Paseando por las Arribes

- en Firmas

Cuando deja el Duero
su cuna de plata,
los trigos, los páramos,
las vegas doradas;
donde el río gira
y hacia el sur se encauza,
donde se abren grietas
entre las montañas
y ante el espectáculo
fascínase el alma,
es que a las Arribes,
llegado te hallas.

Villarino abre
la puerta encantada,
el Tormes se rinde,
respira, descansa;

Pereña, Masueco,
comparten la magia
que vertiginosa
hace Aldeadávila;
serena en el Rostro,
la apacible playa,
Picón de Felipe
soberbia atalaya,
donde el pastor sueña
con su enamorada.

Altos miradores
en Mieza se alzan,
etéreos caminos,
Vilvestre, La Barca,
olivos, viñedos,
almendros, naranjas;
el mediterráneo,
al oeste de España.

Salto de Saucelle,
frontera en el agua,
la torre arrogante
de Freixo de Espada;
Penedo Durao,
altiva terraza,
donde contemplar
toda Salamanca
entre halcones, buitres
y orgullosas águilas.

Lumbrales ofrece
su grandiosa planta,
mítico el verraco
de siglos nos habla.

De Vega Terrón
a Barca de Alba
la amable corriente
se hace lusitana;
los puentes magníficos
prestan su elegancia
y el Águeda ingenuo
a su padre abraza.

Sigue su camino
en la tierra hermana
y deja al correr
la dulce nostalgia
de aquellos paisajes
que hechizan, que atrapan.

Arribes del Duero,
¡fascinas el alma!

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