MACOTERA: Baco y la cuba de San Roque

- en Historia
Baco dios del vino - Macotera

La otra tarde, me tropecé en la mitología romana con el dios Baco, que, para los griegos, era Dioniso, dios del vino. Yo le había visto en la Historia del Arte, representado en un vaso ático con un cuerno con bebida y un racimo de uvas.  Salvando las distancias en las creencias y en los modales, Baco quedó prendido a todas las celebraciones y fiestas, que se celebran en el mundo. ¿En cuál de ellas no está presente el vino?

Yo diría que sin vino no hay fiesta. Ninguna fiesta, sea del corte que sea, no puede subsistir si el vino no figura como ingrediente. Por eso, en la fiesta de Macotera, se creó el aliciente de la cuba de san Roque. La creencia sustituyó a Baco por el santo Peregrino, pero es Baco el que está detrás en la trastienda.

De la cuba de san Roque, escribí algo en el “II Cuaderno macoterano” y que no está mal recordar en unas fechas, como las que vamos a festejar dentro de unos días.

La cuba de san Roque guardaba el caldo que iba a sazonar los acontecimientos e incidencias de la fiesta. Hay que escarbar en los años cincuenta del siglo pasado (XIX), para destapar sus orígenes. Allí, hemos hallado su creación, según nos ha contado un labrador de Macotera.

El propietario de la cuba era Manuel Mielero. La cuba tenía una capacidad de doscientos cántaros, ciento cincuenta limpios, pues la madre, que cuidaba del vino para que no se maleara, ocupaba la cuarta parte. La uva procedía de la Llaná y, según los entendidos, era la uva más rica en glucosa de todo el termino, incluso superaba a la de la célebre Marrá.  Se llenaba con el mosto de la primera pisá, que es el que encierra la salsa de la uva.

El vino era clarete, delgado, espumoso, despedía agujas y calmaba las ansias de los más delicados paladares. Así como el macoterano se aferra a su terruño, de igual modo, el vino se resiste a emigrar de tal manera, que, si al vino de Macotera, se le sacaba de su ambiente, de su bodega, se tornaba nostálgico y la morriña lo desvirtuaba.

La cuba se estrenaba el día de la Virgen. El encargado de preparar y vender el vino era el abuelo Pondera, quien recibía, por su menester, un real por cántaro. Se servía en pucheros, y su importe se pagaba en calderilla, que el abuelo Pondera introducía por la ranura de un arcón, bien cerrado con llave. No se abría el arcón hasta que no se agotaba el contenido de la cuba.

Las pandas de amigos se sentaban en la acera de la casa de la señora Servanda, (calle Peñaranda), y el recaudador de cada cuadrilla bajaba a buscar el puchero, por lo general, de media azumbre (un litro). Solía animar el trago una buena ensalada de pimientos de cuerno cabra, bravos, como la casta de los toros de Lesmes o Manuel Cosmes, la aceituna barranqueña o el puño de cacahuetes; también animaba las porfías y comentarios propios del momento.

Nos cuentan que, un año, apareció por san Roque el “Niño de la Blusa”, que, en sus tiempos de matador, figuró en los carteles de postín, con su nombre de pila, Vicente Pastor. Como era costumbre, bajó a la bodega con los amigos a echar unos tragos de la cuba de san Roque; y se notó, porque, en la corrida de la tarde, rubricó varios lances con la “media”, que se había apañado con los sorbos de la mañana, soñando entre las sábanas.

La cuba de san Roque solía durar un par de días. Era famosa en toda la comarca. Cuando empezaba a enflaquecer la espita, se reponía, pero no era lo mismo, pues los otros vinos de Macotera no podían competir con el mimado vino de la cuba de san Roque.

El ultimo Pondera, que la llenó y vendió, fue Cele, año 1956. La cuba se guardaba en la bodega de Manuel Mielero, lindera con la casa del señor Cayetano Sacristán, a la salida de la plaza Mayor.

0 0 votos
Valoración
Subscríbete
Notifícame sobre
0 Comentarios
Feedbacks en línea
Ver todos los comentarios