“Si quieres hacer feliz a quien amas, díselo hoy, no esperes a mañana. En vida hermano, en vida…Si deseas dar una flor no esperes a que se muera, hoy con amor debes darla. En vida hermano, en vida…Si deseas mostrar tu afecto a quien comparte tu casa, al amigo de cerca o lejos. En vida hermano, en vida…” (A. Rabatte).
El ser humano necesita sentir el amor desde los primeros años de la vida para poder valorarse a sí mismo y poder darse cuenta de toda la gente que le quiere.
El niño percibe el amor de sus padres y graba recuerdos positivos o negativos desde antes de su nacimiento. El Dr. Feldmar tuvo tres pacientes que intentaron suicidarse en la misma fecha que sus padres habían intentado abortar. El amor de los padres es lo más importante que un niño puede experimentar en el seno de la madre, para poder superar en el futuro todos los traumas y contratiempos.
El pequeño necesita del cariño de sus padres desde antes de nacer para poder crecer en confianza y estima de sí mismo y de los demás. El bebé necesita las caricias; el contacto físico en los primeros días de la vida afecta directamente el desarrollo completo del cerebro. Mientras más se toque a un niño, más aumenta su cerebro, confirman los distintos experimentos. Si el recién nacido no se desarrolla en un ambiente de atención, su corazón quedará herido y empequeñecido, quizá para toda la vida. Muchos de los jóvenes encarcelados por robo, crímenes, uso de droga, son el resultado de la falta de atención en la niñez.
Para que una persona pueda valorarse a sí misma y liberarse del miedo a ser rechazada, tiene que haber recibido mucho amor a lo largo de la vida. Tener la dicha de contar con alguien a tu lado que te demuestre de mil maneras su aprecio y cariño y te diga que te quiere cada segundo del día, es sentir la alegría dentro del alma y unos enormes deseos de compartir todo lo que conlleva la vida.
Cuenta una joven que un día le llamó su amiga para comunicarle que había recibido una docena de rosas con una tarjeta. Allí se leía: “Alguien que te quiere”, sin ninguna firma. Como buena soltera pensó de inmediato en sus exnovios.
Luego se puso a recordar a sus amigos y luego a sus familiares y a los compañeros de trabajo. Agotada la lista de posibilidades telefoneó a su amiga para que le ayudara a averiguar. Esta le dijo algo que vino a aclarar la duda. Janeth, ¿fuiste tú? Le preguntó. Sí, asintió ella tímidamente.
¿Por qué lo hiciste? Porque la última vez que charlamos te vi sumamente decaída y desmotivada. Quise enviarte un detalle que te hiciera pasar todo el día pensando en la gente que te quiere (G. Gallo).
Una palabra, un gesto, un abrazo, puede hacer feliz a otra persona. No es bueno esperar a mañana, pues, quizá, puede ser ya un poco tarde.