Imperfecta

- en Firmas

Siempre digo que la perfección no existe. Además, sería muy aburrido que todas las personas fuéramos perfectas.

En la diversidad está el gusto.

La marca española Anabel Lee tiene un lema en una de sus prendas: “Cada día más humana, menos perfecta y más feliz”.

Venga, vamos a tatuarnos esta frase para que no se nos olvide.

La presión social, sobre todo a las mujeres, nos obliga a no salir de casa con una arruga, ya sea en la ropa o en nuestro cuerpo. Ni con un kilo de más o dos.

Nos miran, y nos miramos, con lupa para buscar esa perfección que, en realidad, nunca hallaremos.

Lo importante es que tú te sientas bien, cómoda, a gusto, sin presiones, con la autoestima bien arriba.

Y para sentirte así, puedes ir en chándal (como Chenoa, ¡arriba!), en traje de chaqueta, en pijama, con la raya del ojo pintada casi perfecta, con la cara lavada y el grano a punto de salir, maquillada sin que se note, roja por el ejercicio que acabas de hacer, …

Luchamos contra nuestro cuerpo (yo la primera), sin aceptarnos tal y como somos; escuchando al Pepito Grillo malo decirnos al oído, bien cerquita, para asegurarse que le escuchamos correctamente, que eso no lo podemos comer, que tenemos que hacer ejercicio hasta la extenuación para bajar esos kilos que nos han dicho que nos sobran, etc.

Todo a nuestro alrededor nos taladra para “cuidarnos”; pero, en realidad, es para someternos, esclavizarnos a la cultura de la belleza a la que le interesa una mierda que de salud estemos bien, pues lo que pretende, en verdad, es que gastemos nuestro dinero hasta la extenuación, comprando los productos “milagro” para alcanzar un nivel de belleza que es imposible de conseguir, un sueño inalcanzable.

Queridas y queridos, capitalismo puro y duro.

Reivindico la imperfección.

Reivindico las arrugas que muestran el paso de la vida, porque la hemos vivido, las risas a carcajadas de diferentes tipos, el proceso de decisión que nos hace arrugar el entrecejo porque estamos esforzándonos por pensar rápido.

Reivindico las estrías. Son la muestra de que nuestro cuerpo evoluciona, se va haciendo mayor en todos los sentidos. En el caso de las mujeres, nos salen más por el cambio hormonal, por traer vida al mundo, por los cambios de peso según la época de nuestra vida en la que estemos.

Reivindico el cabello blanco, con canas, tricolor, corto, largo, a capas… No hay un tipo de corte acorde a cada edad. Hay un tipo de corte que va de acuerdo a tu etapa vital, creo yo, a cómo te sientas en ese momento, a lo que quieras. Hay veces que acertamos y, hay otras, quizás demasiadas para nuestro gusto, que nos equivocamos. Pero, tranquilas, el pelo crece. Más rápido o más lento, pero crece. Y podemos volver a equivocarnos y no pasa nada.

Reivindico la tripa. Esa que nos queda después de dar a luz, la que nos sale por una vida sedentaria (venga, vamos a hacer ejercicio, vamos a movernos, pero por salud, no por alcanzar el arquetipo escultural que nos marca la sociedad), la que aparece hinchada en la época previa a la menstruación.

Como he visto en redes sociales, en la cuenta @cementeriodelibros, “entonces se desnudó, y donde ella aseguraba que sobraban kilos, yo juré que le faltaban besos” (Pérez Vallejo).

Este artículo, en esta ocasión, más que nunca, es para mí. Para recordarme siempre, que la perfección no existe (ni en el caso de que fueras Mary Poppins) y que la verdadera belleza es una actitud. Y que eres increíblemente preciosa, cuando eres auténtica (El Maltrato sutitl).

Recomendación musical: Guapos y guapas de El Kanka.

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.