El papel reivindicativo de los personajes femeninos de Almodóvar

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Nos guste o no, todos hemos visto alguna película de Pedro Almodóvar y sabemos que su estilo es un tanto peculiar. Al haber convivido en el mismo contexto de la movida madrileña, el director se sirve directamente de este movimiento contracultural para la creación de sus obras alocadas, diferentes, juveniles, llenas de conciertos, discotecas y bares alternativos; añadiendo componentes como la música, el baile o las drogas.

Hoy vamos a hablar del estilo de los personajes en los que el autor se basa a la hora de producir sus filmes.

Se podría decir que estas personalidades suelen ser muy barrocas y explosivas, con un carácter que invita a la reflexión y que hace que el cine del Almodóvar sea cada vez más complejo. El director manchego es exigente consigo mismo, se encuentra en una evolución constante e intenta innovar sin perder su esencia más profunda. Desde sus inicios, Almodóvar ha querido reflejar en sus películas y diálogos su propio mundo y vivencias, un mundo cada vez más íntimo: «me escondo detrás de cada uno de mis personajes. Todos me representan, pero no hay ninguno que sea precisamente mi autorretrato». 

Además, cabe destacar también que el director repite actores y actrices para desempeñar los personajes de sus películas. Por ejemplo, Penélope Cruz aparece en Volver, Todo sobre mi madre o Los abrazos rotos, entre otras.

Algo habitual es la presencia de personajes alejados de los estereotipos de ambos géneros para representar identidades sexuales elegidas. Homosexuales, drag queens, travestis o transexuales tienen en común la anteposición de su opción sexual a los condicionantes sociales o naturales. Debemos añadir que en muchas de sus obras los límites de la sexualidad y el género no aparecen claramente delimitados.

En el cine de Almodóvar cobran importancia las figuras femeninas, dejando en un segundo plano a las masculinas. La personalidad de la mujer es un elemento siempre presente e indispensable en las obras cinematográficas del manchego. La fémina es vista como una persona luchadora y fuerte, incluso llegando a ser la heroína de la trama. Esto es una característica importante que diferencia a Almodóvar de otros directores, pues la figura de la mujer como protagonista ha sido y es poco común debido a temas de discriminación (tradicionalmente, el personaje femenino en el cine se presentaba como aquello que representaba para el hombre, no por lo que verdaderamente significaba).

Sus historias siempre giran en torno a  las vivencias o reflexiones de estas protagonistas. Son mujeres independientes, muchas veces con apariencia moderna. El director huye de los estereotipos, aunque por otro lado, también presenta rasgos típicos como el de la concepción de la mujer dulce y tierna o el de la femme fatale. 

Muchas veces aparecen las tres generaciones de la figura femenina, con el rol de abuela, madre e hija. Tienen personalidades muy naturales, son apasionadas en el amor, amigas de sus amigas y muy familiares. Son «personajes marcadas y descritas por las circunstancias que les ha tocado vivir». 

La figura de la madre siempre está representada dentro de un seno familiar derruido debido a la ausencia paternal, ya sea por su abandono o por su muerte. No obstante, la maternidad será siempre el resultado de la reivindicación de la mujer. En las creaciones del autor, la madre toma un valor arquetípico.

Los títulos de alguna de sus producciones en las que ha destacado el papel de madre son ¿Qué he hecho yo para merecer esto? (1984), Mujeres al borde de un ataque de nervios (1988), Tacones lejanos (1991) o La flor de mi secreto (1995).

 

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