En una semana los árboles de la ribera del Tormes, en La Aldehuela, se han cuajado de hojas y la sombra que proyectan nos refresca durante el paseo.
Troncos centenarios que resisten tempestades, tormentas, heladas, calor y viento, porque sus raíces se amarran con fuerza a la tierra ribereña y buscan, hidrófilas, el caudal del Río Tormes para saciar su sed.
Alrededor nuestro, la naturaleza despierta a la vida con obstinada fuerza, trayendo consigo esperanza de futuro y la belleza impetuosa de lo que está por estrenar.
En el hemisferio septentrional y en nuestra latitud, pase lo que pase y pese a quien pese, tenemos asegurado un año más el continuo retorno de las estaciones.
Florecer es renacer.