El Faro de Alejandría: Cuando tenemos inseguridad y falta de confianza en lo que hacemos

- en Firmas

Como venimos haciendo desde que creamos este espacio “El Faro de Alejandría”, tratamos desentrañar los aspectos a veces más desconocidos que afectan el amplio campo de conocimiento del Management, el liderazgo y la inteligencia emocional. Pero especialmente, de estos tres ámbitos, nos ha preocupado siempre el espacio en el que las emociones nos juegan una partida no muy favorable a nuestros intereses personales. Como se suele decir coloquialmente: los sentimientos nos traicionan y esto sucede con más frecuencia de lo aconsejable.

Hoy te lo preguntamos de manera directa: ¿sientes que estás engañando a los demás para que crean que eres una persona exitosa, pero en tu interior crees que es más suerte que otra cosa? Que tus sentimientos profundos te hacen pensar que no mereces ningún tipo de reconocimiento. O sea: sientes que estás engañando.

Para analizarlo en profundidad damos réplica hoy a Minda Zetlin y a Joyce Roché. La primera es una reconocida autora y conferenciante en tecnología de los negocios y ex -presidenta de la American Society of Journalists and Authors (Sociedad Americana de Periodistas y Autores); la segunda, autora of The Empress Has No Clothe (La emperatríz no tiene ropa) y una de las primeras mujeres afroamericanas en llegar a puestos de dirección en una multinacional como Avon.

Si cada vez que se tiene algún éxito, a cualquiera que le suceda le sobreviene la preocupación de sentirse culpable, lo que Minda Zetlin define como “ser considerado un impostor”, hay que reflexionar al respecto y tomárselo con calma. Y pregunta: ¿Te sientes inseguro de ti mismo, con miedo de dar un paso fuera de tu zona de confort? (la zona en que te sientes cómodo).

Por supuesto que sí, coincidimos en que todas las personas, en algún momento pueden sentirse de esa manera. Pero para aquellas con el llamado “síndrome del impostor”, no existe ningún espacio ni zona de confort. Es una especie de tormento diario que se experimenta, por un exceso de celo y preocupación respecto de cuál ha sido su comportamiento real y cómo ha sido visto por los demás.

Quedarse en la inmovilización, sin hacer nada porque pesa más este sentimiento negativo, puede simplemente confirmar la sospecha de que esta tipología de personas, son incompetentes y que no merecen nada de los éxitos que han tenido o los que están cosechando en el presente.

Minda Zetlin se pregunta:

“¿Ud. tiene la sensación de que puede ser uno de ellos?”

“¿Se encuentra más preparado para cada nuevo momento en que este sentimiento aflora y afecta su estado de ánimo?”

“¿Sospecha que su éxito hasta el momento se debe en parte o totalmente a la suerte?”

Cuando la gente alaba tus esfuerzos o logros, puede ocurrir que tus sentimientos sean que no estés a la altura de tus expectativas de futuro. Que has tenido suerte y se te dio el viento de popa, pero que más adelante no serás capaz de volver a cruzar la meta exitosamente.

Por lo que Minda Zetlin dice categóricamente, que, si todo esto te resulta familiar, puede que estés padeciendo el “síndrome del impostor”.

Una vez más la mujer ha provocado una evolución en el Management, ya que este síndrome fue identificado por los psicólogos en la década de los 70 del siglo XX, como consecuencia de las entrevistas a mujeres directivas que ostentaban cargos de poder y gran responsabilidad dentro de las organizaciones. Claro, no era lo habitual, en un mundo en que el poder estaba circunscripto casi en su totalidad a los hombres ejecutivos.

Según Joyce Roché, los sentimientos del impostor son a menudo provocados por el sentimiento de ser diferentes o poder ser considerado ajeno al grupo humano o al equipo de trabajo (un outsider que no tiene padrinos ni personas que le apoyen)

Joyce Roché como mujer afroamericana debería saberlo: habiendo obtenido un MBA por la Universidad de Columbia y convirtiéndose después en una de las mujeres ejecutivas de más alto nivel en la multinacional Avon, nunca fue capaz de mezclarse con la gente.

Según ella, se le daban tres cosas que le provocaban este síndrome:

El hecho de ser una persona de color en un país que aún no ha superado definitivamente el problema racial, le empezaba a rondar en la cabeza el cuestionamiento de si estaba preparada de igual manera que sus colegas blancos para ser exitosa. Una segunda cuestión no menos importante, era el hecho de ser una de las únicas mujeres en los niveles superiores de la organización. Finalmente, el hecho de que su crecimiento desde la niñez había sido con medios limitados.

Al haber entrevistado a otros líderes de empresas para relatar las experiencias en su libro, comprendió que hay muchas cosas que pueden provocar la sensación de ser un impostor en personas de todas las razas y sexos, incluidos procedentes de otras partes del país, o pertenecer al colectivo gay.

¿Qué es lo que hay que hacer en cuanto se tiene constancia de que puede estar afectándonos este síndrome?

Roché advierte que lo mejor que uno puede hacer, es buscar a ese amigo en el cual confía, o un consejero, así como un “business coach” (un experto en coaching empresarial), aunque da a entender que se puede convertir en un entrenador personal, cuestión, por cierto, cada vez más extendida entre los directivos de grandes organizaciones e incluso en personalidades relevantes de la política.

Si esto no puede llevarse a cabo, Roché dice que lo mejor que uno puede hacer, es sentarse a escribir en un cuaderno, todos tus sentimientos que te provocan este síndrome. Porque sea de una u otra manera, en la medida que puedas explorar en tu interior cuáles son las motivaciones que te llevan a tener estos sentimientos, es un buen comienzo para poder neutralizarlos y quizás eliminarlos.

Es importante identificar cuáles son las situaciones que te provocan este sentimiento

Para Roché, todas aquellas cuestiones referidas a discusiones presupuestarias (reuniones operativas) eran las que le ponían muy nerviosa. Por lo cual tomó la decisión de releer sus libros de contabilidad para refrescar sus conocimientos y entonces comprender mejor los temas que se discutían y al mismo tiempo, esto le daba seguridad.

Ser objetivos

Si una persona ha tenido un ascenso o fue promocionada mediante una nueva oportunidad en la estructura de la organización, significa que la dirección ha tenido en consideración una serie de hechos y conductas para determinar que sí le corresponde tal reconocimiento. No creer que ha sido únicamente la suerte o el destino.

Cuando alguien te alaba debes escuchar

En vez de pensar que has tenido suerte, que cualquier otro pudo haber sido el elegido, por ejemplo, en el caso del ascenso, hay que dejar que esos halagos calen en nuestra persona. Porque lo que Roché dice, es que las personas con este síndrome siempre están buscando una aprobación de los demás, pero cuando esta llega, la tendencia natural es no darle el valor que tiene.

Recomienda que los que lo han padecido y han sabido salir airosos, puedan ayudar a otros. No cabe duda que además de ser solidarios, reforzarán su seguridad en que nunca volverán a caer en este síndrome destructivo.