La Virgen de la Encina o Nuestra Señora de la Encina es la Patrona de Macotera y es venerada en dicha villa desde hace al menos quinientos años. Su fiesta se celebra el día 8 de septiembre, día de la Natividad de la Virgen, aunque es vestida también con el traje bordado en oro y ataviada con joyas el Domingo de Resurrección para la procesión del Encuentro con Jesús Resucitado y también el día 15 de agosto, Asunción de la Virgen. Además en Semana Santa acude a la procesión del Santo Entierro vestida de luto. En su fiesta de septiembre se celebra una novena que es muy concurrida en la que además se reza el rosario. El último día de la novena (el 8 de septiembre) se traslada a la Virgen de la iglesia parroquial (en donde permanece desde el primer día de la novena) a su ermita y durante esta procesión se canta el rosario. Al final de la procesión ya delante de la puerta de su ermita se canta una Salve y tiene lugar el intercambio de las varas de la mayordomía de Nuestra Señora de la Encina entre los mayordomos salientes y entrantes. Asisten a la Virgen durante el año ocho mayordomos que se encargan, además del mantenimiento de la ermita, de tocar la campana dos veces al día, una por la mañana y otra al atardecer, el toque de esta campana llama al rezo de una Salve a la Virgen de la Encina.
Las leyendas
Cuenta la leyenda que la Virgen de la Encina se apareció a unas esclavas en el lugar donde está la ermita y que ésta iba a luchar contra los moros. Un día la apresaron los moros y la cortaron las manos y la cabeza. Las esclavas que la acompañaban consiguieron estos restos y los trajeron a donde se les había aparecido.
Otra leyenda muy parecida a la anterior cuenta que la Virgen iba a luchar contra los moros en la época de la Reconquista y que un día los moros la apresaron y la cortaron las manos y la cabeza. Entonces sus sirvientas trajeron sus manos y su cabeza a Macotera y que aquí se les apareció en una encina.
Su imagen está compuesta de cabeza, manos y un entramado que le hace de cuerpo, esto está relacionado con otra leyenda que dice que si alguien viese su cuerpo se quedaría ciego.