Remedios caseros

- en Toros

Despertar una mañana de domingo de ferias nunca es fácil, ahí, la sed aprieta y el cansancio abrasa. Consecuencia de exprimir una ciudad que, como dice mi Colmenero, “hace quitar la montera”. En cualquier otra época, se aprovecha para dar un paseo y desquitarse de los males que provocan los malditos hielos. Pero esta vez el sol recuerda que todavía es verano, y en verano, los días son para vivirlos, y, dicho está, durmiendo no se aprende nada. Es mucho mejor refrescarse en agua tibia, destapar la colonia de los días grandes, enfundarse una guayabera, y salir a la calle pisando por castellanos una penúltima vez en la misma dirección.

Con la parsimonia de seguir respirando la pasión preconcebida ante una tarde muy lejos de oler a despedida. Por un momento, es fácil olvidar la fatiga, que desaparece de un chasquido cuando el murmullo inunda el ambiente. Consigues avanzar en la cola para pedir que no te rompan demasiado la entrada, que es tarde de guardar. Están los del pueblo, los del trabajo, y hasta los de la universidad. Agobio inicial para sentarse, por apurar un cigarro o alargar un Larios más. Pero da igual, porque Morante esperará al cuarto, borrará las ojeras y activará los sueños. Y es que, estando el de la Puebla, ¿quién quiere un Ibuprofeno?

Juan José Diez – Revista Lances de pluma y pincel – 21 de septiembre de 2022

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