Macoteranos en Salamanca

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Gente Plaza Mayor de Salamanca

Cada año que pasa, comprobamos que la población de Macotera en Salamanca, va “in crescendo“; actualmente, sin dar cifras, somos casi una parte más que los paisanos que residen en el pueblo. Es un hecho que, en los últimos años, nos encontramos con más matrimonios jóvenes, conduciendo los cochecitos de sus niños por las calles de la ciudad, sobre todo, los domingos y festivos; se trata de parejas que los maridos tienen sus negocios y tareas en el pueblo, y las señoras trabajan en la ciudad, y han considerado, más apropiado, establecer su hogar aquí, y con vistas, también, a la futura educación de sus hijos. Siempre que se producen estos movimientos, entrañan, en esencia, una motivación, porque, si, en el pueblo, existiese una posibilidad de porvenir, de recursos y de condiciones plenas, la gente no se sentiría obligada a desprenderse de la cuna; pero esta situación y circunstancias se dan en todos los rincones del mundo, y han servido de acicate para mezclar culturas, experiencias y el progreso de los pueblos se acentúe en todos los ámbitos y rincones.

Si seguimos la estela de la motivación, muchos macoteranos se establecieron en la ciudad por razones profesionales y laborales; quien fue negociante, consideró, que favorecía su negocio, el convertir la ciudad en su centro de operaciones; quien no tenía futuro en el pueblo, la ciudad le brindó la posibilidad de encontrar un empleo; el padre, preocupado por la educación y por el porvenir de sus hijos, optó por adquirir un piso, que les sirviese de residencia, porque había que gestionar, con cordura, los recursos de la familia; y los menos, trasladaron su “hábitat” a la ciudad por capricho, por comodidad o por disponer de nuevos alicientes que colmasen sus inquietudes sociales y culturales; y, no podemos soslayar a los nuevos inquilinos ciudadanos, los que comparten el tiempo, a caballo, entre el pueblo y la ciudad, me refiero a los jubilados; estos señores pasan los fríos en la ciudad, y, cuando llegan los agobios del calor, prefieren las frescuras de las casas del pueblo, y estos no resisten la añoranza, y cada semana o quince días, se dan una vuelta por el pueblo a ver cómo anda la casa de polvo y de goteras, o al recetario de galeno.

Y es el momento de preguntarse a qué se dedica, de qué vive todo este colectivo de macoteranos, afincados en la capital de provincia. Y desde el atisbo, que nos ofrecen las circunstancias, hemos casi conseguido averiguar y situar a nuestros representantes en los distintos sectores profesionales de la ciudad y, a fe, podemos afirmar que quedan muy pocos, donde no tenga su puesto, su hueco, una macoterana o un macoterano. A través de este trabajo, hemos podido constatar que hay presencia macoterana en toda variedad del comercio: colchonería, tiendas de ultramarinos, supermercado, pollería y huevería, rama textil, serigrafía, bisutería, tabacalera, hostelería, en gestión, comunicación, turismo, asesoría agrícola-ganadera, e incluso, contamos con una notaría regentada por un macoterano, que conocí cuando preparaba la oposición, como vecino de casa; en el campo de la Educación, en el de la Sanidad, Farmacia y Parafarmacia, en el de la Administración pública y privada, en el de la seguridad local y carcelaria; en el de la Asistencia social; en el mundo eclesiástico; en el campo ganadero y del trato; en el de distribución de carne; y, sobre todos, en el de la jubilación.

A todos ellos, los hemos ido catalogando por profesiones, y bien merecen una atención por su seria labor y contribución al progreso y bienestar de la ciudad.

Eutimio Cuesta

Autor

Redacción
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