La tolerancia no es un juego

- en Firmas

La tolerancia no es un juego; quizá sí sea una virtud. Aun así, considero que debe tener límites para que nadie se aproveche de lo que nuestro corazón transmite a través de cada latido. Porque, muchas veces, tolerar determinadas situaciones no es sinónimo de fragilidad, ni tampoco ausencia de fortaleza. En realidad, tiene mucho más que ver con el cariño, afecto y vínculo que sentimos hacia la otra persona.

Y no hablo únicamente del amor hacia una pareja. También me refiero a la amistad, al amor de padres a hijos, a la familia o a esas personas que ocupan un lugar importante en nuestra vida. La tolerancia no entiende de estadísticas ni de fórmulas exactas, porque cada persona es un mundo y cada circunstancia nos pone a prueba de una manera distinta. Nunca había pensado escribir sobre este tema, pero siento que todos, incluida yo, deberíamos detenernos unos minutos para reflexionar sobre él.

La tolerancia no es lo mismo que la paciencia, ni tampoco que la empatía. Es una lección de vida que, tarde o temprano, se cruza en nuestro camino y que, si no sabemos gestionarla, puede acabar en un doloroso desenlace. No consiste solo en comprender o en perdonar; también implica saber cuándo debemos decir «hasta aquí». Porque poner límites no destruye una relación, la protege.

Quienes tenemos hijos sabemos que educar va mucho más allá de enseñar buenos modales. Es nuestra obligación mostrarles qué deben tolerar y qué no. Debemos enseñarles que ser una buena persona no significa permitir faltas de respeto, humillaciones o comportamientos que dañen su dignidad. No queremos que crezcan aprendiendo a callar por miedo, sino que sepan alzar la voz con educación cuando alguien cruce una línea que nunca debió traspasar.

Respetar a los demás siempre será un valor imprescindible. Pero también tenemos que enseñar a nuestro entorno que el respeto empieza por uno mismo. No todo es tolerable, ni todas las actitudes merecen una segunda oportunidad. Hay palabras que hieren, gestos que dejan cicatrices y acciones que, por mucho cariño que exista, jamás deberían normalizarse.

Recordad que tolerar por querer a alguien no siempre es amar, ni significa renunciar a uno mismo. Tolerad solo aquello que nazca del respeto mutuo, la sinceridad y un aprecio verdadero. Porque el amor jamás debería doler, la amistad nunca tendría que humillar y el buen trato no necesita condiciones.

«Aprender a decir basta, no nos hace más fríos; pero si más libres. A veces, el mayor acto de amor propio no es seguir soportando. Para ayudar a los demás, primero debemos aprender a cuidar de nosotros mismos, solo así entenderemos que poner límites no es un acto de egoísmo, sino una forma de proteger nuestra paz y valorar quienes realmente somos»