Marianela

- en Firmas

Marianela lee con atención lo que le escribió su compañera Fátima en un trozo de papel.

Compartieron algo más que un café esa tarde.

Ella no pudo aguantar más y le contó todo lo que la llevaba atormentando desde hacía días.

Su compañera Fátima es menos emocional que ella y mucho más práctica. Sacó una hoja de papel de su carpeta, apartó las tazas de café vacías, poniéndolas en otra mesa, y apuntó las diferentes opciones que se le ocurrieron.

Con las cabezas casi pegadas y con dos nuevos cafés a su lado, empezaron a hacer búsquedas de alojamientos y de otras opciones.

Súbitamente, Fátima chasqueó la lengua y se le iluminaron los ojos.

  • Adopta a una persona mayor- le dijo tecleando con rapidez.

Al finalizar la tarde parecía que tenía una opción de alojamiento bastante factible y económica.

Habían escrito un correo electrónico pidiendo información y Nela llevaba apuntado en un papel un número de teléfono y una dirección.

Cuando llegó a la casa, se fue directamente a la habitación que aún ocupaba sin hacer caso a las palabras que le decía su tía.

Desde hacía un par de días, toda su ropa estaba metida en sus maletas bajo candado. Lavaba la ropa en una lavandería cercana, para que no desapareciera.

Se puso el pijama, se metió en el baño y, al salir, sorteando a su tía, entró en su habitación cerrando la puerta tras de sí para tratar de hablar con sus padres.

Carmen

Carmen está nerviosa. Lleva toda la mañana limpiando y ordenando.

Se ha saltado el paseo matutino y la clase de natación.

Se ha metido en la cocina a preparar un bizcocho de naranja que hace tanto tiempo que no hace.

Tiene un buen pálpito con la cita que tiene por la tarde.

Se encuentra excitada y nerviosa.

A las 16.30 en punto, suena el timbre del portal.

Se levanta del sillón, deja el libro en la mesita, se atusa el pantalón y sale del salón con paso decidido.

  • ¿Quién es? – pregunta.

Y, acto seguido, después de mirar a la pantalla que le muestra quién está en la calle, abre la puerta pulsando un botón.

Tardarán poco en subir. Dos tramos de escaleras o en el ascensor.

Seguro que la segunda opción. ¡Estas jóvenes de hoy en día!

  • Buenas tardes, Carmen – le dice una sonriente Lucía.
  • Buenas tardes, querida – devuelve Carmen la sonrisa – Pasad, pasad. No os quedéis ahí, por favor.

La puerta de al lado de Carmen se abre y sale una mujer cargada con bolsas.

  • Buenas tardes – saluda.
  • Perdona, querida, espera, se te ha caído un trapo – le dice Carmen mientras se agacha a recogerlo.
  • ¡Uys, muchas gracias! – le contesta la mujer.

¿De qué le suena esa chica?

Carmen cierra la puerta para atender a sus invitadas.

Tranquilamente sentadas en el salón, saborean el bizcocho que ha preparado Carmen mientras beben un chocolate caliente.

Hablan del frío que ha entrado con fuerza y de lo que hacen en el tiempo libre.

  • Bueno- cambia Carmen de tema- Esto es lo que te puedo ofrecer- deja la taza vacía en la mesa – Tendrías una habitación y un baño independiente. Tienes el autobús cerca que te lleva a la facultad. ¿Qué te parece?
  • Eso, Marianela, ¿qué te parece? – le pregunta Lucía mirándola- Yo creo que las condiciones son buenas. Pero quien decide eres tú.
  • Yo…

 

Marianela no sabe qué decir. Está más nerviosa de lo que pensaba. Le ha costado entrar en calor, pues la cazadora que lleva es demasiado fina para el frío que hace en la calle. Pero no ha sido capaz de encontrar el abrigo que se compró hace unos días.

  • ¿Cuándo me puedo mudar? – pregunta con timidez.

Carmen sonríe. Le ha caído muy bien esa chiquilla. Además, la ve tan perdida y preocupada.

  • Por mí, esta tarde mismo – le contesta dándole un suave gesto en la mano.
  • Bueno, no tan deprisa- interrumpe Lucía- Hay que preparar el contrato, revisarlo, el primer pago…
  • La burocracia es muy pesada – corta Carmen con determinación haciendo un gesto con la mano- La situación de la chica es urgente – mira a Marianela- ¿Querrías venir ya esta noche a casa?
  • Carmen…- vuelve a interrumpir Lucía.

Carmen la ignora y sigue mirando fijamente a Marianela.

  • Ignora por unos segundos a Lucía, que comprendo que tiene que hacer su trabajo- coge a Marianela de las manos- ¿Querrías venir ya?
  • Me haría un favor tremendo, Carmen- contesta.
  • Primera regla: no me llames de usted porque rompemos la relación antes de comenzar – le dice Carmen muy seria- Nunca me ha gustado ese tratamiento y, ahora, mucho menos.

Carmen se vuelve hacia Lucía sin soltar las manos de Marianela que aún están frías.

  • Vamos a hacer una cosa. Tú vas a preparar todos los documentos para iniciar el contrato el 1 de enero- Carmen levanta una mano adelantándose a lo que va a decir Lucía- Estos días de diciembre van a ser de prueba. Venga, que empiece a correr el espíritu navideño por tus venas, Lucía. Además, ya habrá pagado el mes a su tía.

Carmen se levanta del sillón rápidamente, mira a Marianela y le dice:

  • ¿Tienes que traer muchas cosas? ¿Tienes quién te ayude?