Nos vienes tú a decir…

- en Firmas
Yo si te creo

Amanecimos esta semana con la noticia que nos informaba de que tres mujeres habían denunciado agresiones sexuales por parte del cineasta llamado Carlos Vermut.

Y volvemos al cuestionamiento del relato realizado por ellas, basándose en que hubo “consentimiento”, pero olvidando que, en ocasiones, ese consentimiento puede estar viciado (como se dice en la jerga jurídica), porque puede ser un consentimiento obtenido mediante coacciones, amenazas, etc.

El susodicho cineasta ha comentado, o así rezan algunos titulares, que le va el sexo duro y que siempre ha mantenido relaciones sexuales consensuadas, habiendo consentimiento previo.

Nuestro #MeToo ha sido arropado por mujeres de diferentes ámbitos, culturales o no. La actriz Vicky Luengo ha dicho que hay más mujeres que pueden aportar su relato.

Si salen más mujeres denunciando sus experiencias, más de uno y más de dos seguro que están en casa temblando.

También es cierto que otras voces han comentado que habría que esperar y conocer todos los puntos de vista, todas las versiones.

Lo siento. Yo aquí soy intransigente y, como puedo sospechar lo que ha supuesto para estas mujeres dar este paso al frente, el beneficio de la duda no se lo doy al cineasta. Porque, como dice el refrán, cuando el río suena, agua lleva. Pero, también, como dicen en Galicia, las meigas, habeylas ailas.

Además, tenemos que aguantar que otro cagalindes se pronuncie en los Premios Feroz diciendo que no había que esperar años para denunciar, sino que hay que hacerlo en el momento.

A ver, cariño mío, ¿vas a venir tú, macho alfa español con pelo en pecho, a decirnos a nosotras cómo, cuándo y dónde?

¿Nos vienes a decir, tú, en qué momento nuestra mente y nuestro cuerpo está preparado para asimilar que ha sido violentado, que ha sido abusado?

Con lo que nos cuesta reconocernos como víctima de un delito sexual o de violencia de género.

Con lo que nos cuesta no sentir vergüenza y culpa porque creemos que somos responsables de lo que nos pasa, que seguro que hemos dado pie a ello y no tenemos derecho a protestar o denunciar.

Nos vienes tú a decir…

Volviendo a los refranes, cuando ves las barbas de tu vecino cortar, pon las tuyas a remojar. O, como decía mi abuela, el que se pica, ajos come.

Hay que denunciar.

Como si hacerlo fuera tan fácil. Como si no volvieras a sentirte violentada, juzgada, criticada. Como si el ojo del huracán y de la noticia no recayera sobre ti, en lugar de sobre quien “presuntamente” ha cometido el delito.

Hermanas, yo sí os creo. Y todos estos señoros cagalindes que se permiten opinar sobre lo que no saben y no se pueden ni imaginar, se podían meter su lengua, sus consejos y sus opiniones por aquel lugar que amarga del noble vegetal llamado pepino. Y si no sabéis qué parte es ésa, pues os quedáis con la duda.

Recomendación teatral: Prima Facie interpretada por Vicky Luengo.

Autor

Doctora en Derecho y Ciencias Sociales por la UNED, Licenciada en Derecho por la USAL, Máster en Derechos Humanos y Máster en Malos Tratos y Violencia de Género por la UNED. Técnica de proyectos en prevención y sensibilización en materia de igualdad, violencia de género y sexual.