A falta de París, el nuevo libro de la escritora salmantina Esther Sánchez

- en Cultura
Esther Sánchez

Ficha técnica

  • Autor: Esther Sánchez
  • Editorial: La equilibrista
  • Año de Edición: 2021
  • Idioma: Español
  • Nº Páginas: 128
  • ISBN: 9788418212673
  • Formato: Papel / e-book
  • PVP: 15 €

Sinopsis

A falta de París es una colección de relatos cortos cuyas tramas giran en torno a las relaciones emocionales. Desde una perspectiva psicológica quirúrgica, los personajes tanto femeninos como masculinos de estos cuentos ahondan en las problemáticas asociadas al sentimiento amoroso. El paso del tiempo, la melancolía, las derivadas sexuales y la imposibilidad lacaniana de acceder al objeto de deseo orbitan como mantras en el interior de este libro, escrito con un estilo exquisito y con una precisión tal que pareciera que está hurgando en nuestras propias vísceras, dibujando y desdibujando nuestros propios deseos, nuestras vivencias, hasta el punto de sentirnos observados desde las esquinas de cada una de sus páginas.

Sobre la autora

Esther Sánchez nació en Salamanca en 1974, se formó en la Universidad de Salamanca y desarrolla su labor profesional en el ámbito de la asesoría de empresas. Ávida lectora desde pequeña se considera influenciada por autores muy diversos, desde Philip Roth o Michel Houellebecq a Marguerite Duras y Marguerite Yourcenar, pasando por Jorge Luis Borges, Julio Cortázar, Fernando Pessoa o Alejandra Pizarnik

Sobre este libro se ha dicho

«La profundidad psicológica de los relatos de Esther Sánchez asusta. Asusta y cautiva. En una simbiosis casi imposible, la autora une distanciamiento y cercanía, emoción oculta en la reflexión e inteligencia excepcional en el modo de estructurar y de asaltar la sensibilidad del lector. Todo ello se induce y deduce de los extraordinarios relatos de A falta de París, un libro audaz y sorprendente, donde la dialéctica de la vida y de las relaciones humanas, parejas y amores, e incluso relaciones intra-personales con uno mismo, aflora con precisión, exactitud y originalidad en la forma, por medio de un lenguaje sintético pero de gran riqueza conceptual en todas sus páginas.

A falta de París no es un libro más de relatos. No es un ejercicio de autor, autora en este caso, aunque también lo es. Relatos quirúrgicos desde una perspectiva psicológica nos advierte la contraportada y es una buena definición de inicio. Un punto de partida clasificatorio de algo que no podemos clasificar porque cada dos por tres, de improviso, encontramos unas líneas que nos atan a la lectura y nos dejan sin aliento. Porque siempre nos deja sin aliento aquello que hemos vivido o pensado cuando lo observamos, lo leemos reflejado de un modo impactante. Eso es lo que hacen los grandes libros: nos dejan mirar en nuestro interior alternando la oscuridad y la claridad de los hechos vividos o imaginados como en espejo de palabras escritas.

Todo es introspección con alas en A falta de París. Un recorrido que hace escuela porque toda escuela nace de la originalidad de la percepción y la singularidad de la expresión y la mirada. La de la autora, la de Esther Sánchez, es de una calidad literaria y un estilo personal que solo los grandes consiguen en sus primeras obras. Esta es de las primeras y del más alto nivel. Un libro de altura y que, sin embargo nos llega como un dardo y circula por dentro de todos los que tengan la suerte de descubrirlo. Un libro de valor y, además, valiente y rompedor de esquemas preconcebidos, que nos revuelve un poquito lo asentado, lo dado por sabido. Un libro imprescindible para aquellos que aman la buena literatura enraizada en la vidaLa mirada actual

Entrevista a la autora

¿Qué tienen en común los cuarenta y tres relatos que componen el libro?

Tienen en común el tema de fondo, las relaciones sentimentales, su búsqueda, su evolución o degeneración, su efecto transformador en los individuos. Además de la temática, también tienen en común que todas son narraciones cortas. Por lo demás, cada relato tiene distinto tono y están construidos con técnicas literarias muy diferentes. En cuanto a la forma, son muy diversos.

¿Por qué relatos cortos? ¿Es más fácil impactar con las narraciones breves?

Puede que sí, que sea más fácil impactar con pocas palabras, pero, desde luego, requiere mucha precisión y mucho trabajo en los textos. Hasta llegar a una síntesis tal se realizan muchas revisiones. En mi caso, lo del relato corto es más bien debido a mi disponibilidad de tiempo para dedicar a escribir. Una narración larga requiere una continuidad y una concentración de la que yo no puedo disponer en la actualidad. La narración corta requiere también mucha dedicación, pero puede hacerse a intervalos espaciados, puede retomarse tras meses. La construcción de una narración larga no puede interrumpirse sin que la obra se resienta. Yo soy yo y mis circunstancias, decía Ortega y Gasset, y a ello estoy supeditada.

Los relatos tratan de las relaciones de pareja, como hemos dicho, pero no de la parte amable de las mismas. ¿Buscas provocar? ¿Generar malestar en el lector? Escribir buscando una finalidad concreta resta vida a los textos. Mata lo que de literario pueda haber en ellos. Por definición no sería literatura, sería otra cosa, propaganda, ideología, divulgación, otra cosa… Tú puedes escribir sabiendo lo que quieres transmitir, pero no buscando una reacción concreta en quién lo leerá. Eso es demasiado presuntuoso. El texto conmoverá más en la medida en que el lector se sienta identificado con algo de la narración, eso es imprevisible.

Puede que una lectura superficial, un vistazo rápido al libro, por su lenguaje, produzca esa sensación, de provocación, pero incomodar no es la finalidad. Más bien creo que en los relatos se llama a las cosas por su nombre y eso no siempre gusta, sobre todo para quien entiende la lectura como algo lúdico y busca pasar un rato agradable. Para eso hay muchos libros en el mercado, pero este no se ajusta mucho a ese perfil.

Si tuviera que definir lo que el libro transmite, en conjunto, sería escepticismo en cuanto a las relaciones de pareja. ¿No siempre hay amor?

La realidad es que no siempre hay amor. La realidad es que muchas veces no lo hay. La realidad es que hay gente que identifica el amor con necesidades, deseos, obsesiones… un sinfín de cosas. La realidad es que las relaciones están motivadas por sentimientos y carencias muy dispares, tanto en su nacimiento como a lo largo de su desarrollo. Al final es como un acuerdo, un equilibrio, un juego de compensaciones, en esos casos, lo importante, es que haya respeto y que cada parte vea cubiertas sus expectativa Todos necesitamos sentirnos valorados en algún sentido.
¿Escepticismo? No sé. ¿Las relaciones son lo que son o son en lo que se acaban convirtiendo? Es injusto que al final de las relaciones solo nos quedemos con lo negativo. Hay algo dinámico entre las relaciones que tenemos y lo que somos, nos constituyen como individuos. Deberíamos ser más generosos con la forma en que interpretamos nuestras experiencias pasadas. Quizá no somos los que fuimos, pero eso no es necesariamente malo. Es natural cambiar. Deberíamos valorar más lo que ciertas experiencias y relaciones nos proporcionaron.

Parece que en algunos relatos se quiere poner de manifiesto cierta violencia.

Hay una especie de violencia en la cotidianidad de las relaciones desde el momento en que existe una manipulación y una asimetría. No hablo de una violencia física, de un abuso en el pleno significado del término, a veces la manipulación es en el sentido contrario, viene desde el victimismo. Y no es cuestión de géneros. Se tiende a mirar a otro lado. A mantener intacto lo innombrable, quizá por miedo a que la situación vaya a peor. Nosotros mismos miramos a otro lado en relación a lo nuestro. Los relatos no tratan de grandes tragedias entendidas como es habitual. Pero la infelicidad y, sobre todo, la resignación, es la pequeña-gran tragedia de la vida de cada uno de nosotros. Lo estamos viendo claramente con esta situación de pandemia que ya se alarga más de un año, con qué facilidad normalizamos situaciones totalmente surrealistas y las incorporamos a nuestra vida. Somos adaptativos por naturaleza y por necesidad, pero eso no impide que pensemos en ello. Aunque no tomemos medidas, al menos ser conscientes, permanecer en la extrañeza. Lo contrario es enfermizo.

¿París?

París es una metáfora, como digo en el libro. El amor otra. No tiene el mismo significado para todos. Llámalo París o llámalo equis. A falta de París, a falta de esa relación idílica que todos tenemos en algún momento como meta, nos vamos conformando con la realidad, con la vida, con sus demandas y sus decepciones. A falta de París, tratamos de protegernos de la infelicidad con lo que tenemos a mano. De eso va el libro, de realidades, aunque haya quien no quiera que le pongan delante de forma tan cruda la situación. No hay mucho lirismo ni floritura en el libro, ni en sentido literal ni en el contenido, los relatos son bastante sintéticos y el lenguaje también. Esta forma de narrar creo que resulta eficaz para transmitir estados de ánimo, que es lo que trato de hacer. Las implicaciones de la situación y las interpretaciones serán las de cada lector.

Todo parece muy verídico en el libro.

No me engancha la fantasía, ni las distopías, aunque tienen mucho mercado y es muy respetable. Bastante increíble es la vida. Bastante complejo es el ser humano. Me interesa más escribir sobre realidad, lo que no quiere decir que todo sea verídico, a veces tratar de plasmar sucesos ocurridos en la realidad le quita verosimilitud a la narración. Las herramientas y las técnicas literarias permiten que lo relatado resulte verosímil, lo que no implica que sea verídico. Eso es cuestión de habilidad del escritor, de trabajar mucho los textos, de precisión.

¿Cómo se aprende a escribir así?

Leyendo. Siempre. Mucho. De todo. Leyendo.