Tierra de meigas, desamores,
verdes campos mojados,
olor a humo e incienso,
adornado con las sonrisas de sus peregrinos educados.
Camelias y hortensias que colorean aquellos parques y pazos.
Hórreos que culminan erguidos e impasibles con el tiempo.
Símbolos celtas y escudos perpetuos.
Río Sarria,
cuenta la leyenda que fue creado a partir de las lágrimas de una joven que lloraba un amor perdido.
Su amado,
un brujo, había sido desterrado por un señor feudal,
el padre de la joven, imposibilitando de ese modo,
el amor que ambos sentían el uno por el otro.
El heno empacado,
los cruceiros que rodean las iglesias,
el polvo a feira, mejor con leche que con agua destilada,
y en los furanchos disfrutar de una queimada.
Para finalizar una larpeira, hechizada por la luz de luna,
estamos en el luscofusco,
donde las luces se confunden con las sombras.
Ya llega la morriña, observando la nebra.
Nos despedimos con un bico.
Marcho que «teño» que marchar,
antes de que vuelva la lluvia.
Que como se dice en Galicia:
NUNCA CHOVEU QUE NON ESCAMPARA.