Sé amable con todos

- en Firmas

Un labriego le rogó a un sabio ermitaño que le mostrara el camino que tenía que seguir para alcanzar la santidad en medio del ajetreo cotidiano. Estas fueron las sencillas y elocuentes palabras del anacoreta: Labra los campos con amor. Recoge las cosechas con alegría y gratitud. Trata a todos con afecto. Compórtate en tu casa con la misma delicadeza y amabilidad con que tratas a los amigos y desconocidos. Sé tan puro, noble y directo como los pinos, hayas y robles de sus bosques.

No son muchos los requisitos para llegar a santo. El sabio ermitaño se lo hizo saber al labriego. De seguro que no llega a santo quien vive amargado y la ira es su eterna compañera de día y de noche. Quien se eleva en cólera normalmente tiene un mal aterrizaje. El hombre irascible se pone en ridículo a sí mismo, en cambio el hombre prudente está en paz y deja en paz a los otros.

El enfado, la ira puede ser debida a acontecimientos externos o internos. Podemos enfadarnos con una persona específica o un acontecimiento o bien la ira puede aparecer al preocuparse por algo o por alguien o, simplemente, por rumiar problemas personales del pasado o preocupaciones del futuro o escarbar en heridas aún no curadas. Solemos expresar la ira respondiendo agresivamente. Es una respuesta natural y adaptativa ante las amenazas, o una defensa ante los ataques. En este sentido la ira es positiva y es necesaria para nuestra supervivencia.

Ante las sensaciones de ira, podemos: expresarla, suprimirla y calmarse. No cabe duda de que expresar los sentimientos de enfado de un modo asertivo, no agresivo, es la manera más sana. Otro modo de afrontar la ira consiste en suprimirla para luego transformarla o redirigirla. El otro modo de reaccionar ante la ira es calmarse, controlando el comportamiento externo y las respuestas internas.

Dejarse llevar por la ira y dejarla salir libremente desencadena más ira y agresión y no sirve de ninguna ayuda para resolver la situación. Es preferible descubrir las causas que la han ocasionado. Es posible que en muchas ocasiones no se pueda tener el control y, entonces, es necesario acudir a algún profesional para evitar toda explosión de ira.

J. Boswell, el famoso biógrafo del gran médico Samuel Johnson, fue insultado un día por uno de sus asociados. Se apresuró a quejarse con Johnson. Riendo, Johnson le dijo, “Bosy, míralo de esta forma: cuán insignificante te parecerá esto en doce meses a partir de hoy”. Y estaba en lo cierto. El tiempo da la perspectiva correcta. Una pequeña demora quita el deseo de tomar venganza de las molestias de la vida diaria.

En momentos de dificultad hay que responder con mansedumbre. Tan importante es la mansedumbre, que Jesús nos pidió que emuláramos sólo dos virtudes: su amabilidad y su humildad. Juan el Bautista señaló a Jesús como el “Cordero de Dios” Jesús, al comenzar su vida pública llamó bienaventurados a los mansos.

Uno de los remedios para el creyente es la oración. Cuando los apóstoles quedaron atrapados por la tormenta en el mar, despertaron al Señor y le gritaron, Maestro, ¿no te importa que perezcamos? Él, habiéndose espabilado, increpó al viento y dijo al mar: ¡Calla, enmudece! El viento se calmó y sobrevino una gran bonanza…. Sólo Jesús puede traer paz en momentos de contrariedad.

 

Autor

Nacido en Blascomillán (Ávila). Carmelita Descalzo y Sacerdote. Licenciado en Espiritualidad. Estudió la carrera de música (piano y canto) en el Conservatorio de Madrid. Conocido internacionalmente por sus escritos, autor de muchos CDs y libros; colabora, además, en revistas y diversos medios de comunicación.