Los ausentes no son lo mismo que las ausencias.
Los ausentes son aquellas personas que, por decisión propia, eligen no estar presentes en la vida de alguien.
¿Egoísmo? Puede ser, lo más seguro.
Las ausencias, en la mayor parte de los casos, son inevitables. Como se suele decir, son “ley de vida”. Aunque, en el mejor de los casos, podemos pensar, y sentir, que permanecen a nuestro lado o mirar una estrella en el cielo y verles allí.
Los ausentes son aquellos que desaparecen y vuelven a aparecer cuando les interesa, o cuando mejor les cuadra.
Las ausencias se llevan como mejor podemos o nos dejan. Nadie nos enseña a gestionar ese duelo que permanece durante más o menos tiempo, pero lo intentamos.
Los ausentes son quienes se apuntan a celebrar lo bueno, pero cuando vienen mal dadas, huyen despavoridos. Se lavan las manos, por el camino, como hizo Poncio Pilatos. Y, encima, van dejando un reguero de marcas de gotas de agua. Así demuestran que estuvieron, omitiendo que, en realidad, marcharon cuando la situación requería una implicación más allá de dar una palmadita en la espalda y unas cuantas risas.
Los ausentes, cuando aparecen, descolocan los cimientos del edificio construido con ahínco y hacen tambalear las creencias, temblar el alma y el corazón se acelera como si se fuera a salir del pecho.
Las ausencias nos traen la nostalgia de los recuerdos, pensamientos de cosas que nos quedaron por hacer, lágrimas sonrientes por los momentos vividos.
Los ausentes traen consigo inestabilidad y que se nos nuble la razón y la vista, olvidando quienes realmente han permanecido a nuestro lado en todo momento. Porque no hay que olvidar que los ausentes vuelven, como el turrón, por Navidad o por otras fiestas de guardar.
Los ausentes deberían permanecer desde el primer momento en la ausencia total y absoluta, no volver, pues ya decidieron en su momento.
Los ausentes no deberían anotarse tantos que no les pertenecen cuando vienen bien dadas las cosas y hacer como si hubieran estado en todo momento.
Hay que estar en las buenas y en las malas, sobre todo en las segundas, como dicen en las celebraciones de los matrimonios en las películas.
Un amigo mío siempre apunta: cuando verdaderamente hay que estar, es en las situaciones malas, porque a la fiesta, todo el mundo se apunta.
Recomendación musical: “De la ausencia y de ti” de Silvio Rodríguez