Salamanca no es un adorno: el patrimonio no puede descubrirse cuando llegan las elecciones

- en Firmas

Por Salamanca y Chenche Martín Galeano llevan años reclamando una política seria de conservación del patrimonio salmantino. Algunas de aquellas reivindicaciones empiezan ahora a formar parte del debate municipal.

Salamanca no es una postal. Es una ciudad viva cuyo patrimonio forma parte de su identidad, de su economía y de su futuro. Precisamente por eso resulta difícil entender que problemas denunciados durante años sigan esperando soluciones mientras ahora empiezan a aparecer en primer plano algunas de las patologías de nuestros monumentos.

Por Salamanca y su líder, Chenche Martín Galeano, llevan años reclamando pasar de la reacción a la prevención. «El patrimonio no se protege reaccionando tarde, se protege anticipándose», ha señalado Martín Galeano. Y junto a esa reclamación existe otra que consideramos fundamental: Salamanca necesita una Concejalía de Patrimonio propia, con responsabilidad específica, medios y personal técnico dedicado a proteger, conservar y planificar el futuro de nuestro legado histórico.

No parece lógico que una ciudad cuyo principal valor diferencial es precisamente su patrimonio no tenga una concejalía dedicada exclusivamente a él. El propio Chenche lo ha explicado: «La inexistencia de un órgano claro y especializado provoca que las responsabilidades se diluyan».

Los ejemplos de que hace falta ese cambio de modelo se acumulan: el cableado que continúa afeando el casco histórico, el deterioro de distintos elementos patrimoniales, Las Adoratrices, los problemas de conservación del Cerro de San Vicente y, especialmente, la situación de la Plaza Mayor.

Las Adoratrices son un ejemplo especialmente significativo. En febrero de 2026 se seguía hablando de una idea previa al proyecto mientras el Ayuntamiento continuaba afrontando el coste del alquiler del inmueble, y los presupuestos de 2026 incorporaban una partida de 500.000 euros para la licitación y ejecución inicial de las obras. Es legítimo preguntarse por qué un proyecto anunciado durante años continúa avanzando a este ritmo.

Algo parecido ocurre cuando un derrumbe obliga a reaccionar. En febrero de 2026 cayó parte del muro de la noria del Cerro de San Vicente y meses después el Ayuntamiento licitó una actuación para reconstruirlo. Reparar es necesario, por supuesto. Pero la política patrimonial no puede limitarse a intervenir cuando el deterioro ya se ha convertido en noticia.

Y llegamos a la Plaza Mayor, el corazón de Salamanca.

Durante años se han sucedido conciertos, montajes, celebraciones multitudinarias, la Nochevieja Universitaria y todo tipo de actividades. En 2024 el debate municipal ya abordaba el impacto de los eventos sobre el monumento y la necesidad de estudiar sus efectos.

Y también hemos tenido que ver cómo un camión que realizaba labores de reparto quedó atrapado al intentar atravesar uno de los accesos de la Plaza Mayor y terminó dañando parte de la estructura del arco. El incidente obligó posteriormente a reparar los daños. Más allá del accidente concreto, lo ocurrido debería servir para plantearnos si tiene sentido mantener este tipo de tráfico dentro de un monumento de estas características o si debemos buscar otra forma de abastecer a los establecimientos de la zona.

Por eso, desde Por Salamanca apostamos por estudiar islas de carga y descarga en el entorno de la Plaza Mayor, pero fuera de ella, y que el último tramo del reparto se realice a pie mediante carros, vehículos eléctricos ligeros u otros sistemas modernos.

No se trata de perjudicar al comercio ni a la hostelería. Se trata de proteger el monumento y de buscar un modelo compatible con la actividad económica.

Lo mismo debería aplicarse a escenarios, equipos de sonido, cableado, vallas, estructuras y montajes. Si queremos conservar la Plaza Mayor, habrá que establecer criterios técnicos claros sobre qué actividades puede acoger, con qué frecuencia, durante cuánto tiempo y bajo qué condiciones.

Porque el patrimonio no se protege colocando un parche cuando aparece una grieta. Se protege anticipándose.

Y aquí está la cuestión que más debería preocuparnos: muchas de estas cuestiones no son nuevas. Llevan años apareciendo en los medios de comunicación, en debates municipales y en las reivindicaciones de colectivos y formaciones políticas. Ahora vemos proyectos que vuelven a anunciarse, actuaciones que se recuperan y propuestas que comienzan a estudiarse.

Bienvenidas sean todas las actuaciones que sirvan para mejorar Salamanca. No es malo que una administración termine asumiendo propuestas que otros llevan tiempo defendiendo. Lo importante es que se hagan y que no vuelvan a quedarse en anuncios.

Pero también hay que preguntarse: ¿por qué ahora? ¿Por qué no antes? ¿Cuántos años tienen que pasar para que una reivindicación se convierta en una actuación?

Por Salamanca lleva años trasladando propuestas y reivindicaciones sobre patrimonio, entre otras materias, y ahora prepara su programa para las municipales de 2027. La creación de una Concejalía de Patrimonio debe formar parte de ese debate: una estructura específica que permita que la conservación no dependa de quién tenga tiempo para atenderla dentro de una concejalía con muchas otras competencias.

Salamanca necesita inventario, planificación, conservación preventiva, presupuesto, control de los usos de los monumentos y responsables claramente identificados.

El patrimonio no puede aparecer en la agenda municipal cuando surge una grieta, cuando cae una piedra o cuando se acercan unas elecciones. Debe formar parte de la gestión diaria de la ciudad.

Porque Salamanca no necesita descubrir ahora que tiene patrimonio. Lo sabe desde hace siglos. Lo que necesita es demostrar, cada día, que sabe cómo conservarlo.

Fdo: Chenche Martín Galeano