Se la bautizó así por su forma. A poco de su inicio, se abre formando un cantón, al que desembocan las calles de La Leche y Retuerta. Si partimos de la plazuela de Santa Ana, la primera casa, con la que nos encontramos, pertenece al señor Francisco Sánchez y a la señora Isabel Campos Hernández, padres de Ángela, José Antonio, (casado con Nati la carnicera) y Pedro y que, después adquirió Ángel Santos para poner una ferretería y que su hija convirtió en vivienda. Da cara con la del señor Francisco Jiménez Albarrán, el tío Pondera, tabernero, casado con la señora Gregoria Martín, padres de Juan Francisco, Isabel, José Antonio, Pedro, Alfonsa, Celedonio y Emiliano. Esta casa la visitaba yo con frecuencia, bien a bañar al tío Pondera, que le afeitaba mi padre todos los viernes, bien a buscar la media azumbre de vino, que me mandaba mi madre.
Siempre que me servía el vino, la señora Gregoria me daba la pinta o me mandaba quitar la paja a la botella. Cuando
la señora Gregoria empezó a tener dificultades para bajar a la bodega, me pedía que bajase con el medio cántaro y lo llenase de la primera cuba, y me recomendaba que cerrase bien la espita. Y tenía la costumbre de darme dos huevos para la tortilla el lunes de aguas y la rosca. Esta costumbre la heredó su hija Alfonsa, quien, incluso, estando ya casado, me llevaba los dos huevos y la rosca hasta que la pobre nos dejó.
Lindera con la casa del señor Francisco y de la señora Isabel, se hallaba la casa del señor Pedro Cuesta García, Perines, lanero, y de la señora María Pérez, padres de Manuela, Lucas, Antonia, José Manuel y Antonio. Con las que más conviví, fue con la señora María y su hija Antonia, que se quedó con la casa de sus padres, y que hoy habita Antonio Méndez. Pared por medio de la casa del tío Pondera, se hallaba la vivienda del señor Manuel Jesús Blázquez Bautista y de la señora Benita Sánchez Alonso, padres de Francisco, Isabel y Ana María, que, después adquirió Ángel Santos hojalatero, donde edificó su vivienda y el almacén del trabajo.
Y me coloco en medio del cantón, me siento en el pretil del pilón, y me detengo en las tres casas, que componen el
rincón: la casa del señor Antonio Zaballos, Canín, y de la señora Ana Martín, padres de Agapito, Celestino y Juan Alonso; la casa de la señora Lucrecia Blanco, viuda, madre de Hipólito Vadillo Blanco, silletero, Isidoro y Simeón y la casa del señor Santiago Gutiérrez Hernández, Méndez, zapatero, y de la señora Alfonsa Horcajo Cosmes, padres de Luis, Mª Antonia y Catalina (hermana del Amor de Dios). Una vez libre esta vivienda, fue habitada por Antonio Blázquez, Seisdedos, y su mujer María Sánchez, padres de Teresa y Francisco. Estas tres casas fueron compradas por los Morenitos, donde construyeron una panera para su actividad lanera; hoy propiedad de Ramiro Martín. Y cierra el recinto del Cantón, por el costado izquierdo, la casa del señor Damián García Ralín y de la señora Margarita Martín, padres de Virgilio, Juan Antonio, Regina y Pedro, y la corraliza del señor Gabriel Coñita.
Y nos queda la cola del pez, que avanza escoltada por la case del señor Juan Antonio Blázquez Fraile y de la señora Irene Sánchez y Pedro, hijo de Juan Antonio. Y sigue esa línea con los corrales del señor Javier Pérez, Morroncho, donde se cebaron miles y miles de cochinos, que abastecían mercados y mataderos, sobre todo, de Extremadura; y la corraliza del señor Mateo Zaballos, Molleta, ganadero de vacuno, que servía de bueyes de labor a toda la Armuña, hombre muy apreciado por su seriedad. Recomendaba a los labradores armuñeses:
“Tú lo piensas, si no te vale, no te preocupes que para eso está Candelario y El Escorial”, donde llevaba el ganado de
carne”.
En una de sus paredes, figuraba una cartela pintada de cal, con el escudo de los dominicos y con esta frase:
“Patrem et Filium cum Santo Spíritu”, (MCMXXIII) (1923), que había pintado Pedro el Sucio, con el permiso de la señora Mª Teresa. Esta corraliza la compró José fontanero, para construir su mansión: Y finaliza con la vivienda del señor Ventura Cuesta Cuesta y de la señora Isabel Zaballos Zaballos, Barrigueta, hermana de Mateo, padres de Beatriz, Francisco, Fabián, Eulalia, María y Almudena. Vivienda que fue adquirida por los hijos de Roque Lauro y Mercedes; y la corraliza del tío Junquera, otro ganadero de postín, donde hoy los hermanos Lerma y su tío Manolo Piro tienen sus cocheras y descanso.
Y nos pasamos al otro costado de la cola del pez, que queda bordeado por las casas de Mariano Hernández, natural de Gata, legionario, con tres condecoraciones, se recuperó de sus heridas de guerra en el hospital militar de Santa Ana, casado con Felicidad Guerras, padres de Regino, Mariano, Pedro y Antolina, en ella, Ramiro Martín edificó su hogar familiar; la casa del señor Pedro Bueno Jardines, casado con la señora Catalina Jiménez, padres de Teresa, Juan, Encarnación, Catalina, Ana Mª y Pedro y la casa de Pablo Zaballos Pascualín, casado con Antonia García, padres de Germán, Demetria (+), Fernando y Teresa, hoy convertida en cochera. Avanzamos y dejamos las portás de la casa del señor Antonio Gabrueluco, y actualmente, la trasera de la casa de Jerónimo Sánchez.
Y cruzamos la calle de la Cuesta, y cerramos la cola del pez con la casa del señor José Manuel Sánchez, esposo de la
señora Lucía Zaballos Quesca. No llegué a conocer al señor José Manuel, pero sí a la señora Lucía y a sus hijos, Teresa, Francisco, Beatriz, Alonso y Esmeralda. Residencia hoy de Rita Madrigal. Y el pozo de Juan Rey, bifurca la aleta en dos partes: la más pequeña escoltada por el corral del tío Junquera, y la grande por las casas de María y Agustina Hernández, carniceras, la de la señora Agustina Sánchez García, Cabra, y, pasando la calle Cifuentes, la casa y el horno del señor Lucio Izquierdo y de la señora María Antonia Bueno, padres de Ramona, Pedro, Juan y Lucio. Y, seguido los corrales del señor Manuel Hernández Barriles, donde se criaron y engordaron miles y miles de corderos y cerdos, y finaliza la vereda con el almacén de Segismundo García Morenito, yerno de Manuel, donde se desarrolló una gran actividad lanera. De esta riqueza económica y laboral floreciente del pueblo, solo quedan los edificios, que, poco a poco, se van cayendo a pedazos.
Boletín informativo: Asociación Cultural «Amigos de Macotera», nº 200.