EL FARO DE ALEJANDRÍA: ¿Te molesta si invaden tu segunda piel? Es tu espacio personal

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¿Sabes a que se le llama la segunda piel invisible? Es ese espacio perimetral que rodea todo nuestro cuerpo (cuando decimos todo es todo), pero muy específicamente nuestras manos, cabeza y tronco. Sin duda, dada que la comunicación a través de las palabras que se emiten por otras personas y que nos están mirando salen por la boca, la proximidad es especialmente molesta cuando el nivel de acercamiento es como si estuvieran respirando casi en nuestra nariz.

Por tanto, esa segunda piel (ese espacio intangible que ponemos para “defendernos” del resto del mundo) es como un radar personal que nos ayuda a mantenernos a salvo, en esos momentos cuando alguien invade nuestro espacio personal. Son esos instantes en los que reaccionamos instintivamente retrocediendo un par de pasos o desviando la cabeza ligeramente hacia un lado. En realidad, a nadie le gusta que se le aproximen tanto.

¿Por qué reaccionamos así?

Porque hay una razón clara: que las personas cuando creemos que están invadiendo nuestro espacio personal hacen sonar nuestras alarmas, indicándonos que podemos estar en un territorio peligroso, por ejemplo, un exceso de confianza que no nos gusta.

También es cierto que no es lo mismo la gracia que un amigo o compañero de trabajo hace con nosotros en un momento determinado, a que cuando lo hace un jefe, que sentimos su respiración en el cuello. Insisto: obviamente no es lo mismo. Y aunque sea el jefe, el director o un cliente importante de tu negocio, ni a ti ni a mí ni a nadie le gusta que estén atravesando nuestra segunda piel.

Y es que, de manera casi inconsciente, nuestro espacio peripersonal es la zona que establece el margen de seguridad entre nuestro cuerpo y las personas de nuestro entorno (esto en el día a día), así como las de cualquier otro entorno, o sea, aquellas otras personas que incluso no conocemos, pero que en algún momento por motivos, por ejemplo, laborales, tendremos que relacionarnos y conversar con ellas. Ese espacio personal no queremos que sea traspasado, lo consideramos una demostración de poder de la otra parte, o de intromisión, o incluso, de falta de educación.

El espacio peripersonal que tú necesitas va a crecer por efecto de la ansiedad

Esto está probado por investigaciones que se han llevado a cabo, en las que se ha determinado que las barreras físicas que delimitan el espacio peripersonal vamos a moverlas, también casi de manera inconsciente, según sea el nivel de ansiedad. Según los resultados de un reciente experimento, la mayoría de las personas necesitan que se respete un entorno de 20 cm alrededor de su cara, pero quienes sufren síntomas de ansiedad precisarían más distancia.

Los autores C. F. Sambo y G. D. Iannetti, del departamento de Neurociencia, Psicología y Farmacología del University College London, de Londres, Reino Unido, experimentaron con un grupo de 15 voluntarios de 20 a 37 años; los expusieron a “amenazas” a diferentes distancias de la cara y grabaron sus reflejos mediante el parpadeo. Monitorizaron el reflejo de cada voluntario mientras sujetaba su propia mano a 4, 20, 40 y 60 cm del rostro. La magnitud del reflejo sirvió para determinar la sensación de peligro percibida y deducir el tamaño del espacio peripersonal defensivo.

Además, los individuos debían completar un test de autoevaluación para clasificarlos según su nivel de ansiedad. Los resultados de este test se cruzaron con los del experimento. Quienes obtuvieron un nivel alto en el test de ansiedad reaccionaron más intensamente a los estímulos a 20 cm de su cara, y su respuesta se mantenía a distancias más largas que en el caso de los “relajados”. Es decir, los ansiosos percibían los estímulos como más peligrosos y su espacio defensivo era mayor.

Pero puestos a investigar sobre esta temática tan interesante, te resultará también de interés lo que dice la terapeuta y autora Venus Nicolino, afirmando que el espacio peripersonal no es solo una idea intrigante, sino un fenómeno real que afecta la forma en que interactuamos con el mundo. Ella lo describe así: “el espacio personal está integrado en el tejido de nuestro ADN, y el cerebro calcula este espacio como una especie de zona de amortiguamiento”. Es una clarísima barrera protectora, intangible, pero sin duda cumple la finalidad de una barrera física, como si la tuviésemos cubriéndonos todo el cuerpo y especialmente la cara.

Y fíjate ahora lo que agrega que me parece de una claridad meridiana: “es una segunda piel invisible donde la zonificación es flexible, de acuerdo a las circunstancias individuales y sociales. Es la forma en que operamos sierras, martillos neumáticos, licuadoras y otros objetos cotidianos potencialmente peligrosos. Es por eso que nos mantenemos alejados de alguien que percibimos como espeluznante y sabemos que no debemos caminar hacia esas cosas. Por lo tanto, no solo es importante sino vital para que los humanos puedan coexistir con nuestro entorno y entre nosotros”.

Espacio personal y las normas culturales

La zona de amortiguamiento que estableces entre tú y las demás personas, determina a quién dejas entrar y a quién no. Se puede utilizar para solidificar relaciones o repelerlas. Sin duda es una herramienta que poseemos las personas para acercarnos más a ese hombre o esa mujer que nos interesa o lo contrario. Especialmente es un mecanismo de defensa para mantenernos alejado de aquellas personas que sabemos son tóxicas o conflictivas. Cuando no tienes más remedio que aguantarlas por razones laborales, igualmente de manera disimulada vas a seguir manteniendo la barrera que conforma tu segunda piel.

Después de tanto confinamiento y reglas de distanciamiento social que tuvimos que seguir durante la pandemia, también es cierto que todos nos hemos acostumbrado un poco más a no ser tan efusivos como antes. Por ejemplo, en Reino Unido, la gente ahora lucha por equilibrar su sentido natural de reserva con la necesidad de definir cortésmente los límites del espacio personal diciéndoles a las personas que se distancien.

Cerca… pero no demasiado cerca

Según el terapeuta y abogado Bill Eddy, que es también mediadior, director de Entrenamiento del High Conflict Institute en San Diego, y autor de muchos libros incluyendo “5 Types of People Who Can Ruin Your Life” (2018).(5 tipos de personas que pueden arruinar tu vida), afirma que el espacio personal, incluso dentro de un área geográfica o cultural, tiene múltiples variables. Eddy se especializa en resolución de conflictos, por lo que sabe mucho sobre la invasión psicológica y física de espacios seguros. Nos da un dato revelador, afirmando que “antes de que llegara el virus, las cantidades aceptables de espacio personal en Estados Unidos variaban mucho de una persona a otra, según la personalidad, la educación, los antecedentes culturales y la edad”.

Diferentes tipos de espacios personales

Lo que también tienes que tener en cuenta es que hay diferentes tipos de espacio personal que incluyen y responden a las siguientes circunstancias:

– En primer lugar, el espacio físico que nos rodea.

– En segundo lugar, el espacio de tiempo, ya que solo necesitas, por ejemplo, unos minutos para ocuparte de ver tu bandeja de entrada de tus mails (claro, si eres organizado y lo tienes perfectamente establecido en qué momentos los lees).

– En tercer lugar, el espacio emocional, que es ese momento o momentos en los que necesitas entrar en una fase de calma, reducir tu estrés y bajar la ansiedad, después de que haya ocurrido algo, sea un cambio inesperado, por ejemplo, en los procedimientos que a diario se hacen en tu empresa y que está afectando tus tareas en tu puesto de trabajo; en el plano estrictamente personal, por una noticia que te afecta, la cual debes asumirla y digerirla.

– En cuarto lugar, tu espacio de actividad, siendo un ejemplo claro cuando te sientas junto a tu pareja en el sofá para ver una película, pero cuando tienes que forzosamente contestar a un mail que tienes que enviar esa misma noche, debes concentrarte y necesitas sentarte más lejos. También se produce en el propio espacio de trabajo, en el que una discusión con tu jefe te parece inadecuada las maneras, no por el fondo de lo que han discutido, sino por la forma, o sea, que se acercó demasiado y podías percibir su aliento en tu rostro. Esto es molesto tanto física como anímicamente.

Las alarmas de tu espacio personal sonarían, advirtiéndote que alguien con quien no estabas íntimamente conectado te estaba haciendo sentir incómodo.

Lo que debes hacer cuando tu espacio personal es invadido

– No lo tomes como algo personal.

– Lo podrás gestionar mejor si no te dejas afectar emocionalmente.

– Ten en cuenta las circunstancias en las que se produce, ya que durante la mayor parte del tiempo durante la pandemia simplemente nos hemos sentido y comportado como personas diferentes.

– Los límites, tanto de las normas culturales y formas de conducirse las personas en los ámbitos laborales y personales, cambian y evolucionan constantemente. O sea, es conveniente que tengas cierta flexibilidad en tu reacción, siempre y cuando no te sientas agredido por un exceso de acercamiento.

– No tienes que sentirte culpable por establecer y mantener tus propios límites.

– Simplemente un paso atrás es una forma elegante de hacerlo. A menudo, si alguien se acerca demasiado, basta con que reorientes tu posición en el sitio (pasillo, espacio entre escritorios, salón, etc.) para que tengas más espacio. Pero si la persona o personas vuelven a avanzar y sientes que están realmente invadiéndote, puedes decirle o decirles, por ejemplo, por qué no vamos a la máquina de café para estar más cómodos.

– También puede que se te produzca siempre esta situación con la misma persona, lo cual ya es para ti un problema sistémico

Qué cosas debes decir

– Hazle saber verbalmente a la persona que está demasiado cerca.

– Para hacerlo de manera efectiva debes mantener un tono de voz que sea agradable, correcto en cuanto a la intención que perciba la otra persona, pero que demuestre una actitud de firmeza.

-Debes indicar lo que quieres y lo que necesitas sin culpar ni ponerte a la defensiva.

– Debes hacer uso de tu comunicación no verbal, por ejemplo, levantar una mano de manera clara, pero con una actitud elegante (no agresiva) como invitando a ubicarse a la otra persona unos metros más al costado o buscando un nuevo espacio en el que las distancias se corrijan.

-En todo momento debes alinear la comunicación verbal con la gestual.

– Utilizar expresiones como «Estoy tratando de tener cuidado con el COVID» o «No puedo mirarte a los ojos cuando estás tan cerca» o «Necesito espacio para pensar», son todas ellas frases de distensión que relajan a las personas, su intencionalidad de fuerza se rebaja y también se produce un alivio de tensión en el ambiente.

Siempre te he dicho que “El Faro de Alejandría” es esa luz que debe servirte como mi lector/a para poder, en primer lugar, informarte de algo que no habías tenido ocasión de leer hasta el momento en que lees mi artículo; otra razón, la de que puedas comprender situaciones que se dan en las relaciones interpersonales tanto en los ambientes laborales como en tu ámbito personal, en las cuales te puede ser de gran utilidad ver las cosas desde otro punto de vista; mi responsabilidad divulgativa no se opone a la que siempre por deformación profesional docente vengo realizando desde hace años; me refiero a la formativa.

Por ello, en mi entrega de hoy voy a destacar lo que una mujer estadounidense respondía ante una pregunta sobre lo que sentía ante la invasión de su espacio personal. Me parece muy elocuente su respuesta, por eso la transcribo:

“Cuando alguien invade mi espacio personal, siento una combinación de estrés, ansiedad y un poco de ira. La parte de la ira se debe a que alguien siente que tiene el «derecho» de acercarse demasiado, y eso me parece una falta de respeto. Como soy mujer, por lo general es un hombre quien hace esto, pero no siempre. A veces es algo cultural. Algunas culturas se vuelven muy, muy cercanas para tener una conversación personal. Los estadounidenses (en general) prefieren una buena zona de amortiguamiento (alrededor de 3 pies más o menos)” (Esto corresponde a 30 cm)

“Mi respuesta depende de la persona y la situación. Si puedo alejarme, lo hago. Si estoy «atrapada», entonces hablo. Por lo general, trato de mantenerlo un poco lejos. Hago una broma (oye, puedo ver los pelos de tu nariz muy claramente desde esta distancia). O toser, o estornudar, o ambos. Si conozco muy bien a la persona, solo pido más espacio (por ejemplo, voy a necesitar que retrocedas unos 3 pies. Me estás haciendo sentir incómoda)”.

“Eso es solo por pararse o sentarse demasiado cerca. Hay un problema completamente diferente con las personas que no respetan sus posesiones personales. Para eso necesitas ser firme, y dejar claras tus expectativas. He ido tan lejos como para poner mi nombre en artículos con una rotuladora. Espero que algunas de estas tácticas funcionen. Lo importante es hacer algo al respecto. No sufras en silencio. Sólo invita a más abuso”.

Como ya conoces mi estilo, te recuerdo mi pregunta inicial: ¿Te molesta si invaden tu segunda piel? Es tu espacio personal. Sin duda te he dejado algunos elementos para defender el tuyo (debes hacerlo), y argumentos por el cuál debes hacer sentir a los demás tu derecho a tenerlo. ¡Es tu segunda piel!

Autor

Vicepresidente del FORO Ecofin y director de www.ecofin.es , CEO de www.demuestra.com, Presidente del Instituto Ecofin de Liderazgo, coordinador académico de la Red e Latam del grupo Media-TICS. Puedes enviarme comentarios y consultas a jzunni@telefonica.net
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