Convento de San Esteban (Dominicos)

- en Historia
55

El Convento de San Esteban se alza sobre el lugar que ocupó la primera iglesia de los Dominicos del siglo XIII. Las obras del convento se iniciaron el 30 de junio 1524 . El principal promotor de su construcción fue fray Juan Álvarez de Toledo, obispo de Córdoba e hijo del II Duque de Alba, quien en 1524 inició el proyecto para engrandecer la orden. Para construirlo se derribó el viejo convento del siglo XIII donde los dominicos estaban instalados desde que el río inundase la parroquia mozárabe de San Juan el Blanco su asentamiento original en la ciudad, y se reutilizaron los materiales en el nuevo, las obras finalizaron en 1630.

El edificio sigue los cánones del gótico renacentista para lo arquitectónico y del plateresco para la decoración. Las obras duraron de 1533 a 1610, bajo la dirección de varios arquitectos: el primero fue Juan de Álava responsable de los planos originales, Fray Martín de Santiago (1530-1556), Rodrigo Gil de Hontañón (1557-1572, con interrupciones), Juan Ribero de Rada (1590-1600, con interrupciones), y finalmente los responsables del termino de la obra fueron Juan Álvarez (arquitecto) y Pedro Gutiérrez (cantero), y pasando por diferentes tendencias arquitectónicas para terminar en un monumental templo de cruz latina en una sóla nave con sencillas formas que encuentran su madurez en el cimborrio. A lo largo de tan larga construcción se calcula que participaron 9 pintores, 6 escultores, 22 tallistas y 800 operarios. La iglesia es un prototipo de templo en el estilo que empezó su andadura en tiempos de los Reyes Católicos.

El Pórtico, de Juan de Álava, es uno de los más puros ejemplos de la arquitectura del Renacimiento del último tercio del siglo XVI, hecha en Piedra de Villamayor es una de las obras cumbres del plateresco. Todo el conjunto esta enmarcado en un gran arco decorado con casetones en la parte superior. El tema principal de la fachada es el Martirio de San Esteban, cuyo relieve es obra de Juan Antonio Ceroni en 1610, encima de este relieve aparece otro que muestra a Cristo crucificado, ambas escenas aparecen flanqueadas por medallones y estatuas de otros santos y apóstoles. Estos elementos se atribuyen a Alonso Sardiña. La fachada se complemeta con el escudo de Santo Domingo, franqueado por los de los Alba.

Junto la fachada hay un pórtico del siglo XVI obra de Juan Ribero de Rada por el cual se accede al Claustro de los Reyes, creado por fray Martín de Santiago combinado elementos góticos y renacentistas que muestran imágenes de la Anunciación, el Nacimiento, la Adoración de los Pastores y la Presentación del Templo, junto a medallones con la imagen de profetas y la de un solo rey, el rey David. El responsable del portico es Alonso Sardiña, y los artistas que se ocuparon de su decoración son los mismos que decoraron la fachada.

En el Claustro de Colón de finales del Siglo XV se atribuyen las reuniones del explorador con Domingo de Soto y Diego de Deza, claves para que los Reyes Católicos aceptaran su proyecto. No obstante hay que recordar que el convento que conoció Colón fue el antiguo, no el actual.

El sencillo Claustro del Aljibe se construyó por iniciativa de Alonso de Fonseca y Ulloa.

Contiguo al Claustro de los Reyes esta el Capítulo Antiguo, conocido también como Panteón de los Teólogos, en su interior están enterrados dominicos ilustres como Domingo de Soto, Mancio de Corpus Christi, Pedro de Sotomayor, Matías de Paz, o el hijo de Garcilaso de Vega, Domingo de Guzmán. La puerta de la estancia quedó tapiada desde 1634, cuando se construyó el capítulo nuevo, hasta 1951.

Al lado se encuentra el Capítulo Nuevo, de estilo barroco diseñado por Alonso de Sardiña y Juan Moreno en el siglo XVII, donde está enterrado Iñigo de Brizuela, quien fomentó su construcción. La entrada del Capítulo Nuevo esta junto a la Escalera de Soto, que conduce hacia el coro y la sacristía, y que fue diseñada por fray Martín de Santiago con una decoración renacentista y una bóveda gótica. Esta decorada con medallones, bustos de profesores y escudos de los dominicos junto con representaciones de Domingo de Soto, quién da nombre a la escalera.

La sacristía es obra de Alonso de Sardiña y Juan Moreno, su construcción se inició en 1627 y alberga los restos de su fundador Pedro de Herrera, obispo de Tuy. SE puede ver representado al fundador de la sacristía mediante una estatua situada en su sepulcro.

Saliendo de la capilla mayor y antes de llegar a la escalera de Domingo de Soto,Al lado de la sacristía está el sepulcro de Duque de Alba, Fernando Álvarez de Toledo, Gobernador de Países Bajos. Sus restos estubieron en el monasterio de San Leonardo hasta 1619. Tras su llegada a San Esteban se depositaron en una cripta hasta 1893, despues se colocaron en un sepulcro neogótico hasta 1968, hasta su actual tumba obra de Fernando Chueca Goitia.

La iglesia es la parte más imponente del interior, diseñada con una única nave de planta en cruz latina, como en todas las pertenecientes a los dominicos, con capillas laterales, crucero, ábside y pórtico. Sus medidas son 84 metros de larga, 14,50 de ancha, 27 metros d alta y 44 metros de crucero.

En la bóveda del cimborrio hay un medallón que representa la coronación de la Virgen María y de la obra del templo. En el interior de la iglesia se encuentra un retablo de 27 metros realizado entre 1691 y 1693 por José Benito de Churriguera (uno de los primeros retablos realizados por los Churriguera en Salamanca) quien se encargó tanto de la talla del retablo como de la escultura de las seis columnas salomonicas, en cambio la autoria de las esculturas se atribuye a Luis Salvador Carmona. Entre los santos representados en las estatuas destacan Santo Domingo de Guzmán, San Francisco, San Esteban, San Lorenzo y san juan Bautista en la capilla lateral donde esta enterrado Lope Fernández de Paz En este retablo destacan sus columnas salomónicas y el lienzo de Claudio Coello en lo alto. También se encuentra un órgano datado en 1804.

El Coro se encuentra en el segundo piso del Claustro, cuenta con ciento dieciocho lugares, destacando la silla del padre Prior donde está tallado Santo Domingo y tiene encima un cuadro de María con el niño obra atribuida a Pedro Pablo Rubens, el cuadro esta doblado por los laterales para ajustarlo al espacio que ocupaba en el coro. En la actualudad el original se puede ver en el museo del convento quedando en su lugar del coro una copia.

Sobre la pared occidental, encima de los coros, se puede ver el fresco de Antonio Palomino, “El triunfo de la iglesia” (1705), el cual muestra de manera alegórica el triunfo de la iglesia ayudada por la orden Dominicana.

A finales del siglo del siglo XIX el convento se quedó vacío de dominicos y sufrió un grave deterioro debido al abandono. Posteriormente la Diputación Provincial instaló en él el museo provincial y acometió algunos trabajos de restauración.

Fue declara monumento por Real Orden de 3 de junio de 1890.

Fachada de la Iglesia

Verdadero tapiz renacentista-plateresco realizado en piedra y enmarcado bajo un gran arco triunfal, cuya bóveda de medio cañón lleva una decoración en artesonado de estilo español o hispano. En el centro se destaca el martirio de san Esteban, titular de la iglesia, obra de Juan Antonio Ceroni, de Como, en 1610, esta representación es como el núcleo central alrededor del cual convergen, sirviéndole de cortejo triunfal, estatuas de santos y beatos, en su mayoría de la Orden dominicana. La parte superior de la fachada, más renacentista, separada de la inferior por unos finísimos relieves, se centra en tomo a un Calvario debido a la mano de Ceroni. Nos encontramos ante una obra maestra en la que se combinan sin fricciones estridentes de estilo los arcos renacentistas, los doseles flamígeros del gótico, con los grutescos y medallones característicos del mejor renacimiento español.

Pórtico del convento

Es un conjunto renacentista de inspiración toscana al estilo de las logias italianas de la época. Es obra de Juan del Ribero Rada. Los medallones de las enjutas se deben al escultor Martín Rodríguez. La fecha de realización se sitúa entre 1590 y 1592. Contrasta por su sencillez y sobriedad con la rica decoración de la portada renacentista con la que forma ángulo.

  1. Claustro de procesiones o de los Reyes

La obra se inició hacia 1533 y se concluyó en 1544. Su autor fue Fray Martín de Santiago, religioso de este convento. En la parte baja tiene 20 grandes arcos renacentistas, pero tratados al estilo gótico tardío; cada ventanal está dividido por tres maineles con capiteles angulares tallados con grutescos, monstruos, putti, etc.

Los pilares están decorados con medallones de profetas del Antiguo Testamento, en su mayor parte mutilados. En cada ángulo hay una hornacina con representaciones de la infancia de Cristo. La bóveda de crucería, de estilo gótico tardío, está construida a base de nervios sencillos que arrancan de ménsulas decoradas hasta llegar a entrelazarse.

En la planta baja hay además varias puertas barrocas (s. XVII), así como vestigios del antiguo claustro (de los s. XIII y XIV).

El piso superior está cerrado con madera sencilla. Sus 40 arcos de medio punto descansan sobre pilastras de sección cuadrada. Los capiteles se decoran con esculturas de inspiración clásica. El exterior está decorado con medallones en los que están representados guerreros, monjes y alguna mujer. Las pilastras se rematan con putti, Hércules y Venus de cuerpo entero que portan florones y otros objetos. La decoración del ala Este es mucho más sencilla debido a que se derrumbó en 1591 y fue reparada entre 1594 y 1595.

  1. Capítulo antiguo

Lo que se conserva de la antigua sala capitular es obra del s. XIV con arreglos del XV y XVI. Se utilizó hasta 1634. Tenía dos partes separadas por una reja a distinto nivel: la más elevada era capilla, donde se enterraban los hijos más preclaros del convento. Ahí descansan los restos de los teólogos dominicos más ilustres de la Universidad de Salamanca: Francisco de Vitoria, Domingo de Soto, Pedro de Sotomayor, Mancio de Corpus Christi, Bartolomé de Medina y otros. La parte inferior era la que ocupaban los frailes en sus reuniones y donde se enterraban los demás religiosos. La techumbre, del s. XV, es un artesonado de madera muy sencillo.

  1. Capítulo nuevo

Se entra en esta sala por una puerta de estilo barroco, enmarcada por pilastras estriadas, arquitrabe, friso y cornisa, y rematada por un ático que contiene una hornacina con la escultura exenta de san Esteban (de Antonio de Paz). El interior es de traza similar a la Sacristía y se debe a los mismos arquitectos: Juan Moreno y Alonso Sardiña. La obra comenzó en 1627 y concluyó en 1634. Su mecenas fue Fray Iñigo de Brizuela, obispo de Segovia. En su estado actual resulta incompleta, pues falta la decoración proyectada.

  1. Escalera de Soto

Se llama así por haber sido costeada por Fray Domingo de Soto, gran teólogo y confesor de Carlos V. La obra se inició en 1553 y concluyó en 1556. El arquitecto fue Rodrigo Gil de Hontañón. A la belleza y grandiosidad de esta obra se une una técnica atrevida y revolucionaria: la novedad consiste en que el tramo inferior soporta a todos los demás, que no descargan su fuerza sobre los muros, sino que éstos contrarrestan su empuje. Es tal vez la primera que se construyó siguiendo esta técnica. Los tres tramos visibles están decorados a base de casetones floreados. En el último tramo, hacia el interior, puede apreciarse un relieve en piedra policromada que representa a santa María Magdalena, recostada, meditando sobre un libro y una calavera. La bóveda es de crucería, bastante plana, y arranca de ménsulas colocadas en las esquinas. Cada muro está decorado con medallones.

  1. Sacristía

Su mecenas fue Fray Pedro de Herrera, catedrático de la Universidad de Salamanca, prior del convento, obispo de Canarias, Tuy y Tarazona; en la parte izquierda se encuentra su estatua orante y enfrente su sepulcro. La obra se inició en 1627. En sus muros podemos apreciar los arcos embebidos, las pilastras estriadas con sus capiteles corintios, los frontones partidos, con frisos decorados con motivos vegetales, los pináculos rematados por bolas y los escudos del mecenas. El friso superior está formado por triglifos y metopas con alternancia de tarjetas y esculturas de alto relieve. Sobre una enorme y airosa cornisa descansa la bóveda de medio punto, con lunetos y profusamente decorada.

  1. Iglesia

Monumental recinto en forma de cruz latina, de una sola nave, majestuosa y muy luminosa. Sus dimensiones son de 84 m. de largo por 14,50 de ancho, 21 de alto en la nave y 44 en el cimborrio. Desde el crucero hasta los pies, la nave es de estilo gótico tardío, con arcos apuntados, pilares de baquetones y bóveda de crucería complicada; en cambio, el crucero, cimborrio y presbiterio son de estilo renacentista. El mecenas de la iglesia fue el cardenal Fray Juan Álvarez de Toledo, hijo de los segundos duques de Alba. La obra la comenzó Juan de Álava en 1524; luego pasó a Fray Martín de Santiago a quien sucedió Rodrigo Gil de Hontañón. En 1610 se inauguró con gran solemnidad.

El Retablo del altar mayor, concluido en 1693, es la obra más colosal de José de Churriguera. las grandiosas columnas salomónicas recubiertas de pámpanos y racimos forman un verdadero cortejo de luz dorada en torno al gran expositor central. Entre ellas hay dos estatuas: una de santo Domingo de Guzmán y la otra de san Francisco de Asís, ambas atribuidas al autor del retablo; como coronación de todo el conjunto podemos apreciar el cuadro de Claudio Coello que representa el martirio de san Esteban.

Los retablos laterales del crucero, también de estilo barroco, se deben a los discípulos inmediatos de José de Churriguera. En el retablo de la izquierda, dedicado a santo Domingo de Guzmán, hay una magnífica escultura del santo, obra de Salvador Carmona. El cuadro superior, que representa a santo Domingo y san Francisco en oración, se atribuye a Manuel Petit (o Piti), pintor salmantino de finales del s. XVII y principios del XVIII. Enfrente de este retablo hay un gran cuadro de la escuela de Rubens que representa a Jesús camino del calvario. El retablo de la capilla del Rosario es obra de José de Churriguera. La imagen de la Virgen del Rosario fue regalada por el papa Pío V. El gran fresco que está sobre el arco triunfal que cobija esta capilla, representa el misterio de la Coronación de la Virgen y es obra de Antonio de Villamor. El retablo de la derecha está dedicado a santo Tomás de Aquino; la escultura del santo es de José Larra Domínguez y los cuadros de Antonio Palomino. Enfrente de este altar hay un cuadro anónimo del s. XVII que representa la oración de Jesús en el huerto de Getsemaní; y al lado de la bella portada renacentista que da acceso al claustro de procesiones, dedicada a san José, hay otro gran cuadro, de estilo italiano, que representa el coloquio de Jesús con la Samaritana.

La ornamentación de las otras capillas laterales está sin terminar. En la que está dedicada a san Jacinto de Polonia, hacia la mitad del lado derecho, hay un sepulcro renacentista con una estatua yacente, que representa a López Fernández de Paz. Junto a ésta hay otra capilla que fue decorada por Antonio de Villamor, a principios del s. XVII, con escenas de la pasión. En ella puede apreciarse un calvario en madera policromada, de factura gótica y el confesonario donde se confesaba santa Teresa de Jesús. En la primera capilla del lado izquierdo hay una bellísima escultura, del s. XVI, de san Juan Bautista. Es muy interesante la Anunciación situada hacia la mitad de la nave, de columna a columna, obra de Fray Martín de Santiago.

El coro se halla asentado sobre un arco escarzano atrevidísimo, rematado por una pesada balaustrada de piedra. La sillería, obra de Alonso de Balbás (concluida en 1655), es de estilo clasicista. En la crestería y en las misericordias, que son las partes más decoradas, trabajó el tallista Juan de Mondravilla; a él se debe también el enorme facistol o atril que hay en medio del coro, pieza fantástica, no sólo por sus dimensiones, sino también por la ejecución de la talla. Lo más interesante del coro es el gran fresco de Antonio Palomino que representa a La Iglesia Militante y Triunfante (1705). La parte inferior está dedicada a la Iglesia militante, representada por una mujer vestida de pontifical que va montada en una carroza. A su lado está santo Tomás de Aquino; avanzando un poco más en la carroza están representadas simbólicamente las cuatro virtudes cardinales: la prudencia, la fortaleza, la templanza y la justicia; después vienen las tres virtudes teologales: la fe, la esperanza y el amor a Dios y a los hombres. Pisoteados por los caballos blancos y negros hay tres personajes que representan a la ignorancia, el error y la herejía. Bajo las ruedas de la carroza están representados por animales los siete pecados capitales: el oso (la ira), el avestruz (la gula), el pavo (la soberbia), el lobo (la avaricia), la cabra (la lujuria), el perro (la envidia) y la tortuga (la pereza). En la parte superior está representada la Iglesia Triunfante, presidida por la Trinidad; entre los numerosos santos destacan principalmente las figuras de la Virgen María, de santo Domingo de Guzmán, de san Esteban, de san Juan Bautista y de san Antonino de Florencia.