EL FARO DE ALEJANDRÍA ¿Tomaste bien esa decisión o estás inseguro/a de lo que has decidido?

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¿A qué no te has parado a pensar en cómo tomas tus decisiones? Obviamente no es algo en que debes detenerte todos los días, pero te aseguro que en función de cómo te estén yendo las cosas, tendrás más interés en conocer tu mecanismo decisorio. Por aquello, de que te pones a pensar si has estado acertado, por ejemplo, en el caso de que seas un emprendedor y has fichado una persona para que se ocupe de la atención de tus clientes que hacen compras por catálogo. Entonces te preguntas: ¿cuánto tiempo requiere que demuestre sus resultados? Porque lo que te carcome el cerebro es cuándo este nuevo empleado te será rentable, para saber que no te has equivocado. O sea, te has planteado dudas desde el inicio en que hiciste el contrato y también tienes dudas sobre el tiempo en que se convertirá en rentable.

Este tipo de situaciones que, te pueden pasar como empresario, o que, también te pueden suceder con una decisión en la empresa en la que trabajas y ocupas un cargo de responsabilidad, corresponden a lo que se llama técnicamente como “los estados internos del cerebro”, que son los que afectan la toma de decisiones.

Estado interno es un término usado en neurociencia y psicología, pero es una expresión que nos es familiar, ya que algunos de los estados internos que experimenta una persona son la impulsividad, el hambre, la ansiedad, la fatiga, etc. Y hay investigaciones que demuestran que el aumento y disminución del estado mental de la mente humana influye en el individuo en su toma de decisiones. Y un dato importante es que no influye solo en el día de hoy o en el de mañana: lo hace en el largo plazo.

Pero es que además se están realizando nuevos estudios y nuevos experimentos en todo el mundo para que las personas puedan ser más conscientes de sí mismas. Y esto sí que es relevante, ya que las investigaciones son esenciales para obtener una mejor comprensión sobre uno mismo. Es una forma de auto-introspección en la que una persona puede comprender su propia psicología, al mismo tiempo que trata de procesarse a sí mismo en diversas situaciones o desafíos por los que atraviesa. Y este mayor conocimiento hacia nuestro interior, nos ayuda a tener un enfoque positivo sobre cómo nos sentimos respecto a los demás y el entorno, lo cual es esencial para la autoestima, la confianza en uno mismo y estar motivado para cualquier tarea que deba realizarse también con un determinado nivel de motivación.

No debemos olvidar que el funcionamiento del cerebro, las hormonas, las emociones, las fortalezas cognitivas, todos estos factores juegan un papel importante en el funcionamiento diario que tú y yo tenemos como personas, pensantes y emocionales.

Cómo funciona nuestra mente

No hay mucho por lo que debes romperte “el coco” de cómo tomas una decisión, ya sea en tu empresa o en tu trabajo en el que ocupas una posición de responsabilidad, como de tantas otras decisiones operativas que ejecutas a diario, cuando siempre tienes delante los elementos de juicio (facturas, listas de precios, información y datos que conforman esa operación, etc.)  sobre los que te basas para tomarla. Por ejemplo, un descuento que le quieres hacer a un cliente VIP.

Pero en realidad, cuando tomaste esta decisión además de basarte en información que tienes directamente frente a ti, has contado también con más de 70.000 estímulos que te están bombardeando cada día, que son todos esos inputs que tienes guardados en tu archivo cerebral y que como en una biblioteca gigante los vas a ir utilizando según los necesites. Pero, además, te estarán influyendo la cantidad de inputs diario nuevos que recibes del entorno en el que actúas, en este caso, en tu negocio y el sector de actividad al que pertenece.

Entonces ¿qué es lo que realmente te hace decidir?

Para dar respuesta a esto, debo decirte que nuestra capacidad de almacenamiento de información es sorprendente. Con cada acción que realizamos, cosa que hacemos constantemente cada día, todo queda registrado en nuestro cerebro, por ello, no solo cuando estudiamos almacenamos información. Nuestra actividad mental, como es obvio, no se limita solo para un instante, en referencia a cuando se toma una decisión. La actividad mental es como un generador de energía que no se apaga nunca, y toda esa información se guarda en la memoria sensorial, en la memoria a corto plazo y la memoria a largo plazo. Así es como el cerebro controla la información que recibimos y la distribuye, logrando con este mecanismo evitar que, como personas pensantes y emocionales, estemos sobrecargados de tensión, porque de tener que procesar toda la información de la que disponemos todo el tiempo, nos sería absolutamente imposible, fallaría nuestra CPU.

De todo lo que hacemos y hemos venido haciendo en el pasado, toda la información está ahí guardada. Le debemos a las conexiones neuronales que nuestro cerebro trabaje en cada una de las memorias al mismo tiempo. Cabe resaltar que la capacidad de nuestro cerebro está cerca de 2.5 petabytes, es decir un millón de gigabytes. ¡Un poco más que tu iphone o tu ordenador…ja…ja…! ¡Inabarcable!

Desde ya que no usamos toda nuestra capacidad potencial del cerebro, siendo además que algunas memorias ocupan más espacio que otras. Y un pequeño detalle: no trates de hacer como haces en tu ordenador de la oficina o el portátil de tu casa: “delete” (o sea borrar la información). Porque no podrás hacerlo ya que es el cerebro el que lo hace por su cuenta y de manera constante.

Sin duda son las emociones y los recuerdos que nos producen las que se graban con mayor facilidad que, otro tipo de datos, como los vinculados a tu actividad del negocio, que confías aquí sí en la memoria de tu ordenador, en tus ficheros y por supuesto en tus empleados. Porque a diferencia de la información que corresponde a los datos emocionales, los que son de tipo rutinario y operativo son más difíciles de guardar en el cerebro, casi no nos esforzamos, porque sabemos que contamos con otras herramientas de ayuda. Además, nuestro cerebro no se llena completamente de información, ya que una persona no puede retener tantos datos por mucho tiempo.

Pensemos en tu actividad, suponiendo que eres un emprendedor que está muy ocupado diariamente para mantener y potenciar tu negocio. Estás siempre orientado a la acción y acostumbrado a tener el control (y tener razón). Digamos, que te gusta que prevalezca tu punto de vista en las cosas que haces. Esto es bueno, porque justamente un empresario tiene que tener la iniciativa y esa motivación constante de superación, lo que necesariamente te lleva a querer tener el control de todo lo que haces. Esto incluye la relación con tus empleados. Pero claro está, que sabiendo que cuentas con empleados experimentados y que están haciendo un buen trabajo, sabes que ellos también tienen su cuota de responsabilidad en mantener la calidad del trabajo que se está haciendo y el servicio que estás brindando a tu clientela.

Pero a pesar de ello, a veces te excedes en querer estar hasta en el más mínimo detalle, es un impulso innato de todos los emprendedores exitosos que han sabido llevar sus negocios habiendo atravesado varias crisis como las que hemos tenido en los últimos años. Pero tu mente, como decimos coloquialmente (tu cabeza) está puesta en la dirección que siempre has imaginado llevar para tu negocio, porque sabes qué es la que te da rentabilidad. Y quieres que, a su vez, el negocio siga siendo rentable en el futuro. Crees firmemente que todas las decisiones deben pasar por ti. Por ello, será difícil convencerte de que no debes ejercer un control absoluto y debes delegar. Y en este punto vienen tus dudas en la decisión que debes tomar para dar más autonomía y poder decisorio al menos, a uno de los empleados más capacitados. Y esto es algo que tendrás que pensar, ya que, con frecuencia, nuestra necesidad de control puede ser perjudicial. Causa problemas en las relaciones tanto profesionales como personales.

Es importante diferenciar entre el cerebro y la mente

Tu mente es una cosa menos tangible que el cerebro. Es la parte de todo tu ser que está consciente, también conocida como tu conciencia. No vamos a discutir en esta entrega si es más espiritual (como sostienen algunos) o más en línea con nuestra fisiología (por la interconexión neuronal que defienden los científicos de la neurociencia).

Lo que tienes que comprender hoy es que el poder de la mente va más allá de lo que solemos pensar. Su capacidad es poderosa mucho más de lo que podamos imaginar. Porque más allá de la conciencia existe un mundo por descubrir donde enterramos nuestros miedos, incertidumbres y esos impulsos que nos parecen inaceptables.

Sin embargo, en ese mismo sitio también surgen las ideas más creativas y las mayores pasiones, crecen muchos de nuestros sueños e ilusiones. Se trata de nuestra mente subconsciente o inconsciente y, aunque durante décadas ha estado escondida detrás de un velo de misterio, hoy contamos con técnicas que nos permiten acceder a este terreno de la mente con el objetivo de potenciar nuestro equilibrio psicológico o conseguir nuestras metas.

Es por ello que siempre se ha utilizado el símil del iceberg, por aquello de que lo que se esconde bajo la superficie es varias veces el tamaño de lo que puede observarse a nivel del agua. Esta gran masa que no vemos vendría a ser el subconsciente, el cual, sorprendentemente, es mucho más activo de lo que creemos. Trabaja de manera constante, aunque nosotros no percibamos esta actividad.

Es el caso de cuando adoptamos una actitud o mostramos una acción que nos resulta un poco extraña y no sabemos por qué. Se manifiesta a través de los sueños, los actos fallidos en el caso de que finalmente hacemos lo contrario de lo que queremos y los lapsus linguae (error lingüístico o tropiezo cometido al hablar). Pero lo importante, es que todo este gran territorio aparentemente desconocido que es el subconsciente, puede accederse a él a través de la psicoterapia, la hipnosis, la auto-hipnosis y técnicas refinadas de meditación.

¿Cómo afectan nuestras emociones al tomar decisiones?

Te he preguntado al inicio si ¿tomaste bien esa decisión o estás inseguro/a de lo que has decidido? Hasta aquí me he referido a los procesos decisorios en función de los estados internos y te orienté respecto a la cantidad de información que tienes guardada en tu cerebro a la que apelas para tomar una decisión junto a saber procesar también los inputs que te llegan constantemente del entorno.

Ahora bien, el equilibrio que debes buscar es que lo que te dice tu instinto, pero no en solitario, sino también teniendo en cuenta los pros y las contras de la situación sobre la que debes decidir. Ni es bueno ser absolutamente visceral ni tampoco invertir un excesivo tiempo en analizar la situación, porque de esta manera, de lo que finalmente te vas a arrepentir, es de no tomar oportunamente la decisión o simplemente, no tomarla.

A medida que vamos cumpliendo años, controlamos mejor las emociones y tenemos ese olfato especial para determinar si es buena o mala la decisión que debemos tomar. Volviendo al caso de tu negocio, la experiencia que tienes de años en lo tuyo, hace que te sea fácil guiarte por la intuición porque la tienes siempre bien acompañada por los datos de tu propia experiencia, de cómo han funcionado las cosas una y otra vez. Claro está, que cada nueva decisión tienes que evaluarla en función de las circunstancias actuales, para lo cual, como vas a ritmo frenético en el día a día, aquí pesa mucho tu intuición (es la parte más emocional) y el análisis crítico y lógico (los datos que están en tu cabeza y que conforman la historia de tu actividad mercantil).

O sea, que incluso cuando tú crees que tomas una decisión basada en la lógica y el sentido común, lo cierto es que con frecuencia la misma está guiada por la emoción.

Si comprendes bien el rol que juegan las emociones en tu proceso de toma de decisiones, aprenderás a hallar el equilibrio perfecto entre razón e intuición para saber elegir con cierto grado de seguridad, cuáles son tus mejores opciones en cada momento que hagan que puedas sentirte mejor y preserves eso que se llama bienestar.

Acertar según la naturaleza de la decisión y la celeridad con la que la tomas

Las emociones no solo pueden influir en la naturaleza de tu decisión, sino con la velocidad con la que las tomas. Si estás enojado por cualquier motivo, este hecho puede hacer que te precipites en la toma de una decisión porque te has generado impaciencia. Este tipo de decisiones rápidas sin que tengas en cuenta las consecuencias de lo que vas a decidir, siempre (digamos en una gran mayoría de situaciones) te llevarán a arrepentirte tanto de la naturaleza de lo decidido como del momento en que lo has hecho. Puedes decirte a ti mismo que “es que me tengo confianza” pero puede ser un espejismo, un autoengaño, como ese falso optimismo cuando solo te guía la emoción sin un atisbo de análisis lógico.

También es cierto que, en alguna circunstancia, la decisión debes tomarla en un momento en que, por un imprevisto, caso de un incendio en tu local, las personas y tú mismo sean presas del miedo, lo que te fuerce a tomar tu decisión de dejar todo como está y evitar daños personales. En este tipo de situaciones, en el 99% de los casos las decisiones que tomes estarán bien tomadas. Pero puede ocurrir que otras que no correspondan a accidentes sino a circunstancias extraordinarias que se han producido, por ejemplo, el cierre de los negocios por el confinamiento durante la pandemia, es algo que sorprendió a todos, por tanto, tus decisiones como las de todo el mundo se vieron afectadas por la incertidumbre y la cautela, lo que hace que estés un poco más como observador para decantarte finalmente por una opción, caso de cierre definitivo del negocio, o de esperar ayudas del gobierno, etc. Pero en la medida que el miedo lo gestionabas bien y dejabas sitio al análisis crítico, verías que también se podía hacer teletrabajo dependiendo eso sí de la naturaleza del negocio que tú tienes.

Además, las decisiones que adoptamos movidos por las emociones pueden ser más compasivas, especialmente si afectan a otras personas. Esto es verificable siempre cuando alguien arriesga su vida por salvar a otras personas.

Si me has comprendido bien hasta este instante, de dónde parten tus emociones y empiezas a ser consciente de cómo afectan a tu pensamiento y comportamiento, puedes practicar cómo reaccionar a ellas y aprender a tomar mejores decisiones. En poco tiempo sabrás cuándo escuchar a tus emociones y cuándo no.

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