- Una empresa australiana pretendió hacer negocio en la comarca de Retortillo con la extracción de uranio que habría dejado en la ruina a todo el Campo Charro. Pero la empresa, Berkley, salió escaldada de esta tierra ante el rechazo unánime de la población. En el Rebollar y la sierra de Gata, otras empresas australianas, con tapadera ibérica de Valencia, pretenden clavar sus fauces sobre este valioso espacio natural. Intentan explotar minas a cielo abierto de materiales utilizados en la (mal) llamada transición energética, entre ellos el litio (llamado “oro blanco”) y en su caso “coltán”, imprescindible en muchos aparatos electrónicos.
Varias empresas pretenden abrir minas en los valiosos hábitats de Villasrubias, El Payo, Navasfrías y varios pueblos de la Sierra de Gata extremeña (distintos proyectos mineros).
La minería a cielo abierto necesita voladuras de hasta mil toneladas de roca para extraer 200 kilogramos de mineral útil (200 partes por millón afirman). Ello supone barrer literalmente del mapa decenas de kilómetros cuadrados, dejando enormes cuadrículas de varios kilómetros de largo por ancho, y centenares metros de profundidad. Todo ello a base de explosiones similares a las de una guerra convencional, el vertido al medio de químicos muy tóxicos que van a los acuíferos y la desaparición de las fuentes de agua de la comarca.
Las explosiones y movimientos de rocas y tierras en gigantescas proporciones, provocarían enormes cantidades de polvo en suspensión que se desplazarían bastantes km hacia los pueblos de Villasrubias, El Payo, Navasfrías, Peñaparda e incluso Robleda. Se trata de un “polvillo” tóxico con elementos químicos pesados que son absorbidos por los seres humanos, el ganado y la fauna salvaje. Esto pone en peligro la vida en los pueblos y ahuyenta a los visitantes que buscan espacios sanos, naturales y bien conservados.
Las empresas mineras adquieren enormes captaciones de agua y tienen prioridad sobre otros usos como el consumo humano, ganadería y riegos, lo que provocaría escasez de agua de calidad para consumo humano y para las explotaciones ganaderas.
En las construcciones cercanas a las minas se producen graves vibraciones y desperfectos en las paredes y las empresas no se harían cargo de repararlas.
La minería a cielo abierto, excava cuadrículas de varios centenares de metros o km de largo y ancho y varios centenares de metros de profundidad. Una vez abandonada la mina, sólo queda un hoyo enorme con roca madre inservible de por vida para la ganadería o su explotación forestal y escombreras.
Se pierden irreversiblemente ecosistemas naturales que son nuestro patrimonio natural y un reclamo para el turismo rural y de calidad, con pérdida de recursos naturales, paisajísticos, micológicos y cotos de caza. Lo que supondría una reducción de visitantes para la hostelería y otros negocios.
Inversores extranjeros pretenden repetir la historia del colonialismo del siglo XIX en nuestro país, mientras las autoridades se limitan a colaborar con el saqueo y la destrucción de nuestros recursos naturales, dejando en la ruina nuestras vidas y haciendas permitiendo que nos convirtamos en zona de sacrificio.
Por fortuna, en ambos lados de la sierra de la sierra, en el Rebollar y Sierra de Gata, la población no es incauta y está organizándose para decir NO a la ruina y destrucción de nuestra tierra y recursos naturales y apuesta por un modelo sostenible, en equilibrio con la naturaleza, que es la que nos procura el sustento.
Desde los colectivos ecologistas como el Comité Antinuclear y Ecologista de Salamanca damos todo nuestro apoyo a la ciudadanía consciente y responsable que está empezando a decir NO a esta amenaza provocada por inversores codiciosos. ¡Indignémonos y pongámonos a trabajar por un futuro digno! ¡Contra las minas y por una salida sostenible para nuestra tierra!
Firmado: Comité Antimuclear y ecologista