El calvario de Georgina, la primera indígena transgénero de la comunidad Wayúu

- en Sociedad

La comunidad Wayúu se sitúa en la Península de la Guajira, sobre el mar Caribe, entre Colombia y Venezuela. Uribia se considera la capital indígena colombiana. Allí vive Georgina, una mujer transgénero que ha vivido luchando por conseguir el reconocimiento de su identidad y de sus derechos por parte de la tribu y de su propia familia.

La etnia Wayúu es uno de los pueblos ancestrales más importantes del Caribe Colombiano. Siempre ha estado fuertemente ligado a sus tradiciones, por lo que el haber roto con ellas y haber buscado su aceptación fue un reto casi imposible para Georgina, y, que a día de hoy, no ha sido conseguido en su totalidad. Para ellos, el sentimiento de nuestra protagonista era algo indeseable, incluso un castigo de los dioses.

Ella nació en la primera mitad del siglo pasado, donde la sexualidad diversa aún no tenía cabida, y menos dentro de una tribu tan conservadora con sus tradiciones. Recuerda, desde sus cinco años, sentirse atraída por los niños.  «Desde que era niño sabía que era diferente, que algo no guardaba relación con lo que debía ser y cómo me sentía, pero me mantuve fuerte y no fue fácil entender todo eso. Llegó un momento en el que los comentarios ya no me hacían daño, el tiempo formó una costra en mí», explicaba Georgina en una entrevista de la revista venezolana El Heraldo.

Su primer acto de valentía y rebeldía sucedió en la década de los cincuenta, cuando ella era adolescente. Decidió salir a pasear por su pueblo vestida con una manta guajira típica de las mujeres wayúus. Desde entonces, Georgina vivió rodeada de violencia y discriminación por parte de su tribu y de su familia, que incluso llegó a amenazarla de muerte. «En la comunidad me amenazaron con que si no salía de la ranchería, me quemarían viva. Yo estaba durmiendo cuando llegaron y quemaron la casa conmigo dentro. Les he perdonado y no les guardo rencor, pero si lo vuelven a hacer no me quedaré quieta». 

Toda esta situación obligó a la mujer a huir al desierto guajiro, a cinco kilómetros de Uribia, donde aún a día de hoy, vive sola en una humilde casa y con la compañía de cinco gallinas. «Llegué a estar apartada, casi desterrada, por lo que preferí huir. Me acostumbré a estar sola la mayor parte del tiempo». 

Pero con el paso del tiempo, la tribu ha comenzado a aceptar su identidad. Para la etnia wayúu, el rol de la mujer servía para la atención del hogar, la crianza de los hijos y la resolución de conflictos, tanto dentro como fuera de la familia. Las mujeres son consejeras, portadoras de sabiduría y dueñas de la preservación de la cultura.

La historia de Georgina ha sido muy jugosa para muchos medios. La mujer habla del problema de los «alijuna» (los no indígenas), que llegan a su hogar prometiendo ayudas económicas para mejorar su casa, a cambio de sus palabras. Pero al final todo se queda en una mentira. Además, su vida atrae a muchos forasteros, algo que no gusta dentro de la tribu, porque sienten amenazadas sus tierras sagradas.

También es una historia de ejemplo y de superación para Caribe Afirmativo, una ONG que lucha por defender los derechos LGTBI del territorio.

Existe un documental sobre sus vivencias llamado «Dos espíritus».

A día de hoy, Georgina tiene más de ochenta años, y ha logrado reconciliar la tradición ancestral de su comunidad, con la idea de género y las identidades diversas.

 

Autor

Grado de Comunicación Audiovisual por la Universidad de Salamanca, Máster de Comunicación y Periodismo por la Universidad de Santiago de Compostela.
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