.

Desde “El Faro de Alejandría” pido por la libertad sin condiciones de Nasrin Sotoudeh, también al presidente Macron que acabe con las revueltas que están haciendo de Francia una caricatura de lo que realmente su historia representa.

Queridos lectores/as: ambos temas, Nasrin Sotoudeh y nuevamente ARDE PARÍS, no nos deben ser ajenos. Son aquellos errores que terminan pesando en términos de ciclos históricos. Ni el Imperio Romano cayó en un día, ni tampoco el OCCIDENTE actual, del cual somos los europeos los propiciadores, está garantizado que continúe como lo hemos vivido hasta ahora. La dicotomía pasa por el imperio de la ley, la justicia y el estado de derecho, frente a la ignominia de políticas únicamente pensando en las ventajas de esos grupos étnicos, religiosos, etc. y menos o a veces nada, en cuáles son los derechos de los nacionales europeos, que debe incluir, por cierto, a amplias mayorías de inmigrantes perfectamente integrados de otras nacionalidades.

Y la defensa de las tres está no solo en el uso de las armas de parte de las fuerzas y cuerpos de seguridad de un estado cuando sea necesario, y desde ya que en situaciones en los que la paz y la vida de los ciudadanos pacíficos está en riesgo, sino en crear las condiciones para la convivencia pacífica. Y cuando ésta se resquebraja como es el caso de Francia, no hay que dudar en defender la ley, la justicia y el estado de derecho, que en definitiva es el pueblo.

Y no comprender esto es una miopía en el liderazgo político europeo evidente, que nos condena (de hecho, ya nos ha condenado en otras materias, como innovación tecnológica) a estar por detrás de los otros grandes bloques como Asia-Pacífico, priorizando a China, por un lado y Estados Unidos y Canadá por el otro. De tres en el pelotón de la disrupción tecnológica, estamos en la cola. Es hora de poner todas las capacidades de liderazgo para reorientar el rumbo de Europa. La inmigración que ya era desde hace décadas un factor crítico, pasa a ser un factor geoestratégico y geopolítico si es que Europa quiere seguir siendo Europa. Así de simple y así de claro.

 

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