Un castillo de naipes, así es el mundo hoy, una locura desatada que a pesar de estar aquí, obliga a estar allí. Salvo hoy, porque hoy, hay que estar. De nuevo la ciudad sale del torridísimo verano que ha obligado a ensevillarse, y salir solo para estar en remojo. Los carteles de la feria sentaron como un abaniqueo directo al corazón de los aficionados que hoy ya ocupan su sitio, y se defienden, simplemente estando.
Ni se plantean qué hacen aquí, ni por qué. Y yo digo, pa’ qué. Que olviden la aprobación popular, y el qué dirán. Que tiren el salvavidas y naden hasta el final. Que doblen la página, miren al frente y no haya más que el espectáculo de la vida, el total. Su mundo hoy es este, y da igual el de más allá. Pestañear es caro, y hacer un alto en el camino, todavía más. Parar solo para quitar el albal, descorchar la bota, y brindar. Que vuelen los capotes, que sueñen las muñecas, y se arrastren las muletas.
Vivir, una vez más.
Juan José Diez. Revista Lances de pluma y pincel – 10 de septiembre de 2022.