Intimidad

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¿Cuál es el significado de la palabra intimidad?¿es lo mismo intimidad que intimidar? ¿Y el derecho a la intimidad? según la RAE el derecho a la intimidad es el :

Derecho a disfrutar de un ámbito propio y reservado para desarrollar una vida personal y familiar plena y libre, excluido tanto del conocimiento como de las intromisiones de terceros.”

Pero ¿Tienen todos los seres humanos este derecho?¿ O solo es para unos pocos privilegiados?

Cuando una persona realiza un trabajo público, ya sea en mayor o menor escala, parece que pierde este derecho. Una persona anónima con un trabajo anónimo puede, por ejemplo, salir un día con sus amigos o familiares ,tomarse unas copas y desmadrarse en mayor   o menor medida, pero ¿qué pasa cuando esa persona ya no es tan anónima?

Imaginemos una persona conocida a escala local, posiblemente al día siguiente habría videos e imágenes del “famoso desmadre”, al cual tiene derecho mientras que cumpla con las leyes y en todo caso, si no lo hiciese, sería la policía quien tendría que tomar cartas en el asunto. Entonces ¿por qué nosotros, la sociedad, actuamos como juez y verdugo?¿quién tiene derecho a serlo?, una persona con la moral intachable y el “curriculum perfecto “ ¿podría tener la catadura moral para hacer ese juicio?¿existe esa persona? O existen las personas que realizan un papel perfecto de puertas para fuera de su casa pero, ¿qué pasaría si pudiéramos verles por un agujerito?¿ seguiría siendo esa persona 100% perfecta o la cosa cambiaria?

No hablemos ya de una persona conocida a escala nacional o mundial, este acto tendría una repercusión que llenaría titulares de revistas , periódicos y televisiones durante semanas, pudiendo ser más o menos permisivos según la profesión de la persona en cuestión, es decir, no le podemos exigir lo mismo a un cantante o youtuber que a un político o un catedrático, los cuales tienen que tener un comportamiento, los 7 días de la semana las 24 horas de
cada día, intachable.

¿Somos justos? ¿O nos estamos convirtiendo en una sociedad tan envenenada que se preocupa más por lo que hace el vecino que por el mismo y que en muchos casos disfruta haciendo daño en este tipo de casos porque posiblemente tengan una vida tan infeliz que intentar destruir la del vecino les reporta su ratito de alegría?

¿Nos damos cuenta del daño que causamos con nuestras actitudes destructivas? Si una persona comete un acto moralmente reprobable ¿quién decide cual y como debe ser su castigo?¿su vecino?¿su cliente?¿su votante?, o en todo caso deberíamos “juzgar” a esa persona por como desempeña su trabajo y no por lo que hace en su tiempo libre, que como digo es libre y no le corresponde a nadie invadir ese espacio, y mucho menos juzgarlo.

Estamos creando una sociedad peligrosa en este sentido , donde todos observamos a todos los demás buscando en ellos el sumun de la perfección y esperando a que tropiecen para poder pisotearles y saciar así nuestra infelicidad manifiesta.

Fomentamos la cultura del miedo, la paranoia incluso, vivimos en continuo estrés guardando las apariencias para parecer perfectos.

El ser humano es imperfecto por naturaleza y tratar de parecerlo de forma continuada cuanto menos es agotador.

¿Hacemos lo correcto educando así a nuestro hijos? Serán miembros activos de la sociedad en unos años y les enseñamos a no aprender de los errores y que los trapos sucios se lavan en casa, a guardar un total hermetismo ante
cualquier cosa mal hecha, para poder ocultarla y eliminarla lo antes posible.

Les enseñamos a envidiar a su vecino y a sacar provecho del “mal ajeno”, a destruir a los demás por diversión. Es una nueva versión del circo romano donde no hay gladiadores ni leones pero si hay ganas de “sangre y arena”.

¿Serán así felices? ¿O aparentarán serlo, hasta llegar al descansillo de sus casas, donde regresaran a su cruda realidad?

Tenemos como sociedad una labor difícil pero necesaria, cambiar.

No podemos dejar este legado a futuras generaciones, tienen que aprender a caerse y levantarse sin vergüenza , a dejar a un lado el qué dirán y a ser libres. A creer en los demás y a alegrarse de lo bueno que le pasa a su prójimo, y si
comete algún fallo a no hacer leña del árbol caído, sino todo lo contrario. Cuando una persona llega a ese estado de paz y armonía consigo mismo y con los demás, entonces y solo entonces puede ser feliz.

Nadie tiene derecho a juzgarte y mucho menos a entrometerse en tu espacio privado y personal, seas quien seas y tengas el cargo que tengas. Aunque los cargos generen cargas , estas son demasiado pesadas e innecesarias para que cualquier ser humano las lleve en su mochila. Si te crees que tienes el derecho de juzgar a los demás, hazlo de una forma constructiva valorando como hace su trabajo y no que hace o con quien en su tiempo personal y privado.

Dejemos de fomentar los “vicios privados y las públicas virtudes” y dediquémonos a disfrutar nuestra vida sin mirar lo que hacen los demás porque ¿qué hay mejor que nuestra intimidad sea solo nuestra y de más nadie.

Autor

Salmantino. Profesor de secundaria y bachillerato. Educador educándose. 5º mejor profesor de España premios Educa-Abanca.

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