CIUDAD RODRIGO: Conjuntos Históricos

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Aupada sobre un promontorio que domina las orillas del Águeda, Ciudad Rodrigo lleva la esencia de la frontera en sus venas. De hecho, no es sólo la razón de su existencia: es y ha sido, también, una forma de vida. Así se fue cuajando, con tesón y resistencia, un tesoro patrimonial que, a pesar de que resulte sorprendente, fue en el pasado mucho más grande aún que hoy. No en vano los envites de la invasión napoleónica, y sobre todo sus saqueos, hicieron mella importante en él.

El verraco de granito varado ante el castillo recuerda que Ciudad Rodrigo tiene una historia tan antigua como rica en acontecimientos. Los vetones encontraron en este promontorio lamido por el río un lugar idóneo, semejante a otros que pueden rastrearse muy cerca de aquí. Pero es a partir de la Edad Media, especialmente de la repoblación, cuando empieza a jugar un papel importante en el tablero de las conquistas fronterizas. Con los Reyes Católicos da inicio un periodo de esplendor que brillará con intensidad en el siglo XVI dejando un casco urbano plagado de palacios señoriales. De nuevo durante la Guerra de la Independencia Ciudad Rodrigo se convertirá en una pieza clave de la resistencia frente al ataque napoleónico, que dejará en la población un cúmulo de cicatrices muchas de ellas aún visibles sobre los muros de la ciudad.

De su casco histórico emerge como un gigante hermoso la catedral, contenedor de tesoros incalculables que durante la invasión napoleónica fue también polvorín y fortaleza. Sobre las paredes de su torre se ve con claridad el rastro de los bombazos. Pero el cogollo histórico de Ciudad Rodrigo da para un denso paseo en el que debería incluirse el rodeo completo a las murallas por su camino de ronda, visitar el Centro de lnterpretación de la Ruta de Fortificaciones de Frontera; pararse junto al mirador de la ribera del Águeda que hay al pie del castillo; llegarse hasta las iglesias de San Pedro y San Isidoro, la de San Agustín la de La Tercera Orden o la capilla de Cerralbo; disfrutar su plaza Mayor; y admirar la colección de palacios señoriales, sin dejar de asomarse al interior del palacio de los Águila.