Hace unas semanas tuve que hablar con Javier Valverde de la sección de deportes de la Diputación de Salamanca sobre un tema de unos resultados de la primera jornada de pista y resulta que estaba por la zona de las arribes preparando el primer Trail «Camino de hierro». Me habló de ello y mi cabeza comenzó a dar vueltas con el tema, pero en ese momento no estaba físicamente preparado debido al bajón físico que he sufrido estos meses de atrás.
En la segunda jornada de pista me encontré con él y a pesar de que estaba centradísimo en las pruebas no pude menos que preguntarle que si probaba a hacer una tirada más larga de lo normal y los resultados eran positivos me podría inscribir en el trail porque había visto que quedaban 10 plazas sin cubrir. Me dijo que sí, que hablaríamos con la empresa responsable de las inscripciones y sin problema, además, esta es Orycronsport y ya os he hablado en algún artículo que tengo buena relación con ellos y de lo bien que nos tratan a los deportistas.
Faltaba ver el resultado del lunes y a pesar de haber salido el sábado en bici hice hora y media de trote suave con cuestas para compensar la distancia de menos. Y sí, las sensaciones fueron buenas así que llamé a Javier y después Estela, de Orycronsport, se encargó de facilitarme la inscripción. Gracias a los dos.
Un nuevo reto. De hecho si os dais cuenta ya solo voy a pruebas que por uno u otro motivo tienen para mí un aliciente sea por el recorrido o la participación. En este caso los motivos son varios, es la primera vez que se corre y es un trail, y aunque realmente no es una carrera de montaña son los recorridos que me gustan y además el recorrido es realmente espectacular con 19 túneles y 10 puentes. Eso sí, el terreno por donde se corre son senderos estrechos y durante buena parte la vía del tren y por lo tanto había que tener cuidado con las traviesas y las piedras sueltas.
A madrugar el domingo más de lo normal debido al cambio de horario y con Ana, Isma del grupo de iniciación (que hace dos meses tenía miedo a hacer una media y ya lleva dos) y su familia hacia La Fregeneda con tiempo de sobra para llegar, que era un desplazamiento largo y puede surgir cualquier imprevisto. Allí habíamos quedado con Alicia y Chema, dos amigos de Isma que corren y a los que no conocía personalmente.
Me encantó encontrarme numerosos conocidos y sobre todo a Maxi, de Peñaranda, con el que hacía tiempo no había vuelto a coincidir y le dije que se pusiera también para la foto. Todo preparado para empezar y sin nervios porque tenía claro que iba a disfrutar y me daba exactamente igual el tiempo, de hecho os puedo decir que solo miré el reloj un par de veces, entre otras cosas porque tampoco es que pudiera hacerlo mucho más como os contaré a continuación. Además por mi dorsal salía el último y el único aliciente que tuve era poco a poco ir adelantando corredores en las partes que estaba permitido, los senderos.
Iba preparado para lo que nos íbamos a encontrar, pero la realidad superó y con creces a todo lo que había previsto. Un recorrido espectacular, o al menos eso atisbé a ver porque no me dio tiempo a levantar la vista de la trazada más que en contadas ocasiones porque hacerlo era exponerte a un tropezón.
En los túneles y después de dos o tres sustos en el primero, decidí que no iba a correr y andando de traviesa en traviesa para no torcerme el tobillo derecho que tengo tocado desde hace un par de años y que ya intuía se iba a resentir. En los puentes sí, se corría genial por las tablas del centro y es en donde pude intuir las vistas del recorrido y saber, porque se lo pregunte a uno de los voluntarios, que íbamos paralelos al río Águeda.
Así que lo dicho, disfruté de los puentes y de los tres últimos kilómetros de senda amplia sin piedras en los que se podía correr bien, el resto del recorrido mirando al suelo y levantando solo la mirada para ver lo que venía por delante porque hacerlo era exponerte a tropezar.
Qué sorpresa encontrarme a Manoli y su hija María en el control del kilometro 11 y hasta paré a saludarlas porque como os digo no tenía ninguna prisa, además aproveché a comer unas gominolas y de nuevo a correr. Con tanto estar pendiente del recorrido he de decir que me sorprendí de lo rápido que se me había pasado el tiempo cuando me dijeron que estábamos a 3 kilómetros y más porque desde ahí a la meta pude correr sin precaución ninguna. Llegada y a dar gracias porque el tobillo me había dejado acabar aunque me dolía y ya veremos cómo responde estos días.
Y después a cambiarnos y hasta La Fregeneda para comer y pasar un buen rato con todas las anécdotas a las que había dado lugar la jornada. Y sí, hicimos una comida larga, amena y entretenida y llegamos a casa más tarde de las siete, aunque con el cambio de hora y el sol que lucía parecía que era mucho más pronto.