Don Miguel y el Tío Mateo de Masueco

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En mi segundo viaje soslayamos Masueco, al caer la tarde, en dirección a Aldeadávila, mas el primero fue mi centro de excursión y el primer pueblo de la Ribera a que llegué. Y lo cierto es que iba con impaciencia por dar vista al negrillo, que era, según el tío Mateo, nuestro guía, el primero de España, y tal vez del mundo, en corpulencia. No le iba muy en zaga el otro, colosal también, al que conoció de retoño el tío Mateo, haciéndole bambolear la cabeza como cuando juegan a las migas los muchachos. ¡Lo que son los árboles¡. Así crecen ellos, sin duelos, penas ni cuidados, ahondando sus raíces en la misma tierra que nacieron, mientras abren su copa al mismo cielo siempre, formando en el otoño con los despojos de su follaje el mantillo que les nutra de jugos, para reverdecer en primavera…

Don Miguel de Unamuno visitó las Arribes entre 1898 y 1902, entrando en la segunda ocasión por Masueco, donde fue invitado por el Tío Mateo a conocer los dos majestuosos negrillos, lo que da pie a Don Miguel a versar sobre la emigración arribeña a América, y en concreto de Masueco a Brasil. La ruta fue: Masueco, Aldeadávila de la Ribera, Santa Marina o Laverde donde está Santa Marina.

El Rector de Salamanca quiso dotar a este guía de la simbología de las gentes pobres de La Ribera de fines del s.XIX: el paisanaje típico, humilde y aislado en las Arribes, pero muy orgullosos de su herencia cultural y de la tierra.

No se conservan los dos negrillos de Masueco que eran de 1.820, pero sí un chopo populus nigra similar en Aldeadávila, junto a la Oficina de Turismo, centenario y plantado en 1898.

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Redacción
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