Cuidarnos para cuidar

- en Salud

Creo que llega un momento en nuestra vida que nos damos cuenta de lo rápido que pasa el tiempo.

Cuando somos pequeñas, nos da la sensación que todo a nuestro alrededor va a cámara lenta, a paso de tortuga. Como si una confabulación judeo-masónica se hubiese puesto en nuestra contra y no dejara que nos hiciéramos mayores.

Cuando vamos cumpliendo años, empezamos a ser conscientes de que, en ocasiones, el tiempo (y, en consecuencia, la vida) se nos va deslizando entre los dedos, como si fuese arena fina de playa que fuésemos incapaces de retener en nuestras manos.

Es en ese momento, deseando que no sea demasiado tarde, cuando empezamos a atesorar momentos con quienes queremos y con nosotras mismas.

Quizás seamos conscientes de lo efímero que es el tiempo y de que nos detenemos en nimiedades, dejando de lado lo verdaderamente importante.

Y, de pronto, nos vemos siendo la persona que cuida.

¿En qué momento se cambiaron los papeles?

¿Cuándo hemos perdido la inocencia y hemos dejado de tener unos brazos que nos sostenían para pasar a ser brazos que sostienen?

En muchos momentos, aunque nos quieran seguir manteniendo, es inevitable que pasemos nosotras a sujetar esos brazos que, en tantas ocasiones, nos han acompañado para avanzar, nos han abrazado de alegría o para darnos ánimos o han aparecido de la nada en el momento oportuno.

Llegamos a ese momento de la vida en el que, lo queramos a o no, nos toca tomar decisiones que nos duelen y nos hacen sentir malas personas porque pensamos que estamos abandonando a las personas a las que amamos por encima de todas las cosas. Pero, ahí, tenemos que darnos cuenta que estamos realizando el mayor acto de amor posible al poner encima de la mesa que precisamos ayuda para seguir cuidando y protegiendo. Porque no es un acto de egoísmo, sino que es un acto de amor el saber detectar cuáles son nuestros límites y que necesitamos ayuda para cuidar.

Es más, necesitamos cuidarnos para poder cuidar mejor.

 

Recomendación literaria: “La librería de Monsieur Picquier” de Marc Roger