LAS COSITAS DE JES MARTINS: La edad y los espectáculos de calle

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Las cositas de Jes Martins

Resulta que en esto de ir cumpliendo años uno no hecha cuenta alguna hasta que se producen ciertas situaciones que antes se resolvían con relativa facilidad y ahora, camufladas por esa desbordante alegría, según se mire, de cumplir años que trastoca la verdadera realidad, pues resulta que no.

Todos tranquilos que describo la situación para que el respetable me entienda a las mil maravillas.

Resulta que llevo a mi hijo mayor a jugar un partido de fútbol y hasta ahí todo perfecto y muy normal. Comienza el partido y en el transcurrir del mismo el balón sale de banda quedando a escasos metros de mi persona. A un servidor que está apoyado en una valla normal de estas que llegan hasta la cintura y que bordean el terreno de juego, pues resulta que le entran dudas de sí salta o pasar por debajo para devolver dicha pelota al terreno de juego. Que gran disyuntiva. Que terrible encrucijada. Parece que el mundo se detiene ante tus ojos. Piensas: Ahí madre mía que hago paso por debajo o salto como siempre he hecho.

Es en ese preciso instante donde asumes que ya eres mayor porque algo tan sencillo como saltar una valla de media altura te suscita dudas y comienzas a entender la expresión “Boomer” que en varias ocasiones te dejan caer los amigos de tu hijo mayor. No me podrán negar que eso de las palabrejas nuevas que emplean nuestros preadolescentes daría para otro capítulo aparte.

De repente el pánico escénico te embarga y a sabiendas que la situación es de extrema gravedad en cuanto al prestigio personal se refiere, decides con todas tus fuerza saltar cual Almonteño en el salto de la reja o como si una secuencia de los famosos “Oliver y Benji” se tratase sin darte cuenta que son miles de ojos los que te observan.

Ya no hay vuelta atrás. La suerte está echada “Alea Jacta Est”. Decides saltar igual que Leonardo Dicaprio en la película de Titánic o como el zorro, interpretado magistralmente por Antonio Banderas, a un tren en movimiento, sin darte cuenta que la opción de agacharte también habría sido válida y de menor repercusión en cuanto a fallo.

De repente cuando piensas haber superado dicho obstáculo, la puntera de tu pie izquierdo roza sutilmente la valla provocando un leve cambio de dirección en tu esbelta trayectoria, digna de un genial acróbata del Circo Del Sol, y hace que tu cuerpo salga disparado en menos de lo que canta un gallo contra el césped sintético que cubre el terreno de juego. Tu cara impacta contra el suelo y realizas un medio giro mortal con doble tirabuzón incluido perdiendo el sentido de la orientación. Donde está la pelotita ya es lo de menos y te incorporas rápidamente como si no te hubiera visto nadie levantando el pulgar como Fernando Alonso en un test de reconocimiento de vuelta rápida.

Una vez incorporado, devuelves la pelota a los niños sin más. Silencio en la sala. El sudor frio que invade tu cuerpo ante la realización de tal esperpéntica y ridícula situación valdría para llenar medio pantano de La Maya.

Y es ahí, en ese preciso instante, donde te das cuenta que la edad avanza y que la vida como decía la gran Celia Cruz es un Carnaval o un gran espectáculo de calle, según lo mires.

Reflexión: Si te encuentras en la situación anteriormente detallada y no tomas partido por ninguna de las dos opciones a la hora de devolver el balón es porque eres persona de riesgo y tienes derecho a vacunarte.

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