LAS COSITAS DE JES MARTIN’S: Pues resulta…

- en Firmas
Jes Martin`s

Pues resulta que llegando agosto uno decide viajar unos días a tierras alicantinas para librarse del estrés pospandémico vivido a lo largo de todo este año y poder descansar disfrutando del sol. Ese sol que nos otorga el calor tan ansiado que escasea en estas tierras del norte donde me encuentro, que es llegar septiembre y cagarse uno de frío.

Resulta que el día previo a la salida de esta mi ciudad, hace tanto frío como en Narnia y en lugar de salir al día siguiente temprano pues se fía uno del fresco y decide salir a media mañana. Con dos narices. Aun siendo agosto sin vistas de calor alguno. Bien. Resulta que ese mismo día se produce en toda España una ola de calor de cojones. De estas que se desmaya hasta el apuntador. Son las dos de la tarde. Llevamos dos horas en carretera y la temperatura sube hasta los cuarenta grados. Maravilloso.

No hay problema ya que el aire acondicionado viene muy bien para estas ocasiones y realizar así el viaje de una manera confortable a la par que agradable. ¡Ups! Resulta que no funciona el tan ansiado aire. Entonces esbozas una ligera sonrisa haciendo creer al respetable que no pasa nada ya que llevas meses deseando la llegada del calorcito rico.

A la hora decides abrir la ventana del coche ya que el interior parece la escena picante de la película Titanic. Esa escena en la que se empañan los cristales del frotamiento acalorado de los dos protagonistas. Pues esa. Es entonces cuando decides bajar las ventanas mientras tu coche lleva una velocidad constante de ciento veinte kilómetros por hora cumpliendo la normativa que no está la cosa para multas.

A las dos horas tienes la cabeza loca del petardeo producido por el aire y la velocidad del vehículo. Los ojos como el gran Quique San Francisco. La marca de sudor por la zona del cinturón de seguridad como si tu camiseta fuera la nueva equipación del Rayo Vallecano. Las espaldas con más agua que MarinaDor ciudad de Vacaciones y las manos más sudadas que Miguel Induráin subiendo el Tourmalet.

Al cabo de cuatro horitas más llegas a destino. Cagándote en el calor, el sol y su put… madre. Maldiciendo el día que decidiste desconectar en una ciudad costera donde, para colmo, ya no recordaba uno el tema de la humedad. Esa humedad que hace que tu ropa se pegue como si fueras Spider-Man en la última entrega. Es entonces cuando te das cuenta de que el frío es la hostia. Que es calidad. Que es algo maravilloso. Y que por algo vives en Salamanca. Que no tiene playa aunque haya bañistas en la Plaza Mayor, ni humedad alguna.

Reflexión:

Viaje con nosotros si quiere gozar. Como pille al de la Orquesta Mondragón no sé lo que le hago. Salamanca tierra mía pues resulta.

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