Los consumidores

- en Firmas

Ayer, viendo los informativos en la televisión, una costumbre que, curiosamente y al revés de cómo sucedía antes, voy perdiendo con el paso de los años, oí hablar a una señora, una tal Teresa Ribera, que resulta que es Ministra para la Transición Ecológica de España. No me culpen por no entender mucho lo que significa el ministerio y no me culpen si les digo que no conocía quién era la ‘susodicha’ hasta escuchar ayer sus declaraciones. Lejos quedan ya aquellos tiempos en que uno se aprendía el nombre y el cargo de todos los ministros, quiero recordar que, incluso, nos lo enseñaban en los centros escolares, pero no lo puedo asegurar.

En cualquier caso, asumo el error, aunque empecé a pensar si el motivo del desconocimiento era culpa mía por falta de interés o era culpa del propio Gobierno por el bajo nivel de la clase política, incluso en los más altos cargos existentes. Así que entré en Google, buceé un rato y descubrí que la mujer tenía una larga lista de cargos. Muchos de ellos tenían pinta de responder más a la dedocracia que a la meritocracia, pero, siendo justos, también parecía tener méritos importantes, así que, desde aquí mis respetos y mi culpa por no conocerla más y por no conocer exactamente de qué va su trabajo, quizá enfrascado en exceso en llegar a final de mes y pagar facturas que salen de todas partes.

No había terminado todavía el pasado día 15 de abril de buscar la forma de cómo llegar al día 30 afrontando todos los pagos que me quedaban pendientes con las cuentas ya en números rojos y la tarjeta de crédito al rojo vivo, sino que ya recogía de mi buzón el recibo del coche, del coche de mi padre, el de la contribución de mi vivienda (bueno, todavía del banco), me cargaban casi 500 euros del seguro del vehículo y me llegaba la factura de El Corte Inglés (y creo que sólo es el principio de la ‘cuesta’ de mayo). Curiosamente no me llegó el del garaje. No sé si no me costará algún disgusto ese hecho, así que me tocará perder de nuevo mi tiempo en llamar al organismo correspondiente para preguntar y ponerme al día.

Pues enfrascado en ese cometido, que no es fácil, por mucho que ustedes se piensen. De hecho, provoca insomnio y ansiedad que ya se han convertido en desagradables compañeros de vida de muchos de nosotros, escucho con todo el estupor del mundo a esta señora. Me hago eco de declaraciones de un diario digital que recoge lo dicho por ella, al igual que otros medios: “Para poder dar cobertura al ajuste a posteriori de ese diferencial entre el precio del gas a 40 euros/MWh y el precio real en el mercado oficial, habrá que distribuir entre los CONSUMIDORES de energía”. La faltó decir, como al otro, “fin de la cita”.

Algunos recordarán mi artículo en este medio sobre Pedro Sánchez y su pudor y dirán que soy un poco pesadito. Llevo ya unos meses dándole vueltas al tema, pero es que cada vez que voy al supermercado me toca hacer unos estiramientos y taparme la nariz como cuando no nos gustaba una cosa, para afrontar la batalla de hacer una compra básica donde los precios se disparan en cuestión de horas ante la inacción de todo el mundo y la jeta de algunos. De hecho, como ya les comenté empiezo a consumir por precios: lo que cuesta menos de un euro puede ir a la cesta, lo que cuesta más ni me molesto en mirar qué producto es.

Sin embargo, me viene al hilo porque parece que debe ser requisito indispensable para formar parte del Gobierno de España lo de la falta de pudor. Esta señora soltó lo de “distribuir entre los CONSUMIDORES de energía” con una tranquilidad y una insignificancia imponentes.

Enseguida me asaltó una duda: ¿Quiénes son los consumidores? ¿A quién se refería con esa afirmación? Son aquel Banco de España que mi padre negaba ser cuando de pequeño no paraba de pedirle dinero para hacer cosas. ¿Los recursos de esos consumidores son ilimitados? ¿Da igual lo que les cobremos porque lo van a pagar igual? ¿Acaso esos consumidores no son personas? ¿Acaso no son contribuyentes que apenas pueden asumir sus facturas como para que esta señora lo diga con esa indiferencia? En realidad, le faltó un “y que se jodan, que para eso son consumidores”. ¿Ni un ápice de humanidad? ¿Ni la más mínima empatía? ¿Pero qué hemos hecho para que se nos convierta en un saco de arena donde los gobiernos golpean una y otra vez a ver si caen todas las monedas que ellos necesitan para seguir manteniendo una nefasta gestión que cada vez nos lleva más a la falta de futuro? ¡¡¡Esos consumidores son esos seres que consumen luz y gas porque quieren en vez de congelarse de frío o encender unas velas. Menudos personajes!!!

Es que ni, aunque tuviera razón y vaya a haber rebajas significativas en las facturas de la luz y el gas y los combustibles, cosa que pongo en duda, merecemos que se nos trate de esa forma que, si no lo es, suena a desprecio, a insignificancia, a nada. ¿Hasta donde pueden llegar los CONSUMIDORES? Los afortunados que en vez de pagar 230 euros pagarán 180 o así. ¡¡¡Esos SUERTUDOS!!!

En fin. Juzguen ustedes y saquen sus propias conclusiones. ¡Ah! Y preparen las carteras para esas interesantes rebajas que anuncian, aunque me temo que van a ser rebajas ‘inversas’ y que en vez de meter para la cartera les va a tocar seguir sacando. Tiempo al tiempo y ojalá me equivoque.



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