El Faro de Alejandría: Autoconfianza y el derecho de un mejor bienestar personal

- en Firmas
reuniones empresarios salamanca

La confianza en uno mismo es una actitud acerca tanto de tus habilidades como de tus capacidades. Cuando no solo dices que la tienes, sino que demuestras que es así, significa que te aceptas y confías en ti mismo y tienes una sensación de que estás pudiendo controlar bastante bien tu vida. Y esta es una sensación importantísima para sentirse bien. Lo que siempre digo en mis aportaciones a esta tribuna, de que lo importante es el bienestar personal.

Sin duda, sabes muy bien de qué pie cojeas (tus puntos débiles) y cuáles estas seguro que son tus fortalezas. Esto también es parte de la confianza que debes sentir en tus actos, porque te dan una visión muy positiva sobre ti mismo y cómo debes estar mostrándote a los demás. Que perciban esa seguridad que tú sabes que tienes.

También cuando tienes autoconfianza están estableciendo expectativas y objetivos realistas, te facilita tu comunicación con los demás, y por supuesto, hace mucho mejor tus relaciones interpersonales, sea con amigos, jefes, socios, etc.

La rutina de iniciar cada nuevo día

Cada mañana cuando iniciamos un nuevo día, siempre sentimos en el fondo del corazón esa sensación que te dice “ten confianza que te va a ir bien”. Es que nos levantamos casi de manera automática y también nos preparamos para ir a nuestras actividades de la misma forma. Nos acostumbramos a ello, es nuestro diario trajinar. Pocas veces reflexionamos al respecto.

Pero en caso de que por motivos de cómo vienen dadas las cosas en tú trabajo, te hagas la pregunta de cómo te va a ir el día, por ejemplo, porque se da el caso en tu oficina que están cambiando un software de gestión que te trae de cabeza, o de una reunión en la que van a estar presentes todos los departamentos y que seguramente se hará de parte del director una dura crítica al rendimiento del trabajo, a la productividad de los equipos y que te tiene preocupado, entonces sí que se justifica esa duda que te aflora y te lleva a hacerte esa pregunta.

A pesar de ello tienes que tener la confianza que vas a salir bien parado, porque tu entrega y responsabilidad siempre han estado ahí presentes dándolo todo, aunque a veces no es suficiente, ya que los cambios que se producen en el mercado terminan resultándote abrumadores.

Además, la fuerza impactante de ese cambio como consecuencia de la innovación tecnológica, no solo arremete con fuerza y todo lo transforma, sino que te impresiona y te hacer estar muy pendiente, por lo que es obvio que te genere estrés. Un cambio que se va acelerando casi sin que nos demos cuenta, lo que hace que la sociedad, las organizaciones y las personas, nos guste o no, estamos influenciados cada vez más por esa velocidad a la que se produce y también la profundidad del mismo.

Todo este escenario llega a abrumar a muchas personas, produce un exceso de fatiga física y mental, que puede derivar en problemas serios de ansiedad y depresión.

Pero todo este desconcierto que se produce no podemos evitarlo, lo que hay que hacer es prepararse mejor para adecuarnos a él, porque sería tonto querer evitar algo que no podemos evitarlo. Sucederá de igual manera con o sin nosotros. Por tanto, tengamos la autoconfianza para navegar con él y no en contra de él.

Sin duda, la actualidad nos hace estar excesivamente alertas a por dónde nos va a venir la bofetada esta vez.  Porque siempre ocurre así, las críticas al trabajo y al rendimiento personal es algo habitual. Lo que no es frecuente es la capacidad de cada persona de poder afrontar con mejor predisposición ese estrés que se genera por la tensión diaria del trabajo y las responsabilidades, más cuando se están compartiendo con el resto de miembros de un departamento o de un equipo, porque el éxito depende de cómo funcione coordinadamente el conjunto.

No hay que olvidar que hay jefes y jefes –nunca mejor dicho-. Y lo sabemos, porque tras esa postura de jefe hay una persona, y probablemente te toque aquella que sepa comprender, que sea empática, y que mire en beneficio del grupo. Pero están aquellos que en vez de ser flexibles y cohesionar a los equipos, prefieren la confrontación e incluso el castigo. Pero en ninguna circunstancia, ni en las buenas ni en las malas, debes olvidar que tú espíritu es de tu propiedad y no debes dejar que nada ni nadie te lo dañe.

Por ello, hay mecanismos defensivos para que nuestra personalidad salga airosa, de esos momentos de crisis, de exceso de trabajo, de ese test permanente que nos hacen. No creas que te prueban a ti solo…nos prueban a todos. Y más allá de que sean jefes, directores generales o propietarios de empresas, o los más importantes líderes, estas pruebas siempre se nos ponen delante por nuestra propia autoexigencia, por ese temor que tenemos a no dar la talla, que tengamos ese miedo de que no vamos a responder cómo se espera de nosotros.

Es que cuando nos invade cierta inseguridad en el cuerpo que nos hace titubear esa mañana a la que nos referíamos, se debe a ese preciso momento en que te haces una composición de lugar sobre lo que va a ser tú día. Justamente, en esos momentos es en los que debe aflorar tu autoconfianza y decirte a ti mismo que “sí tú eres capaz”. Que no solo eres capaz de llevar bien el día y tus responsabilidades, sino que incluso vas a sorprender a los demás, a tus compañeros, a los directivos, etc., de tu buen hacer, de tu rendimiento.

Te aseguro que para que se te considere una persona eficaz no solo depende de tu pericia técnica, sino de tu actitud frente a la vida, especialmente frente a los retos o cuando surgen los conflictos. O cuando hay por ejemplo una encarnizada lucha interna de poder que afecta a todo el personal. Tu actitud operará no solo como el motor impulsor, sino como una barrera protectora contra aquellos problemas, como, por ejemplo, la queja dura de que decíamos más arriba de ese directivo contra la productividad de los empleados y en la cual tú también has caído en la rueda. Pero será tu autoconfianza la que te permita explicar el porqué de una determinada situación, por ejemplo, la debida a la demora en la entrega de un proyecto.

La autoconfianza siempre te otorga una serenidad tanto desde el punto de vista emocional como en tu capacidad de análisis racional. Y lo importante, es que cuándo estás calmo y sereno puedes pensar con más amplitud de criterio, no te cierras en aspectos que son prescindibles en otros momentos y que ni te tienen que afectar el estado emocional de otras personas.

Con esta afirmación sobre cómo se sienten otras personas en el momento de crisis que se ha derivado en la empresa por motivo de la queja de este directivo, no decimos que no debe preocuparte, porque tú también tienes empatía hacia los demás. Lo que decimos es que no debe afectarte como un jefe o un directivo actúa con cierta prepotencia, porque de hecho sí que altera a cualquiera. La cuestión es cómo recibes las quejas, los comentarios, y muy especialmente cómo los gestionas. Lo que significa cómo responder y muy especialmente cómo argumentar tú posición y tú punto de vista. Y una lección que debes aprender para tu vida diaria: ante los gritos y emociones negativas que salen de la boca de otros, no hay mejor antídoto que un buen argumento. Una explicación sólida desarticula cualquier especulación.

Actualmente cada vez son más los líderes o mandos intermedios que rompen con la tradicional posición de “ordeno y mando”, ya que están predispuestos a aceptar la opinión, es más: la piden. Porque estamos inmersos en un entorno cada vez más dinámico y complejo al que se le suma la creciente incertidumbre que está haciendo gala de su poder en las empresas, y en los propios gobiernos de los países, y por supuesto en nuestras vidas. Nada ni nadie se libra de la incertidumbre, aunque si estás mejor preparado emocionalmente, podrás neutralizar esas energías negativas que pululan en el ambiente, evitando que te hagan daño.

Nuestra vida es única y somos responsables de ella. Vengo luchando hace ya varios años sobre el necesario proceso de humanización de las organizaciones, que aún en una mayoría de empresas deja mucho que desear. Y esto lo hago para que nadie olvide que tanto las empresas como los gobiernos, que todo lo que emana de ellos está hecho por personas y finalmente repercute en personas.

Hoy día cuentan en el mismo nivel las emociones como las cuestiones racionales. Es más, se está dando mucho más valor a un jefe o a un directivo con capacidad de ser exigente pero flexible al mismo tiempo, comprendiendo las circunstancias de su personal y sus equipos en cada momento, aceptando las explicaciones que justifican, por ejemplo, una determina demora respecto a la agenda programada. Pero seguramente este directivo moderno y empático, valorará justamente mucho más esta autoconfianza que tienes, que te lleva a explicar lo que sucede, porque tú y tus compañeros están sobre el terreno, por ejemplo, atendiendo clientela y conociendo de primera mano los problemas y cuáles son en tu opinión las soluciones que hay que ofrecer.

La autoconfianza es, en primer lugar, hacer valer nuestra condición de personas. Todo esto debe contribuir a que tengas un mejor bienestar personal. Este es mi propósito.

Tenemos el derecho de un mejor bienestar personal

Tenemos el deber de defender el bienestar de las personas

La autoconfianza te dará la herramienta que necesitas en casi todas las circunstancias que se te presenten, sean ordinarias o de momentos de conflicto, para que puedas seguir disfrutando del bienestar personal que has logrado, que te has ganado meritoriamente, pero que además defiendes en cada palmo de terreno por el que te mueves cada día.

Autor

Vicepresidente del FORO Ecofin y director de www.ecofin.es , CEO de www.demuestra.com, Presidente del Instituto Ecofin de Liderazgo, coordinador académico de la Red e Latam del grupo Media-TICS. Puedes enviarme comentarios y consultas a jzunni@telefonica.net