La sonrisa de nuestras entrañas, no es una simple sonrisa. Es mucho más que eso, es el reflejo del alma. Son muchas las ocasiones que no damos valor a una sonrisa, cuando es parte de la fuerza que nos ayuda a salir adelante si la vida nos pone en la tesitura de combatir un problema.
Una sonrisa es la sabiduría del corazón, a veces, amado y en otras ocasiones herido.
Una sonrisa es la fortaleza que, en algunos instantes, inesperadamente, se esconde.
Una sonrisa es el brillo que nuestra mirada transmite.
Una sonrisa es un gesto simple, lleno de vida.
No la ocultes.
No la escondas.
No prescindas de su valor.
Porque solo ella, es la gran conocedora de la multitud de secretos que con recelo guardamos en nuestro interior. Siempre he pensado que una sonrisa es la gran provocadora de otras, envuelta en su silencio, sibilina, callada, pero sobre todo opino que es un gesto lleno de coraje. Se dibuja en nuestro rostro, y sin decir nada, nos demuestra, que tiene el poder de cambiar nuestro día, nuestra vida e incluso el mundo si se lo propone.
Creo que uno de los mejores consejos que os puedo transmitir con mis palabras es este:
Vive, ama, llora, sonríe, y al final del camino nunca dudes en agarrarte a tu sonrisa. Porque solo ella, con su manera de mirarnos, conseguirá elevar el silencio de tu alma a una conversación plácida, incluso cuando se halla exenta de palabras.
Con mis palabras solo pretendo exaltar el valor de vuestra sonrisa. Recordad, que aunque esta vida no es de color de rosa, es bella. Porque nos regala momentos inolvidables que quedarán impregnados en el corazón de cientos de personas.
Sonríe, porque solo así truncaras el recorrido de tus lágrimas.