Nadie es dueño de tu vida,
sécate el llanto y vuelve a respirar.
Ámate cuando el mundo te falle,
quiérete y vuélvete a enamorar.
Ámate cuando el agua recorra tu piel
confundiendo tus lágrimas con la lluvia,
cuídate cuando sientas que nadie te ve
y el silencio sea quien te arrulla.
Un final cruel, jamás anunciado,
hirió tu sentir sin compasión.
Otra mujer, con rostro ajeno,
robó sin permiso su pasión.
No te arrodilles, mi niña del alma,
no merece tu sincero perdón.
Si se fue cuando más lo amabas,
nunca fuiste su primera elección.
Yo te amé siempre en silencio,
desde la sombra y sin voz,
guardando mudo mis sentimientos
para no romper tu corazón.
Enamórate ahora del mío,
prometo no hacerlo sangrar.
En mis manos hallarás refugio,
en mis caricias, paz y lealtad.
Quiero ser parte de tu vida,
amarte como nadie lo hizo jamás,
acompañarte cuando huyas del miedo
y demostrarte que el amor es hogar.
Un amanecer descuidado y eterno
de repente empezó a oscurecer;
defendió a otra mujer con delirio
y dejó tu fiel alma entristecer.
Nadie es dueño de tu vida,
solo tú y tu fiel tesón.
Que marche y ame a esa mujer:
tus heridas curaré con devoción.